Storm Breaker (Stormbreaker 1) Capítulo 68 #2
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Capítulo 68 #2

Sin embargo, aquí plantada, observando cómo me ignora, entiendo qué poco de todo eso me perteneció jamás.

Rook Athira.

Ni siquiera sé si se llama así.

Apareció de la nada. Sin pasado. Sin historia.

Y, por lo que parece, con un futuro del que no formo parte.

Mientras sigue revisando las habitaciones, bajando a otra planta, es evidente que tiene una misión. Y que la tenía planeada desde el principio.

Veo cómo va de un sitio a otro. Observo las pantallas y me pregunto si puedo ver lo que hay dentro de las habitaciones, pero no me muestran nada, solo los pasillos. Sopeso enviarle otro mensaje, pero no sé si me queda estómago para aceptar cómo me vuelve a ignorar.

Sabe dónde estoy, así que… ¿qué está haciendo? ¿Qué planea Rook?

¿Estamos en peligro Edward y yo?

—¡Poet! —me sisea Edward desde la otra estancia—. Ven a ver esto.

Me quedo mirando fijamente a la pantalla durante un instante más y luego me dirijo hacia Edward trastabillando.

—¿Ha habido suerte?

—Sigo trabajando para acceder a los archivos de la investigación, pero he encontrado esto.

Mi mirada se dispara hacia su posición delante de un teclado, con las mejillas perfiladas por el resplandor blanco de la pantalla a un lado, y por los vertiginosos nubarrones carmesí al otro.

Entonces, señala las pantallas de televisión que hay a mi espalda.

La pared se ilumina con un vídeo de baja resolución en blanco y negro que muestra una escena multiplicada una decena de veces. Me acerco de puntillas y lo miro todo lo cerca que puedo.

Solo tardo un instante en comprender que es una transmisión de vídeo de una de las torres de tormenta que rodean la ciudad. Me quedo boquiabierta cuando diviso a Raine luchando mano a mano contra un solitario.

Hay decenas de ellos. Los quiebratormentas y los solitarios están enzarzados en una violenta refriega. No obstante, no puedo dejar de mirar a mi hermano. Extiendo el brazo para tocarlo y hago un gesto de dolor cuando una descarga eléctrica me sacude la yema del dedo.

A pesar de su evidente angustia, no puedo sino disfrutar este atisbo que tengo de él. Lo echo muchísimo de menos.

Irrumpen en escena más solitarios, portando armas de fabricación casera y superando en número a los guardias.

Y entonces lo veo a él.

A Rook.

Unos años más joven. Más delgado. Con menos músculos.

El pelo un poco más corto, pero no me cabe duda de que es él.

Está enfrascado en una pelea con un quiebratormentas, y ahora entiendo por qué siempre era tan bueno en el tatami.

Por qué nos superó a todos con facilidad en el examen final de cadetes.

Rook Athira nunca fue quien dijo ser.

No sé dónde mirar.

Mi mirada salta de Rook a mi hermano. Estaba allí aquella noche. Él estaba allí la noche en que murió Raine.

El cielo se ilumina con nubarrones en escala de grises mientras la batalla continúa.

Me acerco aún más, con la nariz casi pegada a la pantalla curva y el pecho agitado por los restos abrasadores de las mentiras de Rook.

La centella explota desde los cielos y forma varios arcos de plasma que arrasan la mitad de la escena. La grabación no tiene sonido, pero me imagino los gritos. Por los lados entra y sale más gente. Apenas puedo distinguir lo que pasa a través del vertiginoso flujo de cuerpos.

Entonces alcanzan a Raine.

Se produce una descarga de centella al mismo tiempo que un solitario lo derriba de un golpe.

No obstante, ambos salen ilesos del arco de plasma. Otro centinela. Raine sale volando por los aires, aterriza en el suelo y las chispas bailotean por su pelo y su ropa.

Tardo un instante en darme cuenta de que los solitarios han huido, dejando atrás solo un círculo de quiebratormentas. Observo a un guardia que se incorpora y camina hacia Raine, donde se queda mirando el cuerpo inerte de mi hermano, aún brillando por la centella.

Saben lo que es.

El guardia levanta la vista y empieza a gritar algo.

Ojalá pudiera meterme en la pantalla y unirme a ese momento.

¿Qué sucede después?

El pecho de Raine sube y baja mientras el viento le revuelve el pelo.

Durante varios minutos no ocurre nada, mientras el guardia permanece junto a Raine, apuntando a la cabeza de mi hermano con un aturdidor. Poco a poco encajo las piezas de lo que debe estar pasando.

Han llamado a los extinguidores para que se lleven a Raine.

Me arde el estómago; el miedo me hace un nudo en las entrañas.

Un momento después, el guardia se cuadra con una postura recta mientras saluda a alguien fuera de cámara.

Entra en la escena una persona, pero no es quien espero.

La general Sol se acerca con pasos seguros y se queda junto al cuerpo de Raine.

Le da una patadita a su bota y él se remueve, pestañeando.

No está muerto, solo inconsciente.

—Raine —susurro, tocando la pantalla.

La general le hace un gesto a alguien, y luego aparecen dos de sus guardias del círculo.

Uno se acerca al guardia que estaba vigilando a Raine y le dispara en el estómago, matándolo al instante.

Ahogo un grito y me tapo la boca mientras la general se agacha y huele las chispas que se aferran al cuerpo de mi hermano.

Cuando ha acabado, asiente, y sus guardias lo cogen de las muñecas y de los tobillos y se lo llevan. La general se queda mirando el punto en el que estaba tendido y después mira al cielo y a las nubes ondulantes, que emiten destellos de luz.

Un instante después, también se aleja.

Se corta la transmisión, y permanezco con los ojos fijos en la pantalla en blanco, intentando comprender todo lo que acabo de presenciar.

La cabeza me da vueltas, un repentino mareo hace que me tropiece con la pared. Apoyo una mano en ella, dejando que me sostenga mientras mis piernas amenazan con rendirse. Mi hermano no estaba muerto. Los solitarios no se llevaron su cuerpo.

La general sabía lo que era, y fue ella quien se lo llevó. ¿Por qué no llamó a los extinguidores?

Nunca fueron los solitarios.

Y Rook…

Rook, que mintió sobre las intenciones que tenía hoy, estaba allí la noche en que se llevaron a mi hermano.

En ese momento, se abre la puerta de golpe, entra un guardia del círculo y nos apunta con su aturdidor.

—¡Manos arriba! —grita.