Capítulo 16
C onsigo evitar a Knox durante todo el fin de semana, encerrándome en el ala médica con Trinity y Edward, donde hacemos lo que podemos para animarla, aunque sin mucho éxito.
También me sirve para esquivar durante un tiempo las miradas y preguntas constantes sobre mi propia chapuza de iniciación.
Silver y Hazel han venido de visita, y, aunque han tratado de actuar con normalidad por el bien de Trinity, sé que están incómodas.
Y lo entiendo. Están preocupadas por ella, por supuesto, pero, ahora mismo, que las relacionen con cualquiera de nosotras dos pone en riesgo su reputación dentro de Fiama.
Es nuestra amistad contra su legado familiar…
Aun así, no voy a fingir que no me duele.
Pero en algún momento tengo que comer, así que Knox me encuentra en la cafetería el lunes a la hora del almuerzo. Se deja caer en la silla que hay a mi lado sin que se lo pida.
—¿Por qué he oído rumores de que pasas el rato con la alimaña?
—No paso el rato con él —digo—. Y no lo llames así. Es cruel. Dio la casualidad de que estaba cerca cuando Trinity se desmayó, y nos ayudó a llevarla al ala médica. La verdad es que fue de gran ayuda.
Recuerdo mi conversación con Rook cuando me lo encontré el otro día en el pasillo del ala médica. Dijo que solo estaba ahí de pie, sin más, pero tengo la sensación de que me estaba esperando, y no puedo dejar de pensar en ello. Lo que es ridículo. ¿Por qué iba a hacer eso?
—¿Le dejasteis tocarla? —pregunta Knox sin duda horrorizado.
Lo miro con disgusto.
—¿Qué más te da? Ni siquiera preguntaste si estaba bien. O si estaba bien yo, por cierto.
Knox pone los ojos en blanco, coge el tenedor y se mete un poco de ensalada de patata en la boca mientras Jackson y Sal se sientan enfrente con sus bandejas.
—Hola —dice Jackson, mirando primero a Knox y luego a mí.
—¿Qué? —pregunto.
—Nada —dice, levantando las manos como rindiéndose.
—Está claro que quieres decir algo.
Se encoge de hombros, toma su taza y le da un sorbo al café.
—La verdad es que nos das mucho de lo que hablar estos días.
—Jackson —dice Knox, y su tono suena a advertencia.
—No estoy vacilándola. Poet, de verdad que no. Solo estoy preocupado por ti.
A veces Jackson es un bocazas y mete la pata, pero tiene buen corazón.
—Estoy bien —le digo.
Me lanza una miradita cómplice antes de poner mala cara a Knox.
Nos interrumpe la llegada de Winter y Lacey, a quienes he estado evitando a toda costa.
Knox cumplió su palabra; me limpiaron la habitación y me dieron uniformes nuevos.
También sospecho que les dijo algo a las chicas, porque han pasado de no disimular su hostilidad a fingir que no existo, lo que me parece perfecto.
Lo agradezco de verdad. Con suerte, podemos seguir con esta dinámica los próximos tres años.
Winter se sienta al otro lado de Knox, mientras Lacey se deja caer junto a Jackson y de inmediato empieza a soltar risitas nerviosas y a atusarse el pelo.
Jackson se concentra en la comida, casi en silencio, y yo los observo y me doy cuenta de lo que pasa.
Jackson no tiene ni idea de que le gusta a Lacey.
Al contrario que Sal, que le comería todo a cualquiera que le hiciera un poco de caso, Jackson siempre ha sido un poco más reservado cuando se trata de mujeres.
Y no es por falta de opciones. Tiene ese no sé qué taciturno y callado que le hace parecer un poco misterioso.
En realidad no lo es, pero desde luego da ese rollo.
No estoy segura de si debería fomentar el interés de Lacey hacia él, para que así se centre en algo más que en odiarme, o si Jackson es demasiado bueno para ella y se merece a alguien mejor.
Siguen hablando mientras pico algo del plato, percatándome de que apenas tengo hambre.
Echo un vistazo a la cafetería y me doy cuenta de que Rook está cerca del mostrador, sujetando la bandeja con esas manos tan grandes.
Como si hubiera sentido la atención que le estoy prestando, me mira, y se me encoge el pecho con una sensación ajena y extraña, como si estuviera tomando una decisión muy mala.
Aparto la mirada deprisa para encontrarme con los ojos entornados de Knox, que parece como si estuviera tratando de sumar dos más dos.
Ahora Rook va pasando entre las mesas, buscando una silla vacía.
No debería haber mirado, porque está claro que Knox se ha dado cuenta y ahora sus ojos están clavados en Rook.
Aunque los moratones del cuello de Knox han desaparecido desde el día que Rook lo humilló, desde luego ha estado tramando su venganza.
Tiene esa mirada que sugiere que ha llegado el momento.
Así que hago todo lo posible por distraerlo.
Algo me dice que Knox puede intentarlo, pero que va a perder siempre que se enfrente a Rook.
—¿Qué clases tienes hoy? —pregunto, tirándole de la muñeca, pero me ignora y sigue fulminando a Rook con la mirada.
Me preparo para lo que se avecina, porque conozco esa mirada demasiado bien. La he visto desde que teníamos seis años. No hay lugar a dudas de que está planeando algo.
Alguna insensatez.
Cuando se acerca Rook, Knox saca el pie. Todo sucede en un instante. Rook pasa sin problema por encima y se gira, sacando el puño de golpe. Le da a Knox en toda la cara y suena un crac. Knox, cuya cabeza hace un brusco movimiento hacia atrás, se cae, tirando platos y vasos de zumo por todas partes.
Una avalancha de gritos y chillidos acompaña el sonido de los platos cayéndose y de la gente saltando de su asiento para evitar mancharse.
—Mierda —digo en bajito mientras Knox gruñe y cae sobre la mesa.
Le sangra la nariz, le gotea por la cara y hasta por debajo de la barbilla.
Rook se inclina y levanta a Knox por la parte posterior de la camisa para acercárselo.
—¿No aprendiste la lección la última vez? —le ruge al oído—. Vete a tomar por culo y déjame en paz.
Y entonces aparta de un empujón a Knox, que se escurre de la silla y acaba en el suelo. Mientras sucede todo, no soy capaz de moverme. ¿Por qué siempre estoy al lado de Knox cuando pasa esto?
Además, ¿por qué me ha dado un poco de morbo? No hay motivos para ello. Cielos, necesito terapia.
Rook se limpia la nariz con el dorso de la mano, fulminándonos con la mirada a mí y a todos los demás.
Por imposible que parezca, todavía tiene la bandeja en equilibrio en la otra mano. Incluso el vaso de agua sigue en pie, y juro que no se ha derramado ni una gota. Vale, eso sí que me ha dado morbo.
Sigue su camino hacia el extremo de la mesa, se sienta de golpe en la silla, coge un panecillo y le da un mordisco.
Mientras mira al frente, masticando despacio, creo que trata de fingir que no le importa, pero sospecho que le molesta más de que lo quiere hacernos creer.
Es comprensible. Una parte de mí quiere acercarse y disculparse, pero no creo que ninguno de los dos queramos la atención que eso puede acarrear.
Es mejor para Rook que mantenga las distancias.
Knox es un capullo. ¿De verdad creía que le haría tropezar, como en una de esas estúpidas películas de instituto de la Era del Calentamiento?
—Creo que se ha desmayado —dice Sal, inclinándose sobre Knox.
Ya se le está hinchando el ojo izquierdo y le sigue goteando sangre por la cara.
Jackson suspira y se pone las manos en las caderas.
—Fantástico. Ahora ya no se va a olvidar del tema jamás.