Storm Breaker (Stormbreaker 1) Capítulo 22
34%

Capítulo 22

A l cabo de pocos minutos me encuentro sola en el patio, bajo una lluvia cada vez más intensa que me empapa el pelo.

En cuanto la general ha dejado claro lo que quería, todos tenían algún sitio al que ir.

Ni siquiera me puede molestar que Trinity y Edward me hayan dejado tirada en cuanto lo ha dicho.

Incluso la decana me ha dejado sola. ¿Eso no supone algún tipo de infracción del protocolo estudiante-facultad?

La general Sol baja del escenario de un salto, impasible ante la lluvia, mientras su guardia del círculo espera un poco más atrás.

De cerca es hasta más intimidante. Me saca varios centímetros, así que tengo que levantar la cabeza para mirarla a los ojos.

Rondará los sesenta y tiene finas arrugas alrededor de los ojos y la boca.

Creo que no lo hace a propósito, pero, por cómo me mira, me siento como un insecto.

—Me han dicho que tuviste ciertos problemas con tu primera prueba de iniciación —dice.

—Sí, general Sol —respondo.

—Conozco a tu padre hace tiempo y he oído hablar mucho de ti. ¿Qué ocurrió?

—Pues… —No sé muy bien cómo explicarlo.

¿Por qué me resulta tan difícil decirle que no podía matar a un ser humano sin motivo?

—Tuve un error de juicio temporal —digo por fin.

Valora mi respuesta, mirándome a la cara.

—Espero no tener que decirte lo importante que es tu posición en la casa Fiama —dice—. No estarás mucho tiempo en Amery, y El Escudo espera tu apoyo y el de Knox. Nuevo Manhattan no puede mantener la paz sin la cooperación de las casas.

Asiento. Claro, ya lo sé. A veces me parece que es lo único que sé.

—Nuestra seguridad pende de un hilo —continúa diciendo y yo parpadeo, sorprendida—.

Los solitarios son cada vez más atrevidos, más agresivos.

Penetran en la ciudad casi cada noche. —Cuando se percata de mi confusión, inclina la cabeza—.

Se está manteniendo en secreto. No queremos que nadie entre en pánico.

—Ya veo —digo, y ojalá hubiera sonado más segura.

No entiendo por qué me está contando esto.

—Pero las amenazas dentro de nuestras fronteras son igual de preocupantes o más.

Tu padre hace un trabajo admirable manteniéndolas bajo control, pero la tensión en la ciudad no deja de crecer, como se demostró con el incidente de la semana pasada.

Un cambio en el liderazgo de Fiama no nos beneficiaría a ninguno.

Hace una pausa para que asimile sus palabras mientras analizo su significado.

Si no me caso con Knox, eso podría suponer una amenaza para el cargo de mi padre.

Si lo destituyen como sucesor, eso podría dar lugar a las mismas revueltas a las que nos enfrentamos en el pasado.

Puede que El Escudo nos gobierne, pero tiene un control limitado sobre a quién eligen las casas como sucesor.

—Pero una casa también es responsable de todas las personas que le han jurado lealtad —continúa—.

La Sociedad debe actuar con la dignidad que corresponde a la posición que le han otorgado, no pelearse en los túneles y hacer que la gente se cuestione los principios que mantienen la estabilidad de nuestro mundo.

Asiento despacio.

—Te estoy contando todo esto porque Knox Arden es joven y tiene que madurar mucho. Creo que algún día será un gran líder, pero le hará falta… que lo orienten. Alguien racional y con la cabeza fría, que lo guíe. Sé por tu padre que eres inteligente y de fiar. Eres el ancla que Knox necesita.

Asimilo sus palabras y me da la sensación de que son como una camisa de fuerza. No solo me obligan a casarme, ahora también soy la responsable del comportamiento de Knox. Nada de esto me sorprende, pero eso no hace que sea más fácil digerirlo.

—¿Eso es todo? —pregunto, y me doy cuenta de que he parecido más impertinente de lo que pretendía.

Me preparo para su reacción, pero la general esboza media sonrisa.

—Tienes carácter. Creo que lo harás bien, Poet Graves. Cuento contigo.

Luego da un paso atrás y me mira de arriba abajo, como si estuviera evaluándome.

—Hay otra cosa —añade—. No tiene nada que ver con todo esto, pero se está informando a los extinguidores de un número cada vez mayor de infectados.

Los están capturando antes de que puedan provocar algún daño, pero son más que nunca.

Lo peor es lo rápido que se vuelven mentalmente inestables.

La mayoría ya son violentos y difíciles de controlar y al resto no les queda mucho.

Hace una pausa y me observa, y noto cómo me arde la cabeza de puro nervio.

—Hazme el favor de compartirlo con tus compañeros para que puedan informar de inmediato si ven cualquier indicio de infectados entre ellos.

—Vale —digo, tratando de que no se me quiebre la voz.

—Y recuérdales a todos que, si se les pilla ocultando su propia habilidad o la de algún otro, su castigo será… desagradable.

Apenas puedo respirar con el nudo que me crece en el pecho. De algún modo, logro expresar una respuesta afirmativa que parece satisfacerla bastante.

—Hasta que nos volvamos a ver, Poet Graves —dice con una leve inclinación, antes de darse la vuelta y marcharse.

Un escalofrío me recorre la espalda al escuchar sus palabras.

Siempre he vivido con miedo, preguntándome si descubrirían mi secreto y cuándo.

¿Por qué de pronto ese momento me parece mucho más inevitable?