Capítulo 61
–¿Q ue quieres hacer qué? —pregunta Rook cuando vuelvo a nuestra habitación poco después. Está sentado en su cama, mirándome fijamente como si fuera una alienígena.
—Quiero robarle a mi padre la tarjeta de acceso y colarme en la sede del Escudo.
Lo afirmo tranquila, pero solo porque me he pasado una hora dando vueltas y repitiéndomelo, hasta que he podido hacerlo sin tener ganas de vomitar.
—Poet —dice Rook, con un tono de advertencia—, es una idea increíblemente peligrosa.
Le doy vueltas a un mechón de pelo y me llevo la mano a la cadera.
—Lo sé, pero has de reconocer que tiene su mérito.
Suelta una risa por la nariz y niega con la cabeza.
—Supongo que sí, pero, incluso con una tarjeta magnética, cualquiera que nos vea sabrá que no trabajamos allí.
—Tienes razón —digo—. Por eso utilizaremos una distracción.
—¿Una distracción?
Me alejo caminando, cruzo la habitación y vuelvo sobre mis pasos. Mientras intento autoconvencerme de que no es la peor idea que he tenido jamás, calculo también la logística necesaria que podría hacer que funcionara.
—El baile de disfraces de graduación es dentro de una semana —digo, y Rook enarca una ceja.
—¿Y?
—Y es una megafiesta —continúo—. Todas las casas estarán presentes. El Escudo. Acudirán los sucesores. Sus familias. Todos los actores importantes vienen a «dar la bienvenida al futuro de la Sociedad».
—Ajá.
—Y eso supone desplegar todo tipo de recursos. La ciudad entera lo celebra a su manera, lo que quiere decir un aumento de la necesidad de seguridad, por lo que en la Ciudadela operarán solo con el personal mínimo.
Rook se incorpora y presta más atención.
—No sabía nada de eso.
—La mayoría de la gente no lo sabe —le digo—.
Lo mantienen en secreto, pero he oído a mi padre hablar de ello muchas veces.
Siempre les preocupa que haya disturbios o que haya ataques de solitarios esa noche.
Incluso con todos de guardia, solo disponen de unos recursos limitados.
Y, si esa noche hubiera tormenta, la patrulla estaría aún más sobrecargada de trabajo.
Rook se pone de pie, cruza la habitación y se para delante de mí.
—Aun así, esto me parece arriesgado, Poet.
—Lo es —replico—. Pero necesito saber qué soy, y eso es lo que viniste a descubrir tú aquí. Tenemos que entender por qué nos lo ocultan.
Se le dilata la nariz y coge aire lentamente.
—Todo eso es cierto.
—Con cada vez más muertes, seguirán buscando con ahínco. Si nos descubren, no harán preguntas. Tenemos que adelantarnos. Esta es la primera vez desde que era niña en que puedo vislumbrar un futuro en el que no acabo en las garras de los extinguidores.
Se pone las manos en las caderas y suelta un suspiro.
—¿Y de verdad Edward te va a ayudar?
—Eso parece.
—¿Por qué?
—Porque es mi amigo, y creo que entiende que estoy metida en un lío, aunque no se lo pueda contar todo. Además, creo que no es feliz, y esto le da algo en lo que centrarse.
Le explico lo que ha pasado en la cantina antes de que Edward accediera.
—Quizá siente que no tiene nada que perder —dice Rook.
—Quizá sea eso —convengo con él.
Niega con la cabeza.
—¿Cuándo nos colaremos en casa de tus padres?
—¿Nos? No quiero que te pillen.
Se inclina hacia mí y me acaricia la punta de la nariz con la suya.
—Sí, nos. ¿Pensabas que te iba a dejar hacer esto sola?
—Si te pillan, te meterás en un lío de los gordos —le advierto.
—Como preguntaba antes: ¿cuándo vamos a ir?
Dudo tan solo un segundo antes de contestar.
—Siempre salen a cenar con su club gastronómico el tercer sábado de cada mes.
—Es decir, mañana por la noche.
Asiento.
—Tiempo suficiente para coger la tarjeta magnética antes del baile de disfraces.
—¿Tienes idea de dónde podría estar?
—El sitio más probable es el estudio de mi padre.
—¿Y si se la lleva?
Le digo que no con la cabeza.
—La verdad es que no lo sé… Estoy improvisando. Esperemos que no. Si no, tendremos unos cuantos días para idear un plan distinto.
—De acuerdo.
Levanto las manos y le acaricio la cara.
—¿Estás seguro de esto?
Se pone serio, aferrándonos a este momento. Quizá el uno al otro, pero esas son ideas que me da demasiado miedo plantearme.
—Prometí que te protegería, Poet Graves, y lo dije completamente en serio.