Storm Breaker (Stormbreaker 1) Capítulo 33
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Capítulo 33

C uando vuelvo me encuentro la habitación vacía.

Escribo a Trinity, porque de verdad que tenemos que hablar de lo que ha ocurrido. Luego me limpio la sangre de la cara y hago lo que puedo para curarme antes de ponerme el pijama.

Al deslizarme bajo las sábanas, me late la rodilla. Hoy me he dado un golpe muy fuerte, y puede que mañana me cause problemas en el entrenamiento, pero me obligaré a terminarlo.

Cuando Lacey y Winter vuelven, me hago la dormida para no tener que hablar con nadie. Por mucho que tema mudarme a la casa Aria, la verdad es que no veo el momento de poner algo de distancia entre nosotras.

Doy por hecho que Trinity ha ido a buscar a Edward, y me pregunto cuáles serán ahora sus planes. Salir con alguien de otra casa no es que no haya tenido precedente antes, pero no pasa casi nunca, y para casarse sí que hace falta que ambas partes de la relación sean admitidas en la misma casa.

Mientras espero a que vuelva, me duermo y me despierto a ratos en un estado de ansiedad perpetua. Doy vueltas y más vueltas, repitiendo en la cabeza la conversación con mi madre.

Nunca olvidaré su cara cuando he roto para siempre lo que fuera que había entre nosotras.

En algún momento debo ceder al agotamiento, porque, cuando vuelvo a abrir los ojos, la luz de la madrugada se filtra por los bordes de las cortinas. Parece como si me hubieran pateado, golpeado y retorcido sin piedad.

El reloj me dice que es demasiado temprano para estar despierta, pero dudo que sea capaz de volver a dormirme.

Me doy la vuelta y echo un vistazo al cuarto para encontrarme a Trinity durmiendo a pierna suelta, roncando con suavidad.

También es su última noche en este cuarto y, a pesar de todo, siento alivio al saber que vamos a hacer esto juntas.

Me duele la rodilla cuando me levanto y me acerco cojeando al baño para ducharme. Cuando salgo, Trinity está vestida y sentada en el borde de la cama, pasándose la palma de las manos por los muslos.

—Hola —susurra, sabiendo que Lacey y Winter siguen durmiendo.

—Ey —digo—. Deberíamos hablar.

—¿Mejor en otro sitio? —Señala a nuestras compañeras con la cabeza—. Tengo que reunirme con Stevie antes del desayuno para que me asignen una nueva habitación.

Suelto un suspiro.

—Yo también.

Parpadea y tarda un instante en procesar mis palabras.

—Poet, ¿de verdad que…?

—Aquí no —respondo, de nuevo señalando a Winter y Lacey—. Vamos a otro lado.

Asiente y mete un par de cosas en una mochila, mientras me visto y hago lo mismo.

Se llevarán mi equipaje más tarde, pero, de momento, agarro lo básico para pasar el día.

Salimos en silencio y casi no hablamos mientras vamos a la biblioteca. Está prácticamente vacía, así que encontramos un rincón donde no podrá escucharnos nadie.

—Cuéntamelo todo —dice Trinity.

Le relato todo lo que pasó la noche anterior: cómo se me dieron dos opciones y que, cuando elegí ambas… o ninguna, según se mire, me dejaron a mí la decisión final.

—Pero ¿por qué? —pregunta Trinity—. ¿Por qué has elegido Aria?

Suspiro y niego con la cabeza.

—En parte por mí. En parte por ti.

A Trinity se le empiezan a llenar los ojos de lágrimas. Se las enjuga con el dorso de la mano.

—No deberías haberlo hecho.

Me encojo de hombros.

—Haría cualquier cosa por ti, Trin. Ya lo sabes. Y ahora no tendré que casarme con Knox. Espero que sea feliz con Winter.

Se le marca una línea entre las cejas.

—Pero tu padre…

—He destrozado a mi familia —digo con voz ronca—. Lo sé.

Le cuento la terrible conversación con mi madre.

—Pero empezaron ellos. No me dejaron elección. —Trato de decirlo con voz firme, como si de verdad me lo creyera.

Ellos no querían hacerme caso, pero ¿y si he reaccionado de forma desproporcionada? Tal vez las cosas no hubieran ido tan mal con Knox. Pienso en los moratones que me dejó en el brazo, recordándome que, a pesar de las consecuencias, la alternativa era mucho peor.

Trinity asiente y las dos nos quedamos calladas durante un rato.

—No vas en serio sobre lo de unirte al E-scuadrón, ¿verdad? —digo, bajando la voz—. Solo era para entrar en Aria, ¿no?

—No —dice con un gesto de confusión—. Sí que quiero unirme a ellos.

—Pero ¿por qué?

—Ya no soy de Fiama y tengo que hacer algo.

—Pero ¿no quieres hacer algo… bueno? —Me sale un tono un poco agudo y ella frunce el ceño.

—Estoy haciendo algo bueno. Protegeré a todos del peligro que suponen los centinelas infectados.

Sacudo la cabeza.

—¿No crees que lo que hacen es, por así decirlo, terrible…?

Me interrumpe un pequeño grupo que entra en la biblioteca. Llevan las camisetas de color rojo oscuro de los reclutas del E-scuadrón y nos observan a Trinity y a mí.

—Claro que no —dice Trinity—. Desempeñan un papel esencial en nuestra Sociedad. Un papel esencial en nuestra nueva casa.

El recordatorio es como un jarrón de agua fría. Me he unido por voluntad propia a la casa cuyo deber es ocuparse de la gente como yo. Ahora vivo entre ellos, arriesgándome más a que me descubran. Voy a vomitar.

Saco la botella de agua del bolso y doy un trago largo, tratando de asentar el estómago. Tengo que convencerla para que no haga esto. De algún modo. Ella es mucho mejor que esas bestias.

Me pongo tensa cuando los reclutas del E-scuadrón se acercan y luego se me corta la respiración al ver que se paran en nuestra mesa.

Una mujer va delante de dos hombres. Veo que es la misma persona con la que hablaba Trinity hace unos días.

Se me había olvidado por completo hasta ahora.

Es alta, delgada, con rasgos afilados. La camiseta sin mangas que luce revela unos brazos bien definidos.

—Robins —dice con una sonrisa—. Nos hemos enterado de que anoche pasaste la prueba.

Trinity asiente con entusiasmo.

—Por los pelos.

Me gustaría saber qué tuvo que hacer.

La chica le da una palmadita en el hombro.

—Compartirás habitación con las chicas y conmigo —dice—. Vamos. Te enseñaré dónde es.

—¿De verdad? —pregunta Trinity, abriendo los ojos de par en par como si hubiera ganado alguna especie de premio—. ¡Gracias!

—No hay de qué —dice la chica, desviando la mirada hacia mí, mientras yo trato de no encogerme de miedo.

—Ay, lo siento —dice Trinity—. Esta es Ruby. Y estos son Tapia y Axel. —Recuerdo a Tapia de cuando intentó intimidarme después de mi primera prueba. A la luz del día sigue pareciendo un muro imperturbable—. Esta es mi mejor amiga, Poet Graves.

Ruby se cruza de brazos y ladea la cadera.

—Sabemos quién es —confirma—. Hemos oído que también te vas a unir a Aria. —No lo dice con ningún tipo de orgullo, solo con recelo.

Genial, la noticia ya está en la calle. No debería sorprenderme.

¿Dos personas cambiando de casa en la misma noche? Eso corre como la pólvora.

—Sí, y hablando de eso —digo—. Tengo que ir a buscar a Stevie.

Los tres miembros del E-scuadrón me están poniendo los pelos de punta y no quiero estar cerca de ellos.

—¿Estarás bien? —pregunta Trinity, insegura.

No puede querer de verdad irse con ellos. Pensaba que compartiríamos habitación. ¿No era eso parte del motivo por el que elegí unirme a Aria?

—Sí, luego nos vemos.

—Claro —dice.

Qué mierda. Agarro mi bolso y me pongo de pie mientras Ruby y los otros se sientan en las sillas vacías. Me despido deprisa, pero Trinity ya está sumida en la conversación con sus nuevos amigos, y no responde.

Así que me dirijo al salón principal, donde me encuentro a Stevie distraída, apoyada contra una columna, vestida con el púrpura de la guardia de las tormentas.

—No estaba segura de si te presentarías —dice, mirándome de arriba abajo.

—Sí, bueno, me he planteado escaparme a las Cloacas.

Con esa salida consigo que se ría.

—¿Has hablado con tu padre? —pregunta Stevie.

—Sí —respondo—. Con mi madre, al menos.

Stevie parpadea.

—¿Qué tal ha ido?

—Todo lo bien que te puedes imaginar.

Me estudia, lo más seguro que preguntándose qué Cielos es lo que me pasa.

«Eso mismo pienso yo, Stevie, eso mismo».

—¿Ha encontrado el E-scuadrón a tu amiga? Se supone que le van a enseñar su habitación.

—Sí —digo—. La han encontrado. ¿Estará… bien?

Stevie ladea la cabeza.

—¿Por qué no iba a estarlo?

—No lo sé. Parecen… intensos.

Se ríe y me da la sensación de que coincide un poco conmigo.

—Ahora es una de ellos. Son muy leales a los suyos.

Eso suena escalofriante.

Echo un vistazo al salón casi vacío.

—¿No deberíamos irnos ya? Tengo que desayunar e ir a clase.

¿Vas a hacer una pausa en este libro?

Es un buen momento para guardar otra lectura en Inepub .

—Estamos esperando a otra persona —responde Stevie cuando oigo pasos tras de mí.

Me vuelvo y me encuentro a Rook acercándose tranquilo a nosotras. Luce el gris de los de primero: una camiseta y pantalones negros con las botas reglamentarias. Los tonos oscuros le quedan muy bien.

Se acerca con su habitual gesto estoico. Su llegada hace que el corazón me retumbe contra las costillas, y le exijo que se comporte. Pero, claro está, no me hace ni caso.

Si a Rook le ha sorprendido descubrir que he abandonado Fiama, no lo demuestra.

—Buenos días —dice, haciendo ese gesto tan suyo de pasarse la mano por el pelo.

Me quedo mirándolo demasiado rato, a lo que enarca una ceja antes de apartar la vista.

—Entonces ¿cuánta gente se unió a Aria ayer? —pregunto, y Stevie suelta una carcajada.

—Hay unos cuantos —responde—. Pero, desde luego, vosotros dos sois los más interesantes. —Se aparta de la columna—. Vamos, aspirantes novatos.

Nos encaminamos hacia la escalera que sube en el otro extremo del salón, e intento apartar la sensación de que estoy cruzando el umbral del infierno.

Es solo otra serie de habitaciones compartidas, cálmate.

Tener a Rook detrás con sus pasos seguros y decididos me hace sentir un poco mejor, en realidad.

A medio camino, Stevie se detiene y me mira, buscándome la cara. Si no fuese más sabia, diría que luce preocupada. Abre la boca y luego la cierra, antes de darse la vuelta y seguir subiendo.