Storm Breaker (Stormbreaker 1) Capítulo 40 #3
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Capítulo 40 #3

Alzo la vista hacia él, porque esto también raya lo que no debería decir en voz alta, sobre todo ahora que está a punto de jurar lealtad a Aria. Pronto será uno de los nuestros.

Pero entonces digo:

—Sí. Quizá.

Otro relámpago ilumina el horizonte mientras se acerca la tormenta; las nubes se hinchan y forcejean las unas con las otras por ocupar el cielo. Los puntitos de luz incandescentes crecen y se expanden.

—Ya viene —susurro, y noto que él asiente.

—¿Conoces a alguien más… como nosotros? —pregunto.

—No. No exactamente como nosotros.

Lo miro con atención. Recuerdo el día que llegó, cuando vi aquel destello púrpura en la negrura absoluta de su pelo. Pensé que era un efecto de la luz, pero ahora entiendo…

—¿Tu pelo es natural? —pregunto.

Suelta una breve exhalación.

—Sí.

Esbozo una pequeña sonrisa.

—El mío también. —Aprieto los labios antes de atreverme a seguir—: ¿Crees que es porque somos…?

Dejo la frase en el aire, no soy capaz de nombrarlo. En cuanto lo haga, será real. Y ya no habrá vuelta atrás.

—Puede.

Tras una pausa, formulo una pregunta que siempre he querido hacerle a alguien, pero nunca había podido.

—Entonces ¿por qué no nos están buscando?

Niega con la cabeza.

—No lo sé. Quizá no sea un rasgo lo bastante común como para que sepan que existe.

—¿Tú crees?

—Pues no, no lo sé, la verdad.

Nos quedamos mirándonos. El pulso me retumba en los oídos y vuelvo a maravillarme ante el misterio que es Rook, aunque empieza a resultarme cada vez menos desconocido.

Él aparta la mirada primero y volvemos a sumirnos en el silencio, mientras las nubes giran y los destellos violetas prenden el cielo.

Levanto el rostro cuando el viento me revuelve el pelo y espero a que la tormenta se acerque.

Más relámpagos. Más truenos. La brisa arrecia.

Sin darme cuenta, me acerco un poquito más a Rook. Él hace lo mismo hasta que quedamos pegados hombro con hombro.

Noto el roce de su mano contra la mía. Alzo la vista y lo veo con los ojos clavados en mí.

—Nunca pensé que encontraría a otra persona… así —digo—. Un monstruo. Un peligro. Una… maldición.

—¿Eso es lo que crees que eres? —pregunta, ladeando la cabeza.

—¿No lo soy?

—Tú no elegiste esto, Poet Graves.

—No, pero podría entregarme.

Parpadea varias veces y sacude la cabeza, como si hubiera llegado a alguna conclusión, pero no dice nada más.

—Pensé que siempre estaría sola —añado.

Se me han escapado las palabras antes de poder frenarlas. Es demasiado. La herida está demasiado abierta. Demasiado vulnerable. La tormenta me está calando hondo y me vuelve imprudente.

Él aprieta los labios; las comisuras se le curvan un pelín, casi podría ser una sonrisa. Y entonces hace algo que no esperaba.

Alza la mano y la tiende hacia mí, con la palma hacia arriba.

—¿Qué pasará? —pregunto—. Si nos tocamos.

Se encoge de hombros.

—No lo sé. Pero siempre me lo he preguntado. Solo sé lo que se siente cuando estoy solo.

—¿Como si te desgarraran por dentro?

—Sí. Hasta que cambia. Y entonces se convierte en… éxtasis.

Sonrío, porque sé exactamente a qué se refiere.

—A veces lo deseo, aunque duela.

—Ya, a mí también me pasa.

Poquito a poco, deslizo mi mano en la suya.

Sus dedos cálidos se cierran alrededor de los míos.

El viento es frío y el aire cortante, pero de golpe siento que la temperatura sube varios grados.

Rook se humedece los labios y vuelvo a pensar en cómo sería besarlo.

Quizá él también lo esté pensando, porque se inclina hacia mí mientras el corazón me late en la garganta.

Una descarga de centella impacta en el suelo a unos diez metros y la explosión nos separa. Un arco de plasma surge de la tierra, crepitando con una energía amatista. Observamos cómo se va disipando lentamente mientras las nubes relampaguean y arden en el cielo oscuro e infinito.

Más centellas impactan en el suelo, y entonces percibo el instante en que me va a tocar a mí. De las nubes se desprende una pulsación que se precipita hacia nosotros. Me alcanza y aprieto la mano de Rook, preparándome para el impacto.

Pero es distinto. No hay dolor que me desgarre hasta los huesos. Solo euforia. Esa sensación infinita y dulce, como el algodón de azúcar, cuando floto por encima del mundo y unas oleadas de luz dorada fluyen por mis extremidades.

Se me entreabren los labios con un jadeo y observo a Rook por el rabillo del ojo. Está en shock. Sé que siente lo mismo. Que esto es diferente. Nos estamos dando la mano y no duele. ¿Qué significa?

Puede que sea el momento más perfecto de mi vida.

Despacio, se gira hacia mí mientras el arco de plasma nos envuelve. No sé cómo explicarlo. No creo que pueda expresarlo con palabras ni aunque lo intente.

El arco alcanza su punto máximo, crepitando de energía, y luego se extingue.

El cuerpo de Rook titila como con una red de chispas que brillan en su pelo, en la ropa y hasta en las puntas de las pestañas. Seguimos cogidos de la mano, aferrándonos como si fuéramos a atravesar la tierra si cualquiera de los dos se soltase.

Al cabo de un instante, quedamos sumidos en una oscuridad relativa.

El cielo sigue relampagueando, pero la tormenta ya se aleja.

—¿Qué acaba de pasar? —susurro.