Capítulo 10 #2
Entretanto, puedo sentir la presencia de Rook a mi lado. A veces creo que me está observando, y otras solo estudia el aula. Lo que sí veo es a la gente mirando sin cesar en nuestra dirección, primero a mí y luego a Rook, como si tuviéramos algo que ver el uno con el otro.
Me separo un poco en mi asiento, tratando que parezca que solo me acomodo, pero la banqueta no es demasiado grande y se me sale el culo por un lado.
Recupero el equilibrio justo antes de caerme y estoy segura de que nadie se hubiera dado cuenta en cualquier otro momento, pero ahora me están prestando todos demasiada atención como para eso.
Me ruborizo mientras me vuelvo a sentar bien, haciendo todo lo posible por evitar el contacto visual con Rook. Pero otro resoplido desde su lado me dice que sabe muy bien lo que ha pasado.
El doctor Sellers sigue soltando una perorata, encantado de haberse conocido, y trato de concentrarme en lo que dice.
No quiero perderme nada. Biología es, como no podía ser de otra manera, una parte fundamental de la formación para la guardia de las tormentas, ya que es esencial comprender cómo las sustancias del cuerpo reaccionan ante la centella generada por las descargas.
—Entre los cambios fisiológicos producidos por la estimulación eléctrica, se incluyen el aumento del riego sanguíneo y efectos en la circulación periférica.
Las diferentes dosis y tiempos de exposición a la centella dan lugar a respuestas alternantes…
—dice ahora el doctor Sellers—. Tienen frente a ustedes diversos especímenes de conglomerados de células que han estado expuestos a diversas cantidades e intensidades de energía galvánica.
Hoy los estudiarán y tomarán nota de sus diferencias y similitudes.
Sigue explicando cómo será la investigación y el informe que espera que escribamos con nuestro… compañero. Al oír eso, me quedo paralizada. Los trabajos en grupo nunca han sido mi fuerte, pero ¿un trabajo a cuatro manos con un solitario?
Deslizo la mirada hacia Rook, solo para descubrir que está escribiendo en su tablet. Me fijo en la curvatura de su perfil. La nariz recta y la barbilla marcada. El piercing en la ceja. La ligera sombra en la mandíbula.
Es evidente que no se parece a nadie de aquí, pero no es para nada lo que había esperado. No se puede negar que está bastante…
Levanta la mirada y me pilla observándolo.
Me arden las mejillas. Estaba a punto de recrearme en un pensamiento que no debería ni pasárseme por la cabeza. No es traición admirar el aspecto de un solitario, creo, pero seguro que me mete en una lista negra o algo así.
Aparto rápido la mirada, observándolo por el rabillo del ojo mientras va deslizando hacia arriba la pantalla.
¿Sabe leer? Me regaño a mí misma al momento por haberlo pensado. No debería dar las cosas por sentado. Pero todo lo que sé sobre los solitarios sugiere que la educación y el estudio no están en la lista de sus prioridades.
Sin embargo, Rook asiste a esta clase, así que eso tiene que significar algo.
Cielos, pero ¿qué me pasa? ¿Por qué me estoy haciendo estas preguntas?
El doctor Sellers acaba de explicarlo todo y luego nos envía a nuestros dispositivos un resumen de la tarea. Se acerca a una mesa en un lado de la clase y empieza a repartir portaobjetos para el microscopio. Coloca la cajita en nuestra mesa, baja la mirada y luego la alterna entre Rook y yo.
—¿Le supone algún problema? —pregunta.
Está claro que se dirige a mí. A pesar de haber llegado tarde, duda de si obligarme a trabajar con un solitario.
Rook está sentado con las rodillas flexionadas y separadas, y con esas manos grandes apoyadas en los muslos.
Me fijo en que están cubiertas de pequeñas cicatrices, iguales a las que le suben por los brazos.
Son unos buenos brazos. Fuertes y musculosos, con una leve capa de vello.
Observo de cerca los tatuajes y las diferentes rayas sinuosas que representan agua y montañas, además de unas pequeñas estrellas unidas por líneas delgadas.
¿Y por qué pienso ahora en sus brazos?
Cuando levanto la mirada, nuestros ojos se encuentran, y no tengo muy claro lo que leo en su expresión.
¿Me supone algún problema? Todo mi ser dice que sí.
Es un solitario. Lo más seguro es que incluso sentarme a su lado sea peligroso.
Pero entonces veo un destello de algo en su rostro.
Solo un instante, para desaparecer otra vez.
Algo que refleja una naturaleza más profunda bajo el aspecto salvaje de su exterior.
Seguro que no es nada. Solo porque sea en cierto modo guapo no significa nada.
—De ser así, puede elegir sacar un cero —dice el doctor Sellers, lo que me hace volver la cabeza al momento.
—¿Disculpe?
—Puede elegir entre hacer el trabajo con su compañero o sacar un cero.
Ostras. Así, de golpe.
Me está dando una opción para librarme, pero sigue enfadado por lo de antes.
Como es obvio, no puedo sacar un cero. Los guardianes de las tormentas no sacan ceros en los trabajos. Poet Graves no saca ceros en los trabajos.
Una vez más, vuelvo a mirar a Rook. Supongo que él no tiene ni voz ni voto en esto.
—No será un problema —respondo, y el doctor Sellers baja la barbilla y esboza una sonrisita engreída.
Me ha castigado por no respetar el horario de clase y ahora todo vuelve a estar en orden.
—Excelente —dice antes de marcharse, dejándome sola con Rook y su inquietante presencia.
Todos se ponen a trabajar y, despacio, me giro en la banqueta para estudiar a Rook.
Se sienta completamente inmóvil mientras hace lo mismo, observándome de arriba abajo.
—Sé leer —dice, sosteniéndome la mirada. No puedo evitar fijarme en que sus ojos, por el centro, son de un color verde parecido a las hojas de los árboles que se va difuminando hacia un castaño dorado en los bordes—. Y escribir.
Parpadeo ante su comentario inesperado.
—¿Qué?
—Sé que estabas pensando eso —dice, en voz baja y con un tono carente de toda emoción—. Puedo hacer la tarea.
—No pensaba que no supieras —digo con delicadeza, mintiendo con descaro. Arrastro el microscopio hacia mí y cojo el primer portaobjetos—. Espero que hagas tu parte.
Me gano otro bufido burlón mientras ajusto los tornillos para enfocar el portaobjetos.
—Y puedes dejar de hacer eso —suelto—. No quiero que me bufes cada tres segundos. Si tienes algo que decir, hazlo con palabras.
Alza una ceja y me mira con tranquilidad.
Luego se inclina, solo un poco, haciendo que se me complique respirar. Me trago el nudo que se me ha formado en la garganta.
—¿Y quién me lo va a impedir, princesa?
Entrecierro los ojos.
—No me llames así.
—¿No? ¿No es eso lo que eres? ¿La realeza de este pequeño mundo?
Aprieto los labios, molesta por sus palabras por algún motivo que no logro entender.
—Cállate —digo, y se me tiñen las mejillas de vergüenza, porque sé que es la peor réplica que le podía dar.
Aunque Rook no resopla, puedo sentir que está conteniendo la risa que le provoco.
—Tenemos trabajo —digo, tratando de olvidar el asunto, mientras empiezo a tomar notas sobre las células dañadas que observo por el visor.
Durante los próximos treinta minutos, no nos decimos apenas nada, solo nos pedimos de forma brusca la siguiente lámina de vidrio y hacemos preguntas sobre lo que estamos analizando. Tengo cuidado de no tocarlo cuando nos pasamos las cosas. Me pregunto si se da cuenta de ello.
En una única ocasión me roza con la mano. Es un contacto leve, pero se me eriza el vello de la nuca. Cojo rápido el portaobjetos mientras él continúa como si nada.
Rook entiende con facilidad lo que hay que hacer. No creo que los solitarios tengan colegios, pero alguien le ha enseñado.
Durante toda la tarea noto cómo me juzga, cómo pesan esas palabras no dichas. Siento calor en un lado del cuello. Es como si estuviera esperando que me asuste, o empiece a gritar, o reaccione de alguna otra forma irracional.
Nuestros compañeros de clase siguen concentrados en su trabajo, aunque puedo sentir que nos lanzan miraditas a Rook y a mí. Somos todo un espectáculo, por muchos motivos.
Doy golpecitos con el pie contra la barra del taburete mientras observo cómo se va moviendo el minutero.
Todavía tengo la rodilla magullada, me duelen las costillas y ese duro taburete hace que me moleste la herida.
Las vendas están en su sitio, pero la verdad es que alguien debería verme la herida.
—Enseguida te librarás de mí —dice Rook en voz baja, tras fijarse en hacia dónde se dirigen mis ojos—. Al menos hasta nuestra próxima clase. Supongo que tendrás que dejar que te vean conmigo hasta que acabemos el trabajo.
Le lanzo una mirada que espero que exprese hasta qué punto llega mi irritación, cuando alguien nuevo entra en el aula. Se acerca para hablar con el doctor Sellers antes de que ambos me miren. Fantástico, y ahora ¿qué?
—Señorita Graves —dice el doctor Sellers—. Por lo visto, tiene una… visita.
—¿De quién? —pregunto mientras recojo mis cosas, encantada de tener una oportunidad para escaparme.
—Parece que es… su padre.
Me detengo y me da un vuelco el corazón. Todos los ojos se posan en mí y me pongo roja hasta el cuello.
Mi padre.
Solo hay una razón posible por la que esté aquí y sé que no va a ser agradable.