Storm Breaker (Stormbreaker 1) Capítulo 35
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Capítulo 35

R esponde al segundo tono, con la voz llena de preocupación.

—¿Poet? ¿Eres tú?

—Señora Arden —digo, tratando de que no me tiemble la voz.

—¿Qué pasa? ¿Está bien Knox?

—Sí, está bien —la tranquilizo—. No llamo por eso.

Vacilo.

—Poet. ¿Estás bien? —Por su tono compasivo ya sé que se ha enterado de todo y se me afloja el nudo que tenía en la garganta.

—Siento llamar —susurro—. Es solo… Necesito que compruebes que mi madre está bien. Discutimos y… —Se me quiebra la voz mientras las lágrimas amenazan con brotar.

—Cariño —dice—. No pasa nada. Tranquila. He hablado con ella esta mañana, está bien, te lo prometo. A ver…, no está bien…, pero no está… Tu padre…

No termina la frase. A nadie le gusta decirlo en alto, pero los Arden conocen todos nuestros secretos.

El día que mi padre me dejó cicatrices que no se pudieron borrar del todo, fue a los Arden a quienes acudimos Raine y yo.

Él era apenas un poco mayor, pero hizo lo que pudo para llevarme hasta su puerta, donde me desmayé.

Trey fue a buscar a mi madre, a quien también había salpicado la ira de mi padre.

Los Arden llamaron a un médico y nos pasamos semanas viviendo con ellos mientras nos curábamos.

Knox se sentaba en la cama, a mi lado, y veíamos películas y picoteábamos hasta que los dos nos quedábamos dormidos con la tele encendida.

Por extraño que parezca, aquellas noches son algunos de mis mejores recuerdos.

En más de una ocasión estaba medio dormida cuando oía a mi madre y a la señora Arden hablar bajito, en tono grave. Incluso entonces sabía que mi madre debía dejar a mi padre, pero no tenía la valentía suficiente.

No hay muchas salidas en Nuevo Manhattan para una mujer como mi madre.

Asistió a Amery, pero nunca ejerció de lo que estudió y, con su edad, las perspectivas de un empleo eran casi nulas. Podía elegir entre ignorar el maltrato de mi padre o quedarse sin nada, lo que hubiera supuesto vivir como una sub o, incluso peor, una hueca.

Cuando me siento menos benévola, creo que lo hizo sobre todo por ella misma, pero en realidad sé que también lo hizo por Raine y por mí.

—Vale —le digo a la señora Arden con un suspiro de alivio—. Muchas gracias por preocuparte por ella.

—Cómo no… —Vacila y siento las palabras que flotan entre las dos al otro lado de la línea—. Si hay algo que pueda hacer…

La situación no podría ser más complicada ni aunque lo intentara.

Me he unido a Aria para escapar de su hijo. No sé lo que opina en realidad Molly Arden de nuestro compromiso, más allá de que siempre ha parecido tan entusiasmada como el resto.

¿Sabe en lo que se ha convertido su hijo? ¿Le importa?

—Siento si he hecho daño a tu familia y a Knox —empiezo a decir, pero me interrumpe.

—Haz lo que sea mejor para ti, Poet —dice con firmeza—. ¿Me oyes?

Me tiembla la barbilla y una mezcla de pena y gratitud me oprime el pecho.

—Vale —logro decir—. Tengo… tengo que ir a clase.

—Llámame si necesitas algo. —Es una oferta vana.

No hay nada que pueda hacer ya por mí, pero siempre ha sido amable, y es evidente que le sale por inercia.

—¿Puedes… decirle a mi madre que me gustaría saber de ella? Sé que está enfadada, pero…

Me toco el collar que me pende del cuello, dando vueltas a la máscara entre los dedos, pensando en la mujer que trató de criarme.

Otra pausa incómoda, y después la señora Arden responde:

—Por supuesto. Se lo diré.

—Gracias. —Luego cuelgo y me meto el móvil al bolsillo.

Tengo el corazón tan acelerado que me siento hasta mareada. Quiero tumbarme, pero no creo que pasar el rato en el cuarto vaya a tranquilizarme. Me acuerdo del patio interior que encontré anoche, pero es de día y las clases están a punto de empezar.

Me inclino contra la pared, apoyando la frente, esperando a que se me estabilice el pulso.

Suena la campana y me pongo recta.

Debería buscar a Edward y ver si está bien. Debería encontrar a Trinity.

Debería encontrar a alguien que me eche un vistazo a la rodilla, que me palpita de dolor y parece estar empeorando.

Pero no hago nada de eso.

Cuando estoy lista, respiro hondo y voy cojeando a clase, decidida a ocuparme del resto más tarde.