Capítulo 24
M e apresuro por los pasillos y echo un vistazo al móvil justo cuando suena otra notificación. Se me ilumina la cara al ver que es nuestro chat grupal.
Silver qué quería la general???
Hazel todo el mundo está hablando de ello. qué ha pasado?
Silver qué tal estás, trin?
Silver te encuentras mejor?
Un instante después, se me vuelve a caer el alma a los pies.
Echo muchísimo de menos a mis amigas, pero ¿qué les puedo contar?
No puedo asegurar que nada de lo que les diga seguirá siendo un secreto entre nosotras.
El lugar de una joven en la Sociedad es siempre precario, y conocer los secretos de dos de las estudiantes de la facultad sobre las que más se habla puede ser una especie de capital social.
No sé si lo utilizarían, pero Amery nos está cambiando a todos.
Me guardo el móvil sin responder y me doy prisa por llegar a mi destino, apartando a Silver y Hazel de mis pensamientos.
Doblo la esquina y me encuentro a un guardián de las tormentas de pie junto a unas altas puertas de metal, reforzadas con bandas y cerrojos controlados desde un panel electrónico.
El tío es enorme. El arnés metálico de color púrpura que le cruza el pecho y los hombros y el mono negro sin mangas dejan a la vista unos brazos grandes.
Hace un gesto con la barbilla a modo de bienvenida.
—¿Nombre? —pregunta.
—Poet Graves —digo, y él levanta la cabeza.
—La hermana de Raine.
Asiento, con un nudo en la garganta.
El hombre no dice nada, solo me hace un leve movimiento con la cabeza que parece un gesto de respeto antes de presionar un botón del panel de control.
Las puertas se abren con un silbido y me indica que pase adentro.
Cruzo el umbral y me encuentro en una sala enorme, con el techo muy alto.
Está repleta de una fila de camas, todas acristaladas y al lado de varias máquinas e instrumentos.
Casi parece un hospital, aunque dudo que se vaya a curar a nadie aquí hoy.
Ya hay alrededor de una veintena de estudiantes y yo me fijo de inmediato en Rook, que se apoya contra la pared en el extremo opuesto de la sala, con el pelo sobre los ojos y los brazos cruzados en el pecho.
Varias personas de la casa Fiama me lanzan miradas gélidas, pero ninguna a la que conozca a fondo. Solo mis amigos más cercanos saben que mi padre no aprobaría mi presencia en esta sala, así que nadie aquí tiene motivos para contárselo.
La mayoría de los estudiantes son de la casa Aria y todos me están mirando de arriba abajo. El resto es una mezcla de gente de Asale y Tera.
Luego diviso a Domino y a su amiga sub tan parlanchina, Journey, de pie al fondo de la sala. Me sonríen y las saludo con la mano, aliviada al ver una cara amable. Necesito aliados con urgencia. ¿Tal vez incluso amigos?
Por último, me giro hacia la puerta, donde hay tres guardianes de la tormenta, incluido Henry, el exnovio de Raine. No sabía que ahora fuera instructor.
Detrás de él veo algo que me provoca un escalofrío por la espalda. Dos extinguidores, con sus uniformes rojo sangre, parecidos a los de la guardia de las tormentas, pero con un arnés de cuero negro.
¿Por qué están aquí?
Algunos de nosotros también se han fijado en ellos y la mayoría parecen tan incómodos como yo con su presencia. Sospecho que es porque los dos hombres son aterradores, con su gesto duro y sus armas, y no porque los demás también estén ocultando un secreto.
Henry da un paso al frente y entrelaza sus enormes manos en la espalda. No le hace falta decir nada para que la clase se quede en silencio. Tan solo nos observa hasta que todos le prestamos atención, cautivados.
—Bienvenidos —dice en tono seco—. Sois los únicos con la valentía suficiente como para intentar iniciaros en la guardia de las tormentas. Felicidades por haber dado este primer paso.
Suena como un cumplido, pero parece más una advertencia. Y no creo que sea la única que lo vea así, a juzgar por esas miradas nerviosas que recorren la sala.
—Soy el teniente Henry Crawford, quiebratormentas de nivel cuatro. —Hace un gesto a izquierda y derecha—. Conmigo están Brooklyn Lee y Chandler Pierce, ambos quiebratormentas de nivel tres.
Brooklyn es alto y delgado, mientras que Chandler es fuerte como un toro. Los dos hacen un gesto con la cabeza tras la presentación de Henry.
—Los tres seremos los encargados de orientaros por todos los aspectos de la formación de cadetes durante los próximos meses. Y vamos a empezar con esto.
Señala las camas que hay al fondo de la sala.
—Formar parte de la guardia de las tormentas supone salir a las torres, donde os encontraréis a menudo expuestos a la centella.
Algunos sencillamente no estaréis hechos para la vida en la guardia a causa de vuestra vulnerabilidad inherente.
Algunos tendréis una gran resistencia innata, y otros ninguna.
Por eso, la primera prueba es determinar vuestra resistencia.
Aquellos con baja tolerancia a la centella tendréis la oportunidad de uniros a otras divisiones de la Tempestad, como los equipos de investigación y desarrollo, inteligencia, o formación, entre otros.
Una oleada de comentarios con tono de preocupación recorre la sala hasta que Henry levanta una mano.
—Todos los cargos en la Tempestad son importantes y vitales para la protección de Nuevo Manhattan. No lograr entrar en la guardia de las tormentas no es un fracaso en absoluto, sino una nueva oportunidad.
Sé que nadie se cree eso, incluida yo, pero en este aspecto estoy convencida de que lo haré bien.
—Aquellos que tengan una tolerancia natural entrarán en la formación de cadetes —continúa Henry—, y allí se os expondrá a pequeñas descargas bajo estrecha supervisión mientras vais desarrollando la resistencia a la centella poco a poco durante los próximos meses y también durante toda vuestra carrera.
Alguien levanta una mano. Reconozco a Melyssa, de la casa Fiama.
—¿Nos dolerá? —pregunta.
Henry asiente.
—Desde luego. —Bueno, no pretende suavizarlo—. Y tal vez mate a alguno. Casi siempre perdemos a una persona, como mínimo.
Una fuerte inhalación de aire colectiva retumba en la sala.
—Sin embargo, son víctimas inevitables. Solo los más fuertes pueden salir a esas torres.
Melyssa asiente, aunque su habitual tez pálida ahora es lívida, como casi todas las de la sala.
—Y, por supuesto… —Henry esboza una sonrisa con las comisuras de la boca—, a aquellos que demostréis la más alta tolerancia a la centella, a los que seáis los más fuertes y terminéis primeros de la clase —extiende los brazos para incluir a Brooklyn y Chandler— se os invitará a uniros a nuestra fuerza de élite y a que os forméis para convertiros en quiebratormentas.
Todo el mundo estalla en murmullos de emoción al escuchar esa frase. Una oleada de calidez me invade el pecho mientras considero esa posibilidad.
—Si os aceptan en el programa de quiebratormentas, aprenderéis a utilizar una varita atrapacentella.
Como muchos de vosotros ya sabréis, este dispositivo tiene un núcleo de energía galvánica y con él tendréis que capturar y neutralizar centella.
Que quede claro que, si falláis, recibiréis la descarga.
Es por eso que solo podemos aceptar a los mejores.
Más susurros nerviosos en la sala.
Cielos, esto es una pasada.
—Cuando una centella alcance vuestra varita, transferiréis la energía capturada a vuestra respectiva torre de la tormenta para que se pueda descargar en la tierra, y así contribuir a la protección de la población de la ciudad. No es infalible, pero es la mejor defensa con la que contamos.
No hay mayor honor en la guardia de las tormentas, y este ha sido mi objetivo desde que tengo memoria.
Llevo cargando con el peso del secreto de lo que soy desde los siete años, pero puedo utilizarlo para hacer algo bueno.
Salir a esas torres y proteger a la gente que quiero.
Ser algo más que tan solo la esposa de Knox.
—Primero, tendréis que aumentar vuestra masa muscular —continúa Henry—.
Eso supone pasar largas horas en el gimnasio y seguir un programa de nutrición especializado para optimizar el rendimiento y el crecimiento de los tejidos.
Serán madrugones y sesiones hasta última hora de la noche, además de vuestra carga lectiva habitual.
Hace una pausa, como si esperara algún tipo de objeción. Cuando nadie dice nada, sigue hablando:
—Y, por último, aunque vuestra tarea principal es proteger la ciudad de las tormentas, vuestra posición en las afueras os expone a los peligros de lo que allí habita.
—Hace un gesto hacia un punto impreciso en la distancia—.
Estamos bajo la constante amenaza de un ataque por parte de aquellos que viven más allá de nuestras fronteras, aquellos que quieren regresar para hacerse con lo que tenéis.
También deberéis aprender a protegeros. Eso supone adiestramiento para el combate, cuerpo a cuerpo, con un arsenal de armas.
Vuestro trabajo en el gimnasio os será de gran ayuda.
Vuelve a hacer una pausa, dejando que asimilemos sus palabras. Si la intención de todo esto era que nos lo pensáramos, en mi caso solo está consiguiendo que tenga todavía más ganas de unirme.
—La formación también incluirá simulaciones en un entorno controlado, diseñadas para recrear lo que es estar en medio de una tormenta.
Sigue hablándonos de otros ejercicios que tendremos que hacer, y se me encoge el estómago con una mezcla de nervios y expectación.
—Al acabar, una vez que hayáis completado el primer año de formación, se os evaluará —dice Henry—. Un examen final pondrá a prueba todo lo que hayáis aprendido aquí. —Señala con el pulgar hacia su espalda—. Si aprobáis, se os admitirá en el programa de cadetes de segundo.
Termina de hablar, y todos esperamos en silencio.
—¿Alguna pregunta?
Tengo como un millón, pero me muerdo la lengua. No creo que quiera que le empiece a avasallar con mis miedos y preocupaciones. Ya habrá tiempo después.