Storm Breaker (Stormbreaker 1) Capítulo 45
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Capítulo 45

E l salón de baile está casi vacío. Todo el mundo se ha reunido en la sala contigua, desde la que se oyen risas y conversaciones. Estoy temblando, tengo náuseas y necesito tumbarme, pero también me invaden ríos de energía reprimida.

—¡Poet! —Alguien me llama y, cuando me giro, veo a Domino acercarse—. ¿Todo bien?

—Sí —digo—. Supongo. ¿Qué haces aquí?

—Quería asegurarme de que estuvieses bien. Estaba esperando a que salieses.

—¿En serio? —pregunto—. ¿Por qué?

Se le arruga la frente, confundida.

—Porque estaba preocupada por ti. ¿La sucesora te ha hecho pasar un mal rato?

Sonrío de forma seca, agradecida por su consideración. Igual no estoy tan sola como creía.

—Solo un par de amenazas, nada grave.

Ella me mira comprensiva.

—Lo siento. La situación se calmará cuando se acostumbren a ti.

Le devuelvo la sonrisa.

—Eso espero. —Miro alrededor de la sala y me acerco más a ella—. Sobre lo que has visto antes con Rook…

Se le iluminan os ojos.

—¿Sí? Se os veía muy a gusto. —Me da un suave empujón con la cadera y mueve los hombros mientras me lanza una mirada insinuante—. Cuéntamelo todo. —Levanta una mano—. Solo si quieres, claro.

Suspiro y me paso las manos por el pelo.

—No hay mucho que contar. Creo que solo ha sido la emoción del momento o algo así. Estaba enfadada por lo de mis padres y él me ha calmado. Me sentía sensible y nos hemos dejado llevar, no ha sido nada.

—Oh —dice con una expresión algo decepcionada—. Bueno, igual más adelante resulta ser algo más. Es muy mono.

Resoplo.

—Es mucho más que mono.

Domino se ríe y se tapa la boca.

—No quería ser yo quien lo dijese, pero está tremendo.

Suelto una carcajada y un quejido.

—No hace falta que me lo digas, pero no es una buena idea.

—Eso nunca te ha frenado —dice. La miro y ella abre mucho los ojos—. Lo siento, no quería decir…

Me vuelvo a reír y sacudo la cabeza. Me encanta que se sienta lo suficientemente cómoda como para bromear conmigo. Espero que signifique que nos estamos haciendo amigas.

—No, tienes toda la razón. —Me acerco más—. ¿Podrías guardarlo en secreto? Creo que él lo preferiría así, es una persona bastante reservada.

—Claro —dice—. No pensaba contarlo, pero puede que os haya visto alguien más. No es que estuvieseis muy escondidos.

Me paso la mano por la cara.

—Ya. Bueno, con un poco de suerte…

Dirijo la mirada a la otra sala, en la que todos están conversando.

—¿Qué vas a hacer? ¿Tus padres siguen aquí?

—No, se acaban de marchar. Yo me voy a la fiesta del ferry, que va a salir dentro de nada. ¿Vienes?

Podría irme y esconderme, alejarme del escrutinio de todos.

Es tentador, pero tampoco quiero estar sola.

—¿Mis padres siguen por aquí? ¿Los has visto? —pregunto.

—Creo que sí —responde—. Podemos ir por el camino largo y rodear el muelle, no hace falta que pasemos por el meollo.

Suelto un suspiro, agradecida.

—Eso sería perfecto.

Domino me coge del brazo y siento que una calidez me invade el pecho. Puede que hoy lo haya perdido todo, pero también puede que haya ganado algo nuevo.

Recorremos los silenciosos pasillos del colegio mientras Domino me pone al día sobre el chico que le gusta, con el que espera bailar esta noche. Según caminamos se me van destensando los hombros. Quizá todo esto no sea tan malo. Igual hay luz al final de todas mis decisiones cuestionables.

Salimos por una de las puertas y rodeamos la academia hasta que llegamos al arco de entrada, que se curva sobre el canal.

En vez de la pequeña góndola que usamos el primer día de clase, nos encontramos un ferry de varios pisos balanceándose en el agua, construido de metal dorado, moldeado en filigranas y decorado con cientos de flores.

Decenas de personas ocupan ya cada cubierta.

Las barandillas y las columnas están decoradas con lucecitas blancas brillantes y la música se eleva hacia el cielo.

Decido que me lo voy a pasar bien. No me quiero esconder, quiero aceptar esta nueva realidad.

Los últimos meses han sido tensos y quiero empezar a disfrutar de mi estancia en Amery.

Esto es todo lo que he querido durante mucho tiempo.

Por fin me he librado de Knox, y he besado a Rook.

Aún no me lo creo. La sensación de sus labios sobre los míos se graba a fuego en mi piel e, incluso si él se arrepiente y no vuelve a pasar, atesoraré este recuerdo durante mucho tiempo.

Pero espero con toda mi alma que vuelva a pasar.

—Vamos —dice Domino, tirándome del brazo.

Cruzamos la pasarela y subimos a bordo.

—¡Aquí estás! —exclama Journey mientras se acerca a nosotras, con un cóctel en la mano—. ¡Has encontrado a Poet!

—Hola —digo, y me preparo para la avalancha de preguntas que va a soltar.

—Vamos a por bebida. —Me guiña un ojo—. Algo me dice que te vendría bien una copa.

Suelto un suspiro tembloroso antes de que empiece a guiarnos hacia el otro extremo de la cubierta principal. Allí hay un bar decorado con cortinas de terciopelo morado brillante. Copa en mano, buscamos un lugar para sentarnos y encontramos un banco de madera que se curva a lo largo de la proa.

Tenemos una pista de baile a la izquierda, que ya está llena de gente que se ha quitado los abrigos y los ha tirado en un montón.

Doy sorbos al cóctel, feliz de observar por ahora.

Intento no buscar a Rook, pero me da en la nariz que este no sería su ambiente.

Es más probable que se esté comiendo el coco en algún lado, tan guapo como siempre.

—Entonces —dice Journey, girándose hacia mí— ¿cómo ha ido la cosa?

¿La sucesora te ha echado la bronca? ¿Te ha amenazado?

Vaya numerito has montado con tus padres.

¿Qué se siente al saber que todos conocen tu drama familiar?

¿A tu padre siempre se le hincha la vena de la sien cuando se enfada? Daba un poco de miedo…

—Journey —la interrumpe Domino—. Basta. Déjala en paz.

—¡Oh! —Journey se tapa la boca—. Lo estaba haciendo otra vez, ¿verdad?

—Sí —dice Domino, mientras yo sonrío de forma educada.

Poco después, suena un megáfono y todos se ponen a gritar. El barco se estremece y empieza a alejarse del muelle. Suenan más vítores que se mezclan con la música, y me giro para ver cómo el ferry se desliza hasta el centro del canal.

Navegamos por el canal principal de la ciudad, que es lo bastante ancho como para alojar docenas de embarcaciones.

Muchos de los edificios se construyeron imitando a la gran ciudad de las góndolas y los canales.

El precioso mármol tallado, las fachadas de colores y las ornamentadas ventanas de marco dorado brillan bajo la luz de la tarde.

Desde aquí vemos a cientos de personas paseando por la orilla de camino a una cena, a un baile o a lo que quiera que les depare la noche. El cielo está más o menos despejado, así que nos podemos relajar sin tener que preocuparnos por si se desata una tormenta.

Veo a Trinity entre la multitud y me saluda con la mano.

—Perdonad un segundo —les digo a Domino y a Journey, y me dirijo hacia ella.

Una aglomeración nos rodea mientras nos envolvemos en un fuerte abrazo.

—Has venido —dice Trinity—. ¿Qué ha pasado con la sucesora Beaufort?

Sacudo la cabeza y recuerdo cómo me ha esperado Domino.

—Quería recordarme que me tiene vigilada y que no se fía de mí.

Trinity me mira con compasión.

—Lo siento.

—No pasa nada —digo—. Lo hemos conseguido, Trin. Hemos jurado lealtad, ahora yo formaré parte de la guardia de las tormentas y tú… —Me quedo callada.

Ella se ha unido al E-scuadrón, y la incómoda verdad se posa en mi lengua como una espina.

—Y tú sigues formando parte de la Sociedad —termino con una voz algo más débil.

Si se da cuenta de mi titubeo, no lo muestra. Sonríe y me vuelve a abrazar.

—¿Y tú? —pregunto—. ¿Todo bien?

—Sí, la sucesora apenas se ha fijado en mí. Nada nuevo, ¿no? —responde con tono tenso.

Al cabo de un momento, alguien agarra a Trinity por la cintura, la levanta y la hace girar en el aire. Es un chico con el que la he visto antes. Uno de los del E-scuadrón. Es mono, tiene el pelo rubio y las mejillas ligeramente redondeadas.

—Te he echado de menos, cariño —dice, y la besa a la vez que le desliza las manos por la cintura hasta el trasero, antes de apretarlo.

Trinity pega un gritito y le da un empujón juguetón en el pecho.

—Poet —me dice—, este es Jared.

Se apoya contra él y le pone una mano en el estómago, y él le pasa un brazo por los hombros.

—La famosa Poet Graves —dice, extendiendo la mano—. He oído muchas cosas sobre ti.

Me encantaría poder decir lo mismo. Trinity le apoya la mejilla en el pecho y lo mira desde abajo con ojos soñadores. ¿Ahora sale con un chico de estos?

—Encantada de conocerte —digo, estrechándole la mano.

Espero que no se note mi desagrado.

Después, agarra a Trinity por la nuca y le levanta la cara.

—¿Te traigo algo de beber?

Ella le dice el nombre de un cóctel, él asiente y le da otro beso antes de marcharse.

—¿Quién es ese? —pregunto—. ¿Estás saliendo con uno del E-scuadrón?

Trinity se coloca un mechón detrás de la oreja.

—Nos estamos conociendo —dice—. Es gracioso y… Cielos… —Se queda callada y se acerca más a mí—. No se parece nada a Edward en la cama. Es mucho más… voraz.

Muy a mi pesar, resoplo y me tapo la boca, y ambas nos reímos.

—¿Así que ya está? ¿Has terminado con Edward?

Trinity se encoge de hombros.

—Quería a Edward, pero ya no podemos estar juntos. Tiene que ocuparse de su madre y que siguiese conmigo solo complicaría las cosas.

Supongo que tiene razón.

—No creo que a él le importase eso. Lo ha estado pasando bastante mal sin ti.

Ella hace un gesto con la mano.

—Lo superará pronto.

—Supongo —digo. Me pregunto si aún conozco a esta persona—. Entonces ¿estás segura de lo del E-scuadrón? Estoy preocupada por ti. No son…

Jared vuelve con la bebida de Trinity y me callo. Se la pasa y le coloca la mano en la parte baja de la espalda.

—Siento interrumpir, pero Ruby quiere vernos a todos.

—¿Por qué? —pregunta Trinity, dándole un sorbo a la copa.

—No estoy seguro, pero ha dicho que nos reunamos con ella en la popa.

—Vale —dice, y se gira hacia mí—. Lo siento, me tengo que ir. ¿Bailamos más tarde?

—Claro —digo, y veo cómo Jared la guía entre la multitud hasta que desaparecen de mi vista.

Esto no me gusta nada. Pensaba que podría convencerla de que se olvidase de lo del E-scuadrón, pero cada vez está más integrada.

Me prometo a mí misma que tendré una conversación seria con ella mañana y busco a Domino, que está bailando con el chico del que me ha hablado antes, Calloway.

Es un cadete de la guardia de las tormentas nacido en el seno de la Sociedad, que también ha jurado lealtad a Aria hoy.

Se mueven juntos, él le agarra las caderas con las manos y ella le rodea el cuello con los brazos.

Es un poco más alto que Domino, tiene los hombros anchos, la piel morena y el pelo rapado por los lados y rizado por arriba.

Ella me ve y me sonríe. Le devuelvo la sonrisa y busco un asiento, feliz de ver que todos se lo están pasando bien.

Algunas personas se han emborrachado y alguien se sube al techo del barco.

Es un chico de la casa Tera, pero no sé cómo se llama.

Se arranca la camiseta, le da vueltas por encima de la cabeza y grita mientras todos levantan las copas y brindan.

Es divertido y ligero. Nadie me está prestando atención, tal vez este podría ser mi futuro. La gente está mucho más preocupada por sus propias cosas.

Como ha dicho Domino, en algún momento todos se acostumbrarán a esta nueva realidad. Hasta entonces, haré todo lo posible por integrarme.

Me recuesto, le doy un sorbo a mi bebida y miro el cielo con el corazón más ligero de lo que ha estado en mucho tiempo.

Entonces se oye un grito.