Storm Breaker (Stormbreaker 1) Capítulo 34
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Capítulo 34

E s casi cómico cómo todos se quedan parados cuando entro en la abarrotada cafetería, un minuto después.

El silencio llena la estancia y solo se oye algún ruido metálico de los cubiertos sobre los platos y los cuencos. Me aclaro la garganta y levanto la barbilla. No me avergonzaré ni me amedrentaré.

Unos fuertes pasos rompen el silencio y siento una presencia tras de mí.

No necesito darme la vuelta para saber quién es.

Reconozco su olor.

Huele a tierra y a naturaleza. Me recuerda a la luz del sol en uno de esos raros días despejados.

Ese pensamiento me desconcierta.

No debería reconocer su olor. Ser capaz de diseccionar las notas y atributos sutiles. Pero no lo pienso más, solo estoy agradecida de no estar ya sola. Me muevo en el sitio y levanto la mirada para ver a Rook de pie a mi lado, observándome mientras la gente nos observa a los dos.

—Entonces ¿alguna vez te acostumbras a esto? —susurro, y él suelta un bufido.

El sonido es tan incongruente que casi me río. Debe parecer que los dos nos estamos volviendo locos.

—Seguid con el desayuno —dice a la gente, casi gruñendo—. ¿No tenéis cosas mejores que hacer que preocuparos por nosotros?

Pasa a mi lado y se acerca a la cola de la comida, ignorando el escrutinio de todos con una indiferencia que no tengo más remedio que admirar. Aprovecho el momento y lo sigo, haciendo que la gente reaccione y se reanude la cháchara del comedor.

Los dos nos movemos por el mostrador, separados por un par de cuerpos. Después de coger el plato, echo un vistazo y lo veo sentado en una mesa cerca de la pared, en la zona de Aria de la cafetería.

Cuando estudio el comedor, clavo los ojos en los de Knox. Nos medimos con la mirada y me fijo en la silla vacía en la que suelo comer. Es difícil descifrar el gesto de Knox, pero ambos sabemos que ya no me puedo sentar en la zona de Fiama. Tampoco es que piense que aún me quiere ahí.

Me recuerdo que ese era el plan. Distanciarme.

Aparto los ojos y me dirijo hacia Rook.

Todo el mundo me observa cuando dejo la bandeja frente a él. Levanta la mirada y enarca una ceja.

—Ah, ¿ahora te quieres sentar conmigo? —pregunta—. Tus amigos ya no te quieren, así que ¿ahora sí que soy lo bastante bueno para ti?

Doy un paso atrás, sus palabras me sientan como una bofetada. Se me empañan los ojos y, deprisa, vuelvo a coger la bandeja.

—Yo… yo… Creía…

—¿Qué? ¿Que podíamos ser marginados juntos?

Tiene toda la razón. ¿En qué estaba pensando? Que, de algún modo, ¿ahora estábamos en el mismo equipo? No he hecho otra cosa que portarme fatal con él, y Knox ha sido todavía peor.

—Lo siento —murmuro.

Me doy la vuelta para marcharme, pero me coge de la muñeca con delicadeza. Su mano es cálida, la piel un poco áspera, y a mí se me empieza a acalorar todo el cuerpo.

—Siéntate —dice con voz grave y ronca, como si le molestara hacerlo, pero aun así me invita a quedarme.

—No pasa nada, yo…

—Que te sientes —dice, con más firmeza en esta ocasión.

Me suelta la muñeca y veo cómo se seca la palma en el muslo. Aprieto los labios y luego me hundo en la silla que hay frente a él, respirando hondo cuando me roza con la rodilla.

Se aparta de golpe y yo sacudo la servilleta y me la pongo sobre los muslos, intentando que no me afecte lo poco que parece querer tocarme.

—Gracias —digo, y él levanta la mirada, observándome como si tratara de desentrañar algo.

Gruñe como respuesta, y ataca la comida como si le hubiera hecho algo.

Mientras comemos, saco el móvil, comprobando por enésima vez si mis padres han dicho algo.

Si mi padre me echara la bronca, podría acabar con esto y pasar página.

Sé que nuestra relación está acabada, pero tengo la esperanza de arreglarlo con mi madre, al menos.

Deslizo hacia abajo la serie de mensajes que les he enviado y no han respondido, y me doy cuenta de que lo peor es no tener noticia alguna.

—¿Esperas algún mensaje importante? —pregunta Rook en voz baja, lo que capta mi atención—. ¿De tu amorcito, quizá? Pero, un momento, está allí sentado, ¿no?

Lo dice con tanto desdén que entrecierro los ojos.

—Creo que eso no es de tu incumbencia.

—Pasó a ser de mi incumbencia cuando empezaste a gritarle cerca de donde yo estaba.

Me reclino, entornando aún más los ojos.

—Entonces igual deberías buscar un nuevo sitio en el que «estar».

—Lo he intentado —dice en tono seco antes de coger un trozo de tostada—. No sé cómo, sigues encontrándome.

Estoy a punto de replicar cuando alguien pregunta:

—¿Os importa si os acompañamos?

Domino está con Journey, su parlanchina amiga subalterna.

—Sin problema —digo mientras se sientan a mi lado y al de Rook.

—Entonces, somos los nuevos marginados de Aria, ¿no? —pregunta Domino, aunque no parece que le moleste mucho.

Supongo que ya se ha pasado los dos primeros meses en Amery viendo todo desde fuera.

—Eso parece —digo.

—Soy Journey —le dice a Rook y le tiende la mano, pero él solo se la queda mirando y sigue comiendo.

Me fijo en que el pelo castaño de Journey luce un mechón púrpura y que la trenza de Domino también tiene unas mechas de tono ciruela. Las dos están adaptándose a su nuevo modo de vida.

—Bonito pelo —digo.

Journey sonríe y mueve la melena un poco.

—Hemos pensado que deberíamos intentar encajar.

—El tuyo es increíble —dice Domino—. ¿Cada cuánto te lo tiñes?

Me paso la mano por las ondas púrpura.

—Gracias, cada dos semanas o así.

—Tienes que decirnos quién es tu peluquero —dice Journey. Luego se inclina con un gesto conspirador—. Cuéntame, ¿cómo es ser la hija de un sucesor?

Sus ojos brillan, curiosos. Parpadeo por el brusco cambio de tema y decido que hoy no me apetece fingir.

—A veces es una puta mierda —respondo, y se le desencaja la cara.

—Pero eres la protagonista. ¡Todo el mundo sabe quién eres!

Hago una mueca, pero Journey no se da cuenta de mi incomodidad.

—Te prometo que no siempre es algo bueno. Es difícil soportar las expectativas de la gente.

Arruga la frente y me parece que no le gusta mi respuesta.

—Bueno, yo creo que tiene que ser genial ser así de importante —responde, cogiendo el tenedor y pinchando los huevos, pero entonces lo entiendo.

La fama es una cosa extraña. Los que suelen tenerla quieren escapar de ella y aquellos que la anhelan no pueden entender por qué alguien no la querría.

—Cuando eres una sub, nadie te considera importante —dice—. Así que creo que tiene que ser bonito importarle a la gente. A eso me refiero.

Asiento, porque entiendo su punto de vista, pero ya es oficial, esta conversación me hace sentir incómoda.

—¿Qué tal te estás adaptando? —le pregunta Rook a Domino cuando se vuelve hacia ella—. Tu familia debe estar muy orgullosa de ti.

Me mira durante un breve instante, y me da la sensación de que ha cambiado de tema por mí. Pero ¿por qué iba a hacer eso? Seguro que opina lo mismo que Journey.

—Están bastante contentos —dice con una sonrisa—. Sabíamos que la posibilidad era muy remota, pero siempre he querido unirme a la guardia de las tormentas.

Journey lo mira con gesto inquisitivo.

—¿Qué hay de la tuya? ¿Tienes familia?

Rook aprieta los labios y yo no puedo evitar inclinarme hacia delante, esperando que responda. Rook es como un libro cerrado. Todo un misterio.

¿Quién es? ¿Por qué está aquí?

—Tengo familia —dice con calma—. Somos seis. Soy el mayor, con dos hermanos y una hermana.

—Ah —dice Journey, abriendo más los ojos—. He oído hablar de eso. Los solitarios tienen un montón… —baja la voz— de bebés. En plan…, un montón.

Lo que implica esa afirmación está claro: los solitarios no pueden controlarse, como los animales que todo el mundo dice que son.

Rook aprieta la mandíbula y veo un destello de algo en sus ojos.

Con una mirada asesina, se levanta, agarra la bandeja y se marcha sin decir una sola palabra.

Lo observamos mientras la lanza sobre el mostrador de recogida, haciendo que suenen los platos y utensilios, y luego abandona furioso el comedor.

Journey abre los ojos de par en par.

—¿Qué he dicho?

Muevo la cabeza de lado a lado y luego me levanto para marcharme.

—Yo también debería irme —les digo a Domino y Journey.

Después de dejar la bandeja, con solo un poco menos de ruido que Rook, voy directa hacia la puerta.

Tengo quince minutos antes de clase y vuelvo a sacar el teléfono para ver si mis padres o Trinity han dicho algo.

Nada.

Me planteo llamar a mi madre, pero decido concederle un par de días más. ¿Para qué? ¿Para que se calme? ¿Para que calme a mi padre? ¿Para que me deje de odiar por todo lo que he hecho?

¿Y si mi padre se enfadó tanto que le hizo daño?

Se me encoge el estómago con una preocupación infinita.

Así que llamo a alguien que espero que me pueda ayudar.