Capítulo 31
E l silencio que reina en la sala es asfixiante.
Devon y Stevie intercambian una mirada y luego Devon toma la palabra.
—Poet, ¿estás segura?
«No. Sí. No lo sé».
—Estoy… segura —digo, con la esperanza de que suene con más confianza de la que siento.
Lo más probable es que no.
Devon menea la cabeza y se frota la nuca con la mano.
—Dijisteis que podía elegir y esta es mi elección.
Estoy cometiendo un error. Voy a destrozar a mi familia. Con esto estaré más cerca de los extinguidores y su escrutinio. Pero… Trinity me necesita, y puede que sea lo que me haga falta para librarme de Knox de una vez por todas.
—¿Tiene esto algo que ver con Knox? —me pregunta Devon, casi como si me hubiera leído la mente—. Porque no puedes tirar todo por la borda solo para cabrear a tu padre. Entiendo que ahora mismo se sienta bien, pero tienes que pensar en el futuro.
¿Es eso lo que estoy haciendo?
Pero yo no quiero cabrear a mi padre. Eso sería una tontería.
Lo que yo quiero es tener voz y voto en mi propia vida.
Esta elección me complicará la vida en muchos aspectos. No sé por qué le importa tanto a Devon, pero ya estoy harta de preocuparme de cómo les afectan mis decisiones a los hombres en mi vida.
Él, de hecho, ni siquiera forma parte de mi vida. ¿Por qué le importa, entonces?
Me vuelvo a Stevie, que está presenciando en silencio toda la conversación.
—¿Me aceptará la casa Aria? —pregunto.
Ella me observa con atención.
—Tengo que admitir que no me hacía demasiada gracia la idea —dice—.
Se supone que estas pruebas son una elección clara y sencilla, pero verte salvar a los dos…
—Me mira de arriba abajo con un evidente gesto de aprobación—.
Te hace mucho más interesante de lo que creí al principio. ¿Por qué lo has hecho?
—Me pareció… que era lo correcto.
Stevie asiente.
—No puedo obligarles a que les caigas bien. Sabes que eres la hija del sucesor de una casa rival, ¿verdad? Nadie confiará en ti. Todos creerán que eres una espía o que pretendes sabotearnos de alguna forma.
Suelto un bufido.
—¿Tú crees que soy una espía?
Stevie arruga la nariz y se cruza de brazos.
—No creo que seas una espía. Creo… —Menea la cabeza—. Bueno, no importa lo que yo crea. Nadie te lo impedirá si quieres jurar lealtad a la casa Aria.
—Pero tendrás que ser tú la que se lo diga a tu padre —dice Devon.
Claro. Por supuesto.
—¿Qué hay de Trinity? —pregunto—. Me acaba de decir que también pretende jurar lealtad a Aria.
Stevie suspira.
—Sí. Otra cosa de la que tengo que ocuparme. —Niega con la cabeza—. Esta noche ha puesto todo patas arriba. ¿Lo has hecho por eso? ¿Por tu amiga?
Me encojo de hombros.
—En parte.
Stevie me elogia con otra mirada.
—Tiene suerte de tenerte.
—¿Me van a odiar todos? —le pregunto a Devon.
Cuando termina una historia, otra puede esperar cerca.
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Arquea una ceja.
—¿Qué otra cosa podrías esperar?
Suspiro.
—Es todo tan estúpido y arbitrario…
Noto cómo los dos se quedan paralizados.
—Mejor que te guardes esa opinión para ti —dice Devon, con un tono cortante.
—Sí. Lo siento. —Me froto la cara.
—Tendrás que cambiarte de cuarto —dice Stevie—. Podemos hacerlo mañana.
—Entonces ¿ya está? —pregunto.
—Ya está —dice Stevie—. La ceremonia de juramento será en un par de semanas y entonces serás una de los nuestros.
Hace una mueca y casi suelto una carcajada.
—No soy tan mala una vez que me conoces —digo con optimismo, y ella me dedica una mirada inquisitiva.
—Creo que estás a punto de convertirte en un enorme grano en el culo —dice, y en esta ocasión sí que me río.
Puede ser.
Lo más probable.
Casa Aria. Nunca me lo había planteado de verdad hasta hace unos minutos.
Esta podría ser mi oportunidad de escapar.
Tal vez.
O puede que en realidad me esté construyendo una jaula más pequeña todavía.
—Vale, entonces ya te puedes ir —dice Stevie—. Bienvenida…, supongo.
Con ese rotundo apoyo, salgo del salón para encontrarme a Knox fuera, caminando de un lado a otro. Se detiene al verme y, de pronto, las implicaciones de mi decisión me caen como una losa en el pecho.
—¿Y bien? ¿Qué ha pasado? —pregunta.
Trinity espera a su lado con una mirada expectante.
Abro la boca, pero no soy capaz de decir nada.
Debe leerlo en mi rostro, porque abre los ojos de par en par.
—Poet, dime que vas a jurar lealtad a la casa Fiama. ¡Dilo!
Niego con la cabeza y las lágrimas se me agolpan en los ojos.
—Me tengo que ir —consigo decir, luego me doy la vuelta y empiezo a andar. Cuando noto a Knox detrás de mí, me detengo y me vuelvo hacia él—. No me sigas. Necesito estar sola un rato.
Por algún motivo, me hace caso. Lo más probable es que esté en shock.
Aprovecho la oportunidad para escapar, andando lo más rápido que puedo.
—¡Poet! —grita—. ¡Vuelve aquí!
Pero no puedo.
Ya he tomado mi decisión.
Ahora es el momento de afrontar las consecuencias.