Capítulo 41
U na vibración expectante impregna el aire la mañana de la ceremonia de juramento. Al menos para los demás. Yo arrastro un peso de plomo, como si caminara a través de agua envenenada. Sigo sin tener noticias de mi familia, pero mi padre estará aquí.
Forma parte del ritual: el sucesor te da la bienvenida a tu casa. Hoy conoceré cara a cara a Surreal Beaufort, y no tengo ni idea de cómo reaccionará ante mi presencia.
Nos han dado el día libre de clases, pero no puedo relajarme en mi habitación. Para empezar, dos de mis tres compañeras no me quieren allí y, por supuesto, no dejo de pensar en mi madre.
Me pongo la ropa de entrenamiento y vuelvo a escribirle, preguntándole qué planes tiene esta noche, pero me encuentro con el mismo muro de silencio. Subo por nuestra larga conversación unilateral mientras una lágrima solitaria me resbala por la mejilla.
Me la seco con la mano y voy al gimnasio. Lo encuentro casi vacío, salvo por Henry, que está en un rincón.
—Hola —digo mientras me acerco.
Él levanta la vista.
—Poet. ¿Cómo estás?
—Bien.
Me dejo caer en el banco frente a él. En los últimos meses apenas hemos tenido ocasión de hablar. Siempre estamos rodeados de gente, y todo lo que quiero decir es demasiado íntimo para que tengamos público presente.
—Espero que no sea demasiado personal, pero ¿puedo preguntarte cómo has estado desde…?
Enarca las cejas oscuras.
—¿Desde lo de Raine?
Suspiro
—Sí.
Deja la pesa a sus pies y entrelaza las manos.
—Estuve hecho polvo durante mucho tiempo, pero me estoy recuperando. No sé si el dolor va a desaparecer alguna vez, y lo echo de menos cada día, pero vuelvo a sentirme casi normal.
Esbozo una media sonrisa.
—Me alegro oír eso. ¿Sales con gente?
Se ríe y niega con la cabeza.
—Vaya, directa al grano, ¿eh?
—Raine querría que fueras feliz.
—Creo que tienes razón. —Sonríe y asiente—. Sí, estoy conociendo a gente. Nada serio todavía, pero quizá encuentre a alguien especial pronto.
—Me alegro —digo—. Y, si conoces a alguien importante, no te reprimas, ¿vale? Él no querría eso.
Henry me observa con detenimiento.
—¿Cuándo has crecido tú tanto, pequeña Poet? ¿Cuándo te has vuelto tan sabia?
Suelto una carcajada mientras me levanto y coloco unos discos en la barra.
—Te aseguro que soy un desastre absoluto, pero, mira, de vez en cuando consigo hilvanar un pensamiento coherente.
Se ríe.
—Te has metido en algunos líos…
—Ya. —Asiento—. No sé si deberías estar hablando conmigo, sinceramente.
Él niega con la cabeza.
—La guardia de las tormentas está por encima de la Sociedad. Ahí fuera somos todos hermanos y hermanas, y da igual de dónde vengamos.
Inclino la cabeza y apoyo las manos en las caderas.
—Pero ¿de verdad es eso cierto?
Se encoge de hombros.
—A veces.
Me río y me siento a horcajadas en el banco.
—¿Qué dijeron tus padres? —pregunta.
—Nada. No me hablan.
Se le ensombrece la expresión. Se frota la nuca y suelta el aire.
—No puedo decir que me sorprenda, la verdad.
—Ya, supongo que a mí tampoco, pero tenía la esperanza de que…
Henry me mira con atención.
—¿Saben que te has apuntado a la formación de cadetes? Algo me dice que no les debe hacer mucha gracia.
Suspiro y me ceden los hombros.
—Tienes razón; no les hace ni pizca de gracia, pero como me hacen el vacío…
Pienso en mi vida dentro de un futuro lejano en el que quizá yo misma sea madre. Dudo que pudiera abandonar a mi propio hijo o hijo, independientemente de las circunstancias. Pero tal vez es que soy una ingenua y no sé nada de la vida.
Puede que Knox le haya contado a mi padre lo de la guardia de las tormentas, aunque también parecía convencido de que acabaría dejándolo, así que quizá no.
—¿Qué tal te trata la vida en Aria? —pregunta Henry.
Alzo las manos en gesto de rendición.
—Uy, están encantados de tenerme por allí.
Sonríe y niega con la cabeza.
—Bueno, si tienes problemas con alguien, ven a verme. Sé que no hemos hablado mucho… o nada, en realidad, y es culpa mía. Estaba dolido y…
—Lo entiendo —lo interrumpo—. No hace falta que me des explicaciones, en serio.
—Aun así, te considero como a una hermana pequeña.
—¿Incluso después de que desertara?
Sonríe.
—Sobre todo por eso. Raine estaría orgulloso de ti —añade, incorporándose.
—¿Tú crees? —pregunto, notando cómo algo se aligera dentro de mí al oírlo.
Henry asiente.
—No lo creo: lo sé. —Luego se inclina un poco más hacia mí—. ¿Estás… a salvo? —pregunta con cautela.
Percibo que hay algo más que no me pregunta, pero no alcanzo a descifrar qué es. Supongo que me ve en la cara lo confundida que estoy, porque añade:
—Tu hermano… —Sacude la cabeza—. Le alegraría verte así, fuerte, plantando cara. Pero ten cuidado, ¿vale? Procura no llamar más la atención.
Suelto una risa seca.
—Bueno, esa es la idea, pero parece que los problemas me encuentran haga lo que haga.
Pienso en cuando Rook me dijo exactamente eso, y sonrío para mis adentros.
La respuesta de Henry es una mirada escrutadora.
—Como te he dicho, estoy aquí si necesitas algo.
Le sonrío, y ambos retomamos el entrenamiento en un silencio cómodo.