Storm Breaker (Stormbreaker 1) Capítulo 54 (Capítulo extra)
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Capítulo 54 (Capítulo extra)

LA NOCHE DE ROOK

—ROOK—

L a puerta se cierra de un portazo, Poet queda al otro lado, y a mí, de repente, me cuesta respirar. Estaba tan arrebatadora con esa ropa que he tenido que hacer un esfuerzo titánico para no arrodillarme y aceptar cualquier cosa que me pidiera.

Está decepcionada de que no haya ido con ella.

Se lo he visto en un destello fugaz en la mirada, y no me gusta nada hacerle daño, pero esto es lo mejor para los dos.

Atraigo demasiada atención sobre ella. Pensaba que la gente acabaría acostumbrándose a mi presencia, pero han pasado meses y aquí nadie deja que olvide lo que soy. Tendría que habérmelo imaginado.

Lo único que quiero es que esté a salvo y una parte de mí sabe que nunca lo estará del todo en esta ciudad, no conociendo la forma en que van a por personas como ella. Como nosotros.

Así pues, haré lo que pueda. Pero mantener las distancias me está llevando al límite.

Empiezo a pasearme por la habitación, con la cabeza gacha y los hombros tensos; me siento como un animal enjaulado.

«Deja de pensar en ella».

Observo el caos que han dejado Poet, Domino y Journey en el cuarto antes de irse. Se me pasa por la cabeza recogerlo, pero no sé si le hará gracia que le toque sus cosas, ni cómo prefiere organizar su ropa. Tal vez pueda ayudarla mañana, cuando haya vuelto.

Por mí puede sentarse ahí sentada y decirme qué hacer, que no me importaría nada; al contrario.

Me regaño a mí mismo porque cada pensamiento vuelve a llevarme hasta ella, incluso cuando me repito que debería mantenerme lejos.

En busca de una distracción, me voy a mi rincón, escojo un libro y me echo en la cama. Lo abro, pero por mucho que paso las páginas no veo las palabras. Es uno de mis favoritos; lo he leído un millón de veces. Poemas de amor de la Era del Calentamiento. Neruda.

En cuanto oí el nombre de Poet, pensé en él. Me pregunté si alguien en su vida la habría llamado así porque también sentía debilidad por la cadencia lírica de un poema. Luego vi a su padre y descarté por completo esa idea.

Al parecer fue pura coincidencia, y aun así me parece fruto del destino que lleve ese nombre. Que su propia esencia contenga las mismas capas y emociones que un soneto escrito con maestría.

Un verso salta a mi encuentro. Un verso que he leído mil veces, sobre amar a alguien entre sombras.

También me recuerda a ella. A cómo intenta esconderse en la oscuridad que la rodea.

Sin embargo, yo mismo la he visto salir de esas sombras durante los últimos meses.

Poquito a poco, con cautela, pero con seguridad.

Además de Poet, tampoco puedo dejar de pensar en la simulación que hemos visto hoy en la Tempestad. A veces es fácil olvidar lo rápido que se desechan las vidas en este lugar. Cómo se utiliza a la gente sin miramientos para justificar el «bien mayor».

Paso otra página y sigo sin poder concentrarme.

Miro la hora. Se ha ido hace unos treinta minutos. Esta va a ser la noche más larga de mi vida si no encuentro algo con lo que ocuparme.

¿Me acerco al gimnasio? No me apetece.

¿Salgo a dar un paseo? Eso solo me daría demasiado espacio para pensar.

Sigo pasando páginas, pero tras otros diez minutos lanzo el libro a un lado, frustrado.

Me incorporo, apoyo los codos en las rodillas y me la imagino con ese recogido y maquillada, riéndose con sus amigas.

Me ha encantado verla sonreír y soltarse un poco.

Siempre está muy seria. Me gusta lo bien que le van Domino y Journey.

Sé que ha tenido un año muy difícil, pero está mejor sin toda esa gente.

No se la merecen; nunca la han merecido.

Noto tensión en la mandíbula y la rodilla no para quieta mientras me la imagino bailando. Moviendo las caderas bajo esa ropa tan condenadamente bonita que lleva.

Joder, quiero volver a besarla.

Antes de que pueda pensármelo mucho, me incorporo.

Agarro la chaqueta y salgo, dispuesto a encontrarla.