Capítulo 58
D os semanas después nos volvemos a encontrar en el vivero de Central Park para nuestro examen de final de año de la formación de cadetes. Ataviados con el atuendo táctico, nos apretujamos ante la fría brisa matinal.
Cruzo la mirada con Rook, que está con un aspecto relajado en el borde exterior del grupo.
Aunque hemos limitado nuestras apariciones públicas, hemos pasado mucho tiempo a solas en nuestra habitación.
A veces me lee de uno de sus libros. La saga que más me gusta es la de una chica que se ve obligada a competir en un combate a muerte autorizado por el gobierno junto a un grupo de chavales, y acaban descubriendo que los están manipulando a todos.
No me canso de escuchar cosas sobre su fuerza y resiliencia y cómo haría cualquier cosa por la gente a la que ama.
En ocasiones, nos quedamos sentados sin hablar, mirando al fuego, y la mayoría de las veces nos besamos y nos tocamos, anhelantes. No puedo evitar sonrojarme en momentos inesperados, cuando pienso en sus manos y en su boca. No hemos llegado más lejos, aunque espero fervientemente que lo hagamos.
Rook no habla mucho de las chicas de su pasado, excepto para contarme que tuvo unas cuantas relaciones esporádicas y que quiere tomarse con calma lo nuestro.
Sé que me oculta cosas de su pasado, pero no quiero indagar donde él no quiere que lo haga.
Espero poder ganarme su confianza como para que me cuente esas historias que es reacio a desvelar.
No tengo ningún problema con eso, pero también estoy que me subo por las paredes.
Quiero borrar de mi cuerpo cualquier recuerdo de Knox, y algo me dice que Rook podría hacerlo en una sola noche.
—¡Buenos días, cadetes! —La voz de Henry retumba sobre nuestras cabezas.
Lleva su uniforme completo de la guardia, junto a una decena más de quiebratormentas bien entrenados, todos ellos con sus pantalones tácticos, camisetas sin mangas y brillantes correas color púrpura—.
Me congratula ver muchas de las caras a las que dimos la bienvenida durante la primera semana de formación hace meses.
Os habéis esforzado mucho y hemos puesto a prueba vuestros límites, y hoy demostraréis que todo ese esfuerzo ha valido la pena.
Hace un ademán a su alrededor.
—Central Park tiene unos cuatro kilómetros y medio de un extremo a otro, y, enclavada entre los árboles, encontraréis una ruta de obstáculos que incluye cuerdas, balancines, puentes y demás. El sendero está marcado, así que seguidlo hasta el otro extremo. No será fácil, por descontado.
Levanta la vista y, a medida que el patrón púrpura entrecruzado zumba sobre nuestras cabezas, yo parpadeo hasta enfocar la misma red que recuerdo de mi prueba para la Sociedad.
—También tendréis que evitar esto. La red tiene que descargar de vez en cuando para liberar lo acumulado.
Eso significa que puede soltar una descarga a intervalos aleatorios por todo el parque.
Así que mantened la concentración e id con los ojos y los oídos bien abiertos. Solo contaréis con un segundo de aviso.
Domino enlaza su codo con el mío y se apoya sobre mí.
No creo que se dé cuenta siquiera de lo que hace mientras se une a los demás para mirar fijamente la red parpadeante que se cierne sobre nuestras cabezas.
Le pongo una mano en el brazo, y me observa, como si se sorprendiera de que estuviera aquí.
Intento mostrarle una sonrisa tranquilizadora.
Hemos llegado hasta aquí. Estamos muy cerca.
—Los cadetes con los tres tiempos más rápidos de cada Sociedad tendrán la entrada automáticamente garantizada en el programa del segundo año —dice ahora Henry, provocando un emocionado coro de comentarios en el círculo—.
Los demás serán evaluados en base a su entrenamiento y a las pruebas que realizaron durante el pasado año.
»Comenzaréis con salidas escalonadas por orden alfabético. Las únicas reglas son que no podéis tocar ni los árboles ni a nadie. Tenéis que permanecer en el sendero y no desviaros de él más de dos metros.
Pasa revista a nuestra formación.
—¿Todo claro? —Todos asentimos, y entonces cambia de expresión—. Antes de empezar, tenemos que tratar otro asunto.
Por detrás de nosotros nos llega un susurro, y casi doy un grito al ver a cuatro extinguidores saliendo de entre los árboles con el teniente Dire entre ellos.
Detrás de ellos vienen varios reclutas del E-scuadrón, entre los que está Trinity.
Hace semanas que no hablamos y no la he vuelto a ver desde aquella noche que salí huyendo de ella en el Sogno.
Cruzamos la mirada, y un relámpago de culpa le ilumina brevemente el rostro.
—Como muchos ya sabéis —continúa Henry—, durante las últimas semanas se han atribuido numerosas muertes en Nuevo Manhattan a la presencia de infectados.
Muevo los pies nerviosa, aún enlazada a Domino. De hecho, ha habido dos incidentes más desde la noche del Sogno, y hemos estado sujetos a más presencia que nunca de los extinguidores.
—La casa Aria ha estado desarrollando una nueva herramienta para ayudarnos a erradicar a los centinelas infectados, y nos han pedido que la probemos hoy con todos vosotros.
La expresión de Henry deja claro lo que piensa de esta petición.
Los extinguidores atraviesan nuestra formación y se giran para encararnos, mientras el E-scuadrón se despliega a su alrededor. El teniente Dire se adelanta y sostiene un pequeño dispositivo con una pantalla.
—Es muy sencillo —dice con voz grave—. Les sacaremos una pequeña muestra de sangre que escaneará el medidor. Prueba la presencia de la infección. Hemos llevado a cabo algunas pruebas en varios grupos de ensayo, y los resultados hasta ahora han sido casi perfectos.
Sonríe, aunque sin rastro alguno de calidez.
—Formen tres filas y comenzaremos.
Ya tenía el corazón casi desbocado, pero ahora me late tan fuerte como si estuviera bajo el agua. ¿Qué vamos a hacer Rook y yo?
Pero ya es demasiado tarde. Un extinguidor se acerca a Rook con el dispositivo. Le agarra la muñeca y presiona un botón en la parte superior sobre la yema del dedo de Rook. Este hace una mueca de dolor, y se me corta la respiración mientras espero al desastre que se avecina.
La gente se queda callada mientras lo observamos. Estamos todos horrorizados; lo delata la tensión en el ambiente. Y eso que ellos ni siquiera saben el peligro en que se encuentra Rook. El dispositivo emite varios zumbidos y pitidos, y luego se enciende una luz verde en la pantalla.
—Limpio —anuncia el extinguidor, y se me escapa un suspiro con todo el aire que acumulaba en el pecho.
Rook y yo nos miramos, y él parpadea. No estoy segura de lo que acaba de pasar, pero casi me desmayo de alivio.
Los extinguidores continúan, mientras espero expectante. Que Rook haya pasado la prueba no quiere decir que yo obtenga el mismo resultado. Contengo la respiración cuando el teniente Dire me hace un gesto con el dedo para que me acerque.
Se me bloquean las rodillas, pero me obligo a ir hacia él y extender la mano. Aprieta el dispositivo contra mi dedo, y noto el pinchazo cuando la aguja me atraviesa la piel. Me concentro en respirar, intentando no desmayarme. Pensando pensamientos no infectados.
Pasan unos segundos mientras Dire mira a la pantalla, y entonces… sale verde. Casi me río del alivio.
Retrocedo, y diviso a Trinity, en el instante en que una extraña mirada cruza su rostro.
Nos miramos, y me dedica una sonrisa leve y vacilante. Asiento, y luego vuelvo a mi lugar junto a Domino hasta que les hacen la prueba a todos. Afortunadamente, todo el mundo la pasa con luz verde. No creo que pudiera soportar que se llevaran a nadie más.
Henry vuelve a colocarse ante nosotros.
—Una vez hecho esto, podemos comenzar —dice, mirando detenidamente a los extinguidores con un desagrado apenas disimulado. No estoy segura de que lo adviertan. A continuación, se saca la tablet de debajo del brazo y toca la pantalla—. ¡Rook Athira, serás el primero!
Nos ponemos en una fila, con Rook a la cabeza. Ojalá pudiera desearle buena suerte. Mientras Henry controla que estemos todos, los demás guardias de las tormentas se dispersan entre los árboles para vigilarnos durante el examen.
Espero que los extinguidores se marchen, pero, en vez de eso, siguen a los quiebratormentas entre los árboles junto al resto de sus reclutas en formación.
Observo a Trinity desaparecer en la maleza, enfadada por su mero papel de observadores.
Ya nos han hecho la prueba. Esto no es más que para poner de relieve su dominio y asustarnos. No son más que una panda de abusones.
Echo un vistazo a la red de centella que zumba por encima de nosotros.
Ahora he de tener muchísimo cuidado ahí fuera.
Contemplo la parte posterior de la cabeza de Rook desde donde me encuentro, a la mitad de la fila.
Mira hacia atrás y me guiña el ojo con una sonrisa arrogante.
Seguro que también le estresa la presencia de los extinguidores, pero lo oculta muy bien.
O quizá es que es así de seguro. Eso me reconforta, y dejo que su confianza en sí mismo se filtre en mis nervios débiles. Si él puede ser valiente, yo también.
Vacío mi mente de todo lo demás. Mi prioridad es clasificarme para el segundo año.
Lo siguiente que hago es buscar a Domino, que se encuentra más cerca del final de la fila. Nos hacemos un gesto mutuo para reafirmar nuestra determinación.
Henry configura un temporizador en su reloj y señala a Rook.
—Tres, dos, uno…
Sale. Rook desaparece entre los árboles a toda velocidad, con el crujido de las hojas anunciándonos su paso hasta que el bosque se queda en silencio, excepto por nuestras suaves respiraciones y el rumor del viento.
—¡Siguiente! —grita Henry, y la fila avanza hacia delante—. ¿Todo en orden? —me pregunta cuando llego a primera línea.
Asiento con un movimiento brusco de la barbilla.
—Estoy lista.
Me da una palmada en el hombro.