Capítulo 52
C uando mis ojos se abren a la mañana siguiente, lo primero que veo es a Rook, con el pelo revuelto y el rostro relajado.
Está tumbado bocarriba, con un brazo debajo de mí y la otra mano apoyada sobre su pecho.
Mi edredón le cubre las caderas y me deja una vista generosa de su torso.
Tengo que esforzarme por no quedarme mirando demasiado… y lo consigo, más o menos.
Si supieran que hemos dormido en la misma cama, dirían cosas horribles, estoy segura, pero la verdad es que me importa bien poco.
Además, he dormido mejor hoy que en meses.
La luz del sol se cuela en la habitación, lo que me sugiere que este es uno de esos días despejados tan poco frecuentes y que hemos dormido más de la cuenta.
Todo es cálido y acogedor, y no tengo muchas ganas de moverme, pero mi vejiga opina lo contrario.
Con cuidado, me separo de Rook, procurando no despertarlo.
Cuando salgo del baño unos minutos después, me lo encuentro sentado al borde de la cama con los codos apoyados en las rodillas.
Levanta la vista, y su mirada se detiene en mí, en mis pantaloncitos cortos y mi camiseta de dormir.
Se me encienden las mejillas bajo su escrutinio, pero no siento la menor intención de taparme.
—Buenos días —dice con la voz áspera y ronca—. ¿Cómo has dormido?
—Muy bien —respondo, y él sonríe antes de ponerse en pie.
Se acerca, y me pregunto si va a besarme. Cielos, sus labios son lo único en lo que voy a poder pensar a partir de ahora.
—¿Ya has terminado? —pregunta, señalando detrás de mí.
—Sí, claro —digo, apartándome para dejarle pasar.
—¿Cómo tienes el brazo? —añade al pasar.
Me miro el vendaje de la muñeca y lo giro con cuidado.
—Mejor, creo.
Asiente, cierra la puerta y yo me quedo al otro lado. Oigo cómo se abre el grifo y me doy cuenta de que estoy plantada frente al baño como un bicho raro. Así que voy a por el móvil y casi se me cae de las manos cuando veo una notificación de mi madre. Me tiemblan las manos al abrir los mensajes.
Mamá Poet, dime por favor que esos rumores sobre tú y ese… esa persona no son ciertos.
Mamá No creía que tu padre pudiera enfadarse más.
Mamá Pero pareces empeñada en destruirlo.
Mamá Corta todo contacto con ese solitario o habrá consecuencias.
Mamá Ya sabes lo que ese monstruo le hizo a tu tía. Lo sabes bien.
Mamá ¿Qué diría Raine?
Y ya está.
Nada sobre lo que ha pasado. Ninguna mención a que alguien me empujó por las escaleras. Ni una sola pregunta por cómo estoy.
Solo eso: una reprimenda. Una orden.
De alguien que me dejó tirada hace semanas.
Aprieto el teléfono con fuerza; la rabia se me arremolina en el pecho. Antes de darme cuenta de lo que hago, la estoy llamando.
Suena. Y deseo con todas mis fuerzas que su cara aparezca en la pantalla.
Pero, por supuesto, no responde. Los mensajes no eran una ofrenda de diálogo; eran un control de daños colaterales.
Otro intento de dominar todos y cada uno de los aspectos de mi vida, incluso después de haber decidido lavarse las manos conmigo.
¿Cómo se atreve a usar a Raine para hacerme sentir culpable y que deje de ver a Rook?
—¿Todo bien? —pregunta este, sacándome del torbellino de pensamientos.
El teléfono sigue sonando y ese tono metálico llena la habitación, en la que, por lo demás, reina el silencio. Cuelgo y niego con la cabeza.
—Es mi madre —le cuento—. Al final me ha escrito.
—Ah, ¿sí? —pregunta con un cierto deje esperanzado en la voz.
Mis padres no le caen bien y sé que le parecen personas horribles, pero entiende que mi relación con ellos sigue siendo importante para mí.
—Sí, pero no para reconciliarnos —digo, ocultándole el verdadero contenido del mensaje porque me niego a hacerle más daño—. Solo para recordarme lo decepcionados que están conmigo.
Deja caer los hombros.
—Ah. Lo siento.
—No pasa nada. No sé por qué sigo esperando que cambien.
Me doy la vuelta y hago como que me concentro en la tablet porque no soporto la idea de ver la lástima en sus ojos. Se abre y se cierra un cajón, y el suave roce de la tela me indica que se está vistiendo.
—¿Poet? —dice con cierta vacilación.
—¿Sí? —respondo, girándome.
—He estado pensando en anoche. ¿Recuerdas que en el túnel creí ver a alguien?
—Sí…
—Me preocupa que… ¿Y si alguien nos estaba siguiendo? Podrían averiguar adónde vamos…
—Ya, sí —digo—. Eso sería un problema. ¿De verdad te parece que viste a alguien?
—A ver, no puedo asegurarlo al cien por cien, pero creo que debemos tener cuidado. Después de lo que le pasó a Lacey…
—Fue aterrador —coincido.
—Por eso, creo que quizá deberíamos evitar que nos vean juntos —añade.
Lo dice en un tono neutro y su expresión no delata nada. ¿Es una medida de precaución o quiere distanciarse?
Anoche compartimos algo en el fragor del momento, pero ahora, bajo la luz fría del día, él sigue siendo un solitario y yo de la Sociedad. No encajamos. No somos compatibles.
—¿Tú crees? —pregunto.
—Lo que creo es que llamamos mucho la atención. Sobre todo cuando estamos juntos.
—Ya… —digo, cayendo en la cuenta de que quizá soy yo la que está atrayendo las miradas de los extinguidores directamente hacia él—. Es lo más seguro para ti.
—Claro. —Asiente—. Y para ti también, Poet.
No quiero darle la razón, pero los mensajes de mi madre siguen rondándome la cabeza y me recuerdan que quizá esto sea lo mejor.
—Claro —repito—. Por supuesto.
Se levanta de la cama y entonces me percato de que ya lleva puesta una camiseta y unos pantalones cortos.
—¿Adónde vas?
—Al gimnasio.
—Pero hoy tenemos el día libre.
Suspira y se pasa la mano por el pelo, que despeina con una perfección irritante.
—Ya, es que necesito quemar algo de… energía.
—Ah, claro. Bueno…, ¿nos vemos luego? —No consigo ocultar el deje de esperanza.
Si vamos a distanciarnos, quizá debería buscarme otro sitio donde dormir.
Pero no sé dónde y, lo más importante todavía, no quiero hacerlo.
Su expresión no me transmite lástima, pero sí zanja cualquier posibilidad de seguir hablando. Vale, mensaje recibido. Soy un peligro para él y para mí misma si seguimos llamando la atención.
—Que te vaya bien en el entrenamiento —digo.
Rook asiente y sale de la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Me quedo mirando la madera durante un buen rato, lamentando la pequeña chispa de felicidad que sentí anoche.
Pensaba que había hecho un nuevo amigo, pero él se ha apartado también de mí y me ha dejado sola.