Storm Breaker (Stormbreaker 1) Capítulo 17 #2
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Capítulo 17 #2

Creo que no toma aire ni una sola vez y yo me descubro apartándome despacio. No tanto de ella como de su lista de preguntas, que hace que me duelan las tripas. Lo último de lo que quiero hablar es de cómo sienta que todo el mundo que conoces te odie.

—Journey —dice Domino, con cierta impaciencia en el tono—. Lo estás haciendo otra vez.

—Ay, sí —dice Journey con vergüenza—. Lo siento.

—Vamos a Sogno —dice Domino, puede que para tapar la metedura de pata de su amiga—. ¿Y tú?

Sigo con el uniforme puesto, está claro que no voy a salir esta noche. Mira detrás de mí como si esperara que apareciera de golpe un grupo de amigos.

—No —respondo—. Tengo deberes. Divertíos. —Entonces, antes de que me puedan invitar a acompañarlas, aunque no es que espere que lo hagan, me marcho. Un segundo después me detengo y me doy la vuelta—. Gracias por dejarme dormir en vuestro cuarto el otro día.

Domino asiente.

—Claro, cuando quieras. Esa cama siempre está libre, por si te vuelve a hacer falta.

Su amiga sonríe en señal de conformidad, aflojando así el fuerte nudo que siento en el pecho. Es un pequeño acto de amabilidad, pero lo agradezco más de lo que se imaginan.

Sin decir nada más, me giro de nuevo y me dirijo a la biblioteca.

Es un viernes por la noche, así que no me sorprende encontrármela vacía.

«Biblioteca» quizá le quede demasiado grande a lo que es este espacio.

He visto fotos de cómo solían ser las bibliotecas en la Era del Calentamiento, cuando todavía se imprimían libros.

Con todo digitalizado, las bibliotecas ahora tan solo son enormes pantallas suspendidas sobre mesas y sillas en las que se trabaja o estudia, y donde se espera que todos hablen en voz baja.

Hay un guardia de seguridad sentado junto a la puerta, con las piernas bien separadas y las manos agarrando los reposabrazos mientras dormita. Busco un rincón tranquilo cuando alguien sale de detrás de una gran pantalla y casi me arrolla.

Rook lleva una tablet en la mano. Va vestido informal, con los mismos vaqueros y las botas de cowboy que llevaba el día que llegó. Dirijo la atención a sus pies.

—¿Dónde las conseguiste? —pregunto.

Baja la mirada y luego la vuelve a subir.

—De un cazatesoros —dice, encogiéndose de hombros.

—¿Hay cazatesoros en las Cloacas?

En cuanto la digo en alto, me parece una pregunta ridícula y su sonrisita me lo confirma.

—Sí. De hecho, nos traen las cosas buenas de verdad antes de ir a la ciudad. —Apoya el talón en el borde de la pata de la mesa como para demostrarlo.

Es difícil discutirlo, la verdad, ya que nunca he visto nada igual antes, salvo en fotos del pasado.

—¿Qué más tenéis? —pregunto, sintiendo curiosidad sobre su mundo, muy a mi pesar. Arquea las cejas, apoya la cadera en la mesa y se cruza de brazos.

—Tenemos de todo —responde con seguridad.

—Eso no es lo que nos han contado.

Suelta una carcajada burlona.

—Soy consciente de ello.

—Entonces ¿por qué has venido aquí?

Entrecierra los ojos.

—Qué curiosa estás hoy, ¿no?

—Sí —respondo, negándome a picar el anzuelo.

—Vale —dice, pasándose la mano por el pelo y flexionando el antebrazo de una forma que me distrae demasiado—. No tenemos de todo. No hay facultades como esta ni casas como las vuestras. Y es mucho más difícil sobrevivir.

Echo un vistazo a la tablet que lleva en la mano.

—Pero sabes leer.

—Sé leer.

—¿Es algo… habitual?

Vacila como si no quisiera responder.

—La mayoría sabe lo básico —dice—. Pero es que tienen otras prioridades.

Asiento. No es que me extrañe escuchar eso.

—He terminado nuestro trabajo de Biología —dice, dando la vuelta a la pantalla.

Desliza el dedo hacia arriba y me muestra el trabajo completo. Lo miro con recelo y echo un vistazo al texto, impresionada por su análisis.

—Si no tenéis facultades, ¿dónde aprendiste todo esto?

—No he dicho que no tuviéramos, he dicho que no son como esta.

Lo miro a los ojos.

—¿Por qué lo has terminado? Has estado faltando a clase.

—He estado evitando a tu novio. —Su tono sugiere que no es porque tenga miedo de Knox, más bien porque le cabrea la idea de tener que volver a darle otra lección sobre el respeto.

—No es mi novio. —Lo digo antes de poder evitarlo.

Rook frunce el ceño, confundido, y luego relaja la expresión. Por suerte, lo hace antes de que se me escape algo de lo que me arrepienta, como estirar la mano y tocarlo.

—¿Ah, sí? —No tengo muy claro por qué eso parece divertirle.

—Sí. —No doy más explicaciones, pero quiero aclararle que no pertenezco a Knox.

—Vale, si tú lo dices. Y he acabado el trabajo porque pensé que sería más fácil así.

Deja la frase flotando en el aire.

¿Más fácil para mí o para él?

—No quiero llevarme el mérito de tu trabajo.

Suelta un bufido.

—No es para tanto. Así me debes una.

Alzo una ceja.

—Bueno, no es que eso me tranquilice, la verdad.

—Da igual, está hecho. Así que, a no ser que quieras rehacerlo sin motivo alguno, tendrás que aceptarlo.

—La próxima vez lo haré yo.

—¿Habrá una próxima vez? ¿Tantas ganas tienes de volver a trabajar conmigo? —Esboza una sonrisa engreída con las comisuras de la boca, y me tengo que contener para no retorcerle el cuello.

—Ya sabes a lo que me refiero…

Un latigazo me recorre la espalda y me arde bajo la piel con tanta fuerza que me da un vuelco el corazón. Me llevo la mano al pecho y doy un par de pasos hacia atrás, a lo que que Rook estira el brazo hacia mí.

—¿Estás bien? —pregunta, y me rodea el brazo con su enorme mano para estabilizarme.

Eso no ayuda a calmar el ritmo al que me late el corazón.

Pero no soy capaz de responder.

Tengo que salir de allí de inmediato.

Sin decir una sola palabra más, me doy la vuelta y me marcho.

—¡Ey! —grita Rook—. ¿Dónde vas? ¿Estás bien?

No miro atrás cuando salgo de la biblioteca y echo a correr.