Capítulo 67
D e inmediato, empiezo a deslizarme hacia el escenario, atraída por la fuerza gravitatoria que ejercen mi madre y mi padre sobre mí.
Mi madre tiene un aspecto regio con un vestido no muy distinto al mío, engalanado con rosas púrpura y reluciente encaje negro.
Mi padre lleva el pelo cuidadosamente engominado, un complemento perfecto para su elegante traje negro.
Mientras los miro, me duele la garganta y el corazón me late dolorosamente en el pecho. Cómo echo de menos a mi madre. La tarjeta magnética que robé me quema en el bolsillo, y me pregunto si mi padre habrá advertido su ausencia. Quizá tenga varias y esta fuera una de repuesto.
La general Sol está diciendo algo, pero el rumor de la sangre latiéndome en los oídos me impide entenderlo.
Advierto la presencia de Rook y Domino, que aparecen a mi lado, preparados para subir al escenario gracias a los tiempos que hicimos en nuestra última prueba.
Sin embargo, solo tengo ojos para mis padres.
Mi padre sabe lo que soy. Mató a alguien para protegerme y dejó a Greta sin madre. Fue algo terrible y atroz, y, aunque no me sorprende que lo hiciera, sí me sorprende que lo hiciera por mí. Mintió al Escudo para salvar a sus hijos. ¿Por qué?
Nunca pensé que fuera capaz de algo así.
Como si notara mis ojos puestos en él, mi padre mira a su alrededor y nuestras miradas se encuentran.
Una sombra cruza su rostro y aprieta los labios. No sé cómo interpretar eso. ¿Remordimientos? ¿Tristeza? Quizá solo esté viendo lo que quiero ver.
—¡Demos la bienvenida al escenario a Poet Graves!
Cuando oigo mi nombre, el mundo se me viene abajo, el ruido me invade los oídos como si emergiera del fondo de una capa de suciedad.
—¿Qué? —pregunto a nadie en particular.
—Vamos —me susurra Rook al oído. Tiene la mano en la parte baja de mi espalda—. Te están llamando.
Claro. Me están premiando por mi tercer puesto durante el examen de cadete.
Asiento y empiezo a caminar. Un extraño silencio se ha apoderado del salón mientras pongo una bota en la escalera, intentando recomponerme.
Las rodillas se me convierten en dos ramitas secas, finas y delicadas, que podrían combarse bajo mi peso.
Subo las escaleras lentamente y veo a tres grupos más de alumnos que ya están esperando: los ganadores de la evaluación de las otras casas.
Me miran recelosos mientras me acerco a la general, que espera en mitad del escenario.
Ella me observa con una mirada escrutadora, como si pudiera notar que algo va mal.
Me detengo delante de ella, y extiende la mano. No sé ni cómo, consigo hacer lo propio y estrechársela. ¿Notará cómo me suda la mano? Me la estrecha con fuerza, con una expresión de total concentración.
Me advirtió sobre el hecho de abandonar Fiama.
—Enhorabuena —dice—. A pesar de haber tenido un año bastante complicado, parece que te las has arreglado para acabar con una nota alta.
Una oleada de risas nerviosas a mi costa recorre todo el salón.
—Sí —digo con un hilo de voz—. Gracias.
La general me observa un instante más, me despide y continúa anunciando a Domino y después a Rook. Ocupo mi lugar delante de las Beaufort, colocándome justo al lado de mis padres, y no puedo evitar mirar en su dirección.
Desempeñan bien su papel, como era de esperar, con la mirada al frente, fija en el salón, y felicitando a los tres ganadores de la evaluación de la casa Fiama. Todo sucede como si estuviera en un sueño, como si avanzara rodeada de lodo.
La general habla sobre algo, pero no oigo nada.
Cuando estalla el aplauso y la gente empieza a bajar del escenario, doy por hecho que debe haber acabado todo. Empiezo a caminar y choco con alguien. Mi madre se vuelve y baja la vista. Le he pisado la cola del vestido, y ambas miramos la punta de mi bota asomando por el borde de mi falda.
—¿Poet? —pregunta—. ¿Por qué llevas esa chaqueta encima de ese vestido tan mono?
Es lo típico que diría y, por un instante, siento que todo es tan normal que quisiera llorar. La cojo por el codo y le doy un apretón.
—¿Tú también lo sabías? —le pregunto en un susurro bajo y desesperado.
—¿A qué te…? —Intenta liberarse el brazo, pero lo aprieto más fuerte.
—¿Lo sabías? —le exijo, de nuevo—. ¿Los dos lo sabíais?
—Poet —interrumpe mi padre bruscamente, cogiéndome de la muñeca con su manaza—. Suelta a tu madre.
—Papá —susurro, buscando cualquier señal de que aún me quiera.
Hace una pausa, con un destello de arrepentimiento en la mirada, y luego mira a mi espalda. Su mirada va a parar al canciller Marks, que tiene ladeada la cabeza, curioso. A mi padre se le nubla la expresión, y tira de mi madre y la separa de mí, volviendo a romperme el corazón.
Un revuelo al fondo del salón hace que los dos se giren. La multitud se ha separado y se ve a un extinguidor que empuña su aturdidor con las piernas abiertas.
—¡Traedla! —pide.
Un grupo de personas se mueve en la parte de atrás de la multitud.
Un instante después, el teniente Dire aparece agarrando del codo a Trinity, que avanza a trompicones detrás de él.
Se detienen, y se la acerca de un tirón, poniendo la espalda de ella contra su pecho y rodeándole el cuello con un brazo grueso.
—¿Cuál es? —le pregunta, y Trinity levanta la vista y lo mira con ojos aterrorizados.
Entonces el corazón me empieza a latir con fuerza cuando su mirada se detiene en la parte delantera del salón.
Todo encaja. Y se convierte en claridad y en la certeza de que yo tenía razón.
El destello pelirrojo que vi en el examen final de cadete.
El abrazo que me dio antes de alejarse.
No la extinguidora, sino mi mejor amiga.
Los años que hemos pasado juntas, cuando tenía que saber que había algo distinto en mí.
Doy un paso, moviéndome lentamente.
Trinity está llorando. Sollozando. Diciendo que no mientras mueve la cabeza.
—¿Cuál es? —le requiere de nuevo Dire—. ¿A quién viste?
Le retuerce el brazo, y a Trinity le da una arcada.
—No te lo volveré a preguntar —le gruñe.
Todo se ralentiza.
—Poet —dice, con voz entrecortada—. Poet Graves.
Un grito ahogado colectivo resuena por todo el salón. Se me queda todo el cuerpo entumecido.
Vienen hacia mí. Extinguidores empuñando sus aturdidores.
Uniformes burdeos.
El color de la sangre seca.
Soy incapaz de moverme. No consigo encajar todas estas piezas. ¿Cómo me ha podido hacer esto Trinity?
Y ahí es cuando empiezan a sonar las sirenas.
Los destellos rojos se filtran por los ventanales, pintando a todo el mundo con una luz sanguinolenta. La guardia del círculo cierra filas, rodeando al Escudo mientras el pánico se apodera de todo del salón y decenas y decenas de guardias irrumpen por las puertas.
El ulular continúa, retumbando por toda la ciudad en señal de aviso.
Se aproxima una tormenta de sangre.