Capítulo 19 #2
Él asiente, y luego señala un banco donde nos sentamos los dos.
Apoyo los codos en las rodillas y dejo caer la cabeza, esperando a que se me pasen del todo las náuseas.
Rook se sienta en silencio a mi lado y no decimos nada durante varios minutos.
Escucho el sonido del caos en la distancia mientras se me emborrona la visión y siento un entumecimiento familiar en los brazos y las piernas, mientras trato de imaginarme a mí misma en otro lugar.
Visualizo a la patrulla conteniendo a la multitud.
Las ambulancias recogiendo a los heridos.
Me pregunto qué habrá sido de todos. De los chavales de Aria y del hueco al que, con toda probabilidad, Todd ha matado.
Me pregunto si alguien de Amery ha salido herido y me planteo si tal vez se lo merezcan un poquito.
Luego sacudo la cabeza, tratando de borrar ese terrible pensamiento.
Al final, consigo respirar con normalidad y volver a la tierra, sin esa sensación de estar flotando en mi interior.
Los efectos por haber tocado la tormenta todavía perduran y hacen que los acontecimientos de la última media hora parezcan algo lejano, incluso borrosos en cierto modo.
Pero no lo suficiente como para mitigar el terror de lo que acabo de presenciar.
Observo a Rook, que tiene la mirada fija en la fuente y una arruga marcada entre las cejas.
—¿Estás bien? —pregunta, sin mirarme.
Niego con la cabeza, aunque no tengo claro si puede verlo.
—La verdad es que no.
—Ya —responde, respirando hondo e inclinando la cabeza hacia delante mientras el pelo le cae por la cara.
—¿Qué hacías en el metro? —pregunto.
Despacio, vuelve la mirada hacia mí.
—¿Qué hacías tú en el metro? ¿No estabas en Sogno, como los demás?
Miro al suelo.
—Me fui pronto —digo.
—¿Ah, sí? —pregunta, y estoy segura de que sabe que estoy mintiendo.
Su tono sugiere, sin lugar a dudas, que no me cree, lo que, por alguna razón, me molesta.
—Sí —respondo con brusquedad, mirándolo de nuevo—. ¿Por qué otro motivo iba a estar en el metro?
Se encoge de hombros.
—Por ningún otro motivo, por supuesto, pero ¿no te fuiste demasiado rápido de la biblioteca?
Entonces se pone recto; su hombro roza el mío cuando se vuelve a recostar en el banco. Me clava los ojos durante un instante antes de apartar de nuevo la mirada. Me percato de que no me ha respondido a la primera pregunta, así que no respondo a la suya, devolviéndosela.
—Deberíamos regresar. Es casi la hora del toque de queda y lo último que te hace falta es que te pillen llegando tarde —dice.
Emito un sonido de indignación.
—¿Lo último que «me» hace falta?
Arquea una ceja, y no puedo evitar pensar lo bien que le queda el gesto y lo mucho que eso me molesta. Me fastidia, pero su indiferencia arrogante se me clava como una espina, dándome algo tangible en lo que concentrarme.
—Por lo que dicen todos, te has metido en problemas en los últimos tiempos —dice.
Resoplo con desdén.
—No he hecho nada malo.
No responde y tengo la sensación de que quiere que siga hablando.
Me muero de ganas por preguntarle sobre su propia iniciación, pero me muerdo la lengua.
Me sorprende que la fábrica de rumores no me haya hecho llegar más información, pero mi fuente habitual de noticias es Silver, y la verdad es que ahora no nos hablamos mucho.
No quiero que piense que hay algo en él que me parece cautivador. Ni siquiera debería estar hablando con él. Si mi padre descubre que he estado… No diría «confraternizando», pero que he estado hablando con un solitario, se pondría como un loco.
El aullido de una sirena rompe el relativo silencio y es la señal que hace que Rook se levante.
Lo imito y nos miramos mientras él observa mi rostro, escudriñándome.
Me quedo demasiado conmocionada como para moverme cuando estira el brazo y me toca la mandíbula, acariciándome la mejilla con el pulgar.
Se me corta el aliento cuando se acerca y puedo jurar que se le oscurecen los ojos. ¿Va a besarme? Me inclino, como un planeta lejano atraído por su órbita.
Separo los labios, tengo la boca seca.
—Tienes un arañazo—dice con voz ronca, tensa.
Creo que está temblando. No sé muy bien por qué.
Otra caricia con el pulgar y luego aparta la mano.
Deprisa. Parpadeo, dándome cuenta de que he malinterpretado toda la situación en cuanto me percato de la gota de sangre en su dedo antes de que se la limpie en los pantalones—. Pero creo que vivirás.
Asiento, con un nudo en la garganta y el corazón en un puño. Cielos, qué tonta soy. Recuerdo que además me huele el aliento a vómito. Mejor así.
—Vamos. —Me hace un gesto para que nos pongamos en marcha y nos dirigimos a la calle, serpenteando entre la multitud mientras nuestras manos y nuestros brazos se rozan sin querer de vez en cuando.
Siempre que su piel me toca, me quedo sin aliento.
Por suerte, esa última parada de metro no está demasiado lejos de la facultad y llegamos a la vez que otros estudiantes que regresan de su noche de fiesta. El ambiente general de alegría sugiere que todavía no se han enterado de lo del accidente.
Rook agacha la cabeza y se escabulle cuando varias personas me saludan, preguntándome qué me ha pasado al ver mi arañazo en la cara. No tengo la oportunidad de decirle nada cuando desaparece por una esquina, dejándome sola.
Me acaba de salvar la vida. Me ha sujetado el pelo mientras vomitaba en un cubo de basura.
Me tocado la mejilla con tanta ternura… Y ahora ni siquiera un gesto de buenas noches.
Detesto que me moleste tantísimo.