Capítulo 26
L a pelea con Knox me persigue durante los días siguientes. Todo el mundo nos vio gritarnos, y es humillante. Quizá más todavía por el hecho de que Rook fuera testigo de todo. No entiendo por qué salió a defenderme, pero de todas formas me siento muy agradecida.
Estoy frente al espejo del baño, examinando los moratones que me dejó Knox en el brazo, y luego me bajo la manga de la camiseta para esconderlos.
Lo último que necesito es hablar de esto con nadie. Ya sé que no debería pasarlo por alto, pero solo ha sido una vez y… Suspiro. Incluso yo oigo lo ridícula que sueno.
Pero no sé qué hacer. ¿A quién se lo diría? A mi padre, desde luego, le daría igual, y ahora mismo es el único que puede salvarme de ese futuro.
Luego bajo a la cafetería y mis amigas me salen al paso.
—¡Poet! —dice Silver, rodeándome en un abrazo—. Apenas sabemos nada de ti estos días.
—¿Qué tal estás? —pregunta Hazel, con una mirada afilada pero amable.
—Estoy bien —respondo un poco seca.
No hemos hablado porque no he estado respondiendo a sus mensajes, pero ellas me han estado evitando en público.
—Nos hemos enterado de lo que pasó con Knox. ¿Y lo de la general Sol? Cuando te pidió que te quedaras a hablar con ella, no me lo podía creer. Menudo honor —dice Silver, entrelazando su brazo con el mío—. ¿De qué quería hablar?
Se me cae el alma a los pies. Mi instinto era correcto, lo que quiere es enterarse del cotilleo.
—De nada importante —respondo, liberando mi brazo del suyo—. Hablando de Knox, llego tarde a comer.
—¿Estáis bien? —pregunta Hazel, parpadeando con esos ojos oscuros y esas largas pestañas.
—Claro —digo—. Nos vemos luego.
Hago un gesto de despedida con la mano por encima del hombro y me voy deprisa; no estoy de humor para un interrogatorio ni para explicar cómo nos va a Knox y a mí.
Desde nuestra discusión, está incluso más pendiente de mí que antes.
Creo que es porque quiere demostrarle a todo el mundo que estamos bien y que tiene las cosas bajo control.
Al fin y al cabo, si no puede controlarme a mí, su pequeña e indefensa prometida, ¿cómo podría ser capaz de dirigir nuestra casa?
Y es por eso que no puedo mantener lo de la formación de cadetes en secreto demasiado tiempo.
Unos minutos después, estamos haciendo cola cuando la persona encargada de servir la comida me ve.
—¿Poet Graves? —pregunta. Yo asiento, a lo que se gira y deposita una bandeja en la encimera. Es un plato enorme con pollo, verduras y pasta—. Esto es para ti.
—¿Qué es eso? —pregunta Knox, entrecerrando los ojos—. ¿Por qué te preparan un plato especial?
—Por nada —digo, cogiendo la bandeja después de dar las gracias.
Knox se llena el plato y me sigue por el comedor.
Echo un vistazo a la sala y veo a un grupo de estudiantes de segundo charlando junto a la puerta.
Luego diviso a Jackson y Sal en una mesa hacia el fondo.
Preferiría comer sola, pero sé que Knox me montaría un escándalo, así que no me queda otra que aceptar su presencia.
—¿Qué es lo que no me estás contando esta vez? —dice Knox en tono acusatorio cuando nos sentamos enfrente de Jackson y Sal.
Cojo unos fideos con el tenedor y me los meto en la boca.
—Es solo…
—Eso es comida de cadetes —dice Jackson, observándome.
No hay ningún tipo de juicio en su voz, solo un tono de duda y tal vez un poco de preocupación. Menudo bocazas.
—¿Comida de cadetes? Poet, dime que no lo has hecho —dice Knox—. Dime que no te has apuntado.
Suspiro y vuelvo a coger fideos con el tenedor.
—¿Qué pasa si lo he hecho?
—¿Estás hablando en serio? ¿No crees que ya estás metida en bastantes problemas?
Me encojo de hombros y doy otro bocado.
—¿Y no es justo por eso por lo que no debería importarme? No es como si mi padre pudiera enfadarse aún más conmigo.
Sal resopla desde el otro lado de la mesa.
—Creo que estás subestimando al sucesor Graves.
Frunzo el ceño, sabiendo que lo más probable es que tenga razón.
—Poet… —dice Knox y yo levanto la mano.
—No quiero escucharlo. Lo voy a hacer. Seguiré con todas mis otras clases, tal y como se espera que haga. Si suspendo la formación, que así sea. Terminaré el grado general como quiere mi padre.
—¿Y si no suspendes?
Entiendo que para él eso sería el peor escenario posible, pero no puedo evitar sentir una pequeña sensación de satisfacción al saber que él cree que podría terminarla.
—Bueno…, eso es un problema con el que lidiaré cuando llegue el momento.
Knox me lanza una mirada asesina, con la mandíbula tensa. Puedo ver cómo le da vueltas a la cabeza, tratando de pensar una forma de hacerme cambiar de opinión.
—Por favor —digo, con la esperanza de apelar a su sentido de la decencia.
Sé que tiene que estar ahí, en algún lado.
Solía quererlo, e, incluso aunque no fuera de una forma romántica, éramos amigos.
Ese chiquillo que quería protegerme de mi padre durante tantos años tiene que estar ahí, en alguna parte—.
Déjame hacer esto. No hago daño a nadie. Tengo que intentarlo.
—¿Con qué objetivo? —pregunta, y yo trato de no estremecerme.
Buena pregunta, de hecho. Según mi padre y él, nunca podré ser una quiebratormentas. Pero, una vez más, me guardo cualquier impulso de rebelión.
—Para demostrarme que puedo hacerlo. —Hago una pausa y tomo aire con fuerza—. Y por Raine.
Ya sé que es jugar sucio. Es un golpe bajo utilizar el nombre de mi hermano de esta manera. Pero sé que Raine me apoyaría. Sé que le parecería bien.
Jackson dice «ah», con pena, y hace un pequeño puchero con el labio inferior.
—¿Cómo vas a decir que no a eso? —pregunta, y creo que en este momento Jackson es mi persona favorita de todo el universo.
—Tiene razón —añade Sal—. Mírala. Solo quiere honrar la memoria de su hermano.
No me puedo creer que me estén defendiendo. Contengo el aliento, con temor a fastidiar este momento en el que están dando la cara por mí. ¿Quién hubiera pensado que Jackson y Sal me echarían una mano?
—Además, no será capaz de terminar el primer año —añade Sal, y ese instante de admiración por él se desvanece.
Sigue comiendo, claramente ajeno al hecho de que me acaba de insultar, pero lo dejo pasar, porque parece que Knox está considerando los argumentos de sus amigos.
Cómo no… ¿Por qué escucharme a mí cuando se trata de mi propia vida?
Por supuesto que las opiniones de sus amigos deben ir por delante.
—Bien —dice Knox, y yo suelto el aire que estaba conteniendo—. Pero que quede entre nosotros. Si Grady o mi padre se enteran…
—Créeme, no tengo intención de contárselo a ninguno de los dos —digo, preguntándome cuándo narices ha empezado Knox a llamar a mi padre por su nombre de pila.
Aprieta los labios y se pone a devorar la comida sin decir una palabra más. Creo que he ganado esta batalla, y odio tener que estarle agradecida, pero supongo que es a eso a lo que he quedado reducida.
En cualquier caso, lo acepto.
Cuando cojo el tenedor, veo a Trinity en el otro extremo de la cafetería.
Está sentada frente a una chica con pelo castaño oscuro y la camiseta de color rojo burdeos oscuro que la señala como parte del E-scuadrón.
Trin escucha con atención mientras la chica habla y yo arrugo el ceño, preguntándome que están haciendo juntas.
—¿Qué tal la segunda prueba de iniciación anoche? —le pregunta Knox a Sal, haciendo que me vuelva a centrar en ellos.
—Bien —dice, y aparta la mirada.
—¿La has superado?
—Joder, claro que la he superado —dice Sal—. ¿Por quién me tomas?
—¿Qué tuviste que hacer? —pregunta Jackson.
—Ya sabes que no te lo puedo contar —responde Sal.
Tiene razón. Nadie puede revelar los detalles de la segunda y tercera prueba de su iniciación, pero eso no significa que todos cumplan con esa norma.
—Cuéntanoslo —dice Knox, queriendo saber más.
La segunda prueba está diseñada para sacar a relucir nuestras debilidades y miedos. ¿A qué le tiene miedo Knox?
—Que no, joder —suelta con brusquedad Sal, y es evidente que Knox está tocando una fibra sensible.
Son amigos de toda la vida y siempre han sido leales el uno al otro, pero Knox es muy competitivo.
Sal siempre cae en las provocaciones de Knox, mientras que Jackson suele ignorarlos a ambos cuando se ponen en ese plan.
Después de eso, parece que ninguno tiene muchas ganas de hablar, así que seguimos comiendo en silencio, envueltos en el bullicio de la cafetería.
Trinity se ha marchado y ya no veo a la chica con la que estaba hablando.
Escudriño toda la sala y me fijo en Stevie y los miembros de la casa Aria mientras reflexiono sobre la próxima ronda de la iniciación.
¿Cuál será mi siguiente prueba? No me pueden pedir que repita la misma, así que no pueden hacer que me pelee con nadie.
Pero podrían seguir pidiéndome que hiciera daño a alguien.
Si me niego, me quedaré sin casa. Cierro los ojos al pensarlo, preguntándome si me atrevería a hacerlo.
Me quedaría apartada de todos y todo lo que conozco.
Podría considerar hacer las pruebas de Tera o Asale, pero no tengo ni idea de qué tipo son. Podría ser algo igual de horrible. O algo de lo que no tengo ni idea. ¿Y si Asale me pide que diseñe una herramienta o el código de un programa de ordenador? Suspendería antes de empezar siquiera.
A fin de cuentas, el objetivo del aspirante es demostrar su valía. Demostrar que merece formar parte de la Sociedad. Y, tal y como Stevie me dijo aquella noche en la torre de fuego, no lo pueden poner demasiado fácil.
De pronto, se me revuelve la comida en las tripas, y dejo caer el tenedor con un estruendo.
—Debo irme. —Me levanto de la mesa y, sin esperar una respuesta, me marcho y voy a por mis cosas a la habitación.
Hoy tengo mi primera sesión de gimnasio y tengo ganas de llegar pronto.
Quince minutos más tarde entro en el gimnasio, con el sonido atronador de la música resonando por unos altavoces que están en lo alto, el leve murmullo de la conversación y el clinc clonc de las pesas.
Inhalo el aroma a goma y sudor, emocionada de una forma extraña por participar en un entrenamiento obligatorio.