Storm Breaker (Stormbreaker 1) Capítulo 6
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Capítulo 6

E stoy en el baño lavándome los dientes cuando me pita el móvil a la mañana siguiente. Lo cojo, deslizo hacia abajo nuestro chat de grupo para ver que Silver y Hazel llevan un buen rato hablando sobre el solitario.

Silver tías

Silver uno de tercero me acaba de confirmar

Silver que el chico nuevo es de las puñeteras Cloacas

Hazel Rook

Trinity Se llama así???

Hazel qué raro, no?

Silver no sé… tiene su rollo

Silver habéis visto sus brazos?

Silver

Trinity A ti no te pegan los solitarios. Y esos tatuajes!!! Seguro que te come después de follarte

Silver chica… me lo estás poniendo en bandeja

Trinity Basta. Eres una enferma.

Silver y perversa, nena

Hazel lo he comprobado. ningún solitario ha tratado de hacer el juramento como desde hace unos diez años y no duró más de un día en Amery

Hazel «desaparecido bajo extrañas circunstancias»

Silver nooo, por lo menos que lo pueda ver antes sin camiseta

Trinity También tenéis historia hoy?

Silver sí

Silver nos vemos allí?

Trinity Poe y yo estamos casi listas. Ahora nos vemos.

Leo por encima el chat mientras Trinity termina en el baño, riéndome de Silver y pensando en lo que ha dicho Hazel. Si el último solitario solo aguantó un día, entonces seguro que este tal Rook no dura mucho más. Es un peligro para todos los que estamos en este edificio.

Una vez listas, Trinity y yo entramos en el auditorio para nuestra primera clase del año académico. Ya se escucha el bullicio de las conversaciones en la enorme sala circular mientras buscamos unos asientos libres. Como es habitual, nos sentamos separados según nuestras respectivas casas.

—¿Dónde está Edward? —pregunto.

—Se le han pegado las sábanas. Sus compañeros se pusieron creativos anoche y lo ataron a la cama con toallas —responde Trinity.

Me detengo y la miro.

—¿Hablas de Knox?

Se encoge de hombros.

—Al parecer, solo estaban de risas. Al final alguien lo ha rescatado.

Meneo la cabeza en señal de desaprobación y me doy cuenta de que Knox me está saludando con la mano, pero hago como que no lo veo.

—Allí —digo, señalando en la dirección contraria, donde Silver y Hazel ya bajan hacia una fila con algunas sillas vacías.

Veo a varios subs repartidos por la sala, algunos ya sentados en la sección de Fiama, y me pregunto si eso da una pista de a qué casa pretenden prestar juramento.

—Oh, parece que alguien te ha guardado un sitio —dice Trinity.

Me doy la vuelta para comprobar que está haciendo contacto visual con Knox, que me hace un gesto para que vaya. Cuando Trinity ve la cara que pongo, hace una mueca:

—Lo siento, ni lo he pensado.

Suspiro.

—Entonces vienes conmigo.

—Vale, me lo he ganado.

Resoplo y la agarro de la muñeca mientras una fila de estudiantes se aparta deprisa. Se lo agradezco al pasar.

—No le gastéis bromas a Edward —regaño a Knox cuando nos acercamos.

—Solo estábamos echando unas risas —responde con una carcajada, repitiendo lo que me ha dicho Trinity—. Está bien.

Luego me guiña un ojo antes de volverse hacia Sal y Jackson. Saludo a Verity, sentada al otro lado de Jackson, arrepintiéndome de haber dicho nada. Lo más probable es que consiga que se pasen más con Edward.

Me dejo caer en mi sitio y luego me pongo a comparar mi horario de este semestre con el de Trinity.

Durante el primer año tenemos casi las mismas clases, hasta que decidamos la especialidad en segundo.

Incluso nuestro futuro lo determina la casa que elegimos, ya que los puestos de más alto nivel recaen bajo sus respectivas jurisdicciones.

Como la mayoría de la casa Fiama, el objetivo de Trinity es unirse a la patrulla y llegar a ser una oficial de alto rango, tal vez incluso a ser la jefa de una gran unidad.

Por lo tanto, sus clases se centran en las ciencias sociales, el combate cuerpo a cuerpo y el liderazgo.

Knox va a optar por una educación general que incluye un poco de todo, desde historia hasta finanzas y ética, que le sirva para prepararse para su puesto como sucesor de la casa. Se espera que yo haga lo mismo, tal y como desea mi padre, pero yo, claro está, tengo otros planes.

Me he querido unir a la guardia de las tormentas desde que tengo memoria, no solo porque sé que es allí donde puedo ser más útil; también porque nunca he querido unirme a la patrulla.

En nuestro paquete de bienvenida dice que nos podemos matricular en la formación para cadetes en la oficina de la decana.

Las otras opciones para los que formamos parte de la Sociedad son puestos en El Escudo relacionados con las comunicaciones, la vigilancia de fronteras y la seguridad online.

Unos minutos después, un murmullo de voces nerviosas se propaga entre la multitud. Me giro para ver qué es lo que atrae la atención de todos.

El solitario está en la puerta de pie, parado, de esa forma suya tan extraña. Viste otra versión del uniforme negro y plateado de Amery: camiseta negra ajustada, botas negras y pantalones con bandas plateadas a los lados.

En las filas superiores, varias chicas se quedan mirándolo antes de reírse entre dientes y susurrar entre ellas. Incluso Trinity lo mira con los ojos abiertos de par en par. Lo entiendo. No parece real. Como si su silueta estuviera algo borrosa, porque en realidad no pertenece a este lugar.

Los solitarios mataron a mi primo. A mi hermano.

Se llevaron el cuerpo de Raine, así que ni siquiera pudimos despedirnos.

He pasado muchos momentos oscuros imaginándome todas las cosas repugnantes que le debieron hacer.

Hasta ahora, Rook no ha hecho nada para refutar la idea de que los solitarios son peligrosos y deben evitarse a toda costa. Tengo la sensación de que sería capaz de matar a todos los que estamos aquí, sacudirse las manos y marcharse tan tranquilo, silbando.

¿Formó parte del grupo que mató a Raine?

Nunca los pillaron. Lo más probable es que sea demasiado joven, pero quién sabe cómo funcionan las cosas en las Cloacas.

Aun así, su mera presencia saca a la luz el doloroso recuerdo de mi hermano que guardo bajo llave, abriendo viejas heridas que en realidad nunca se curarán.

El solitario da un paso decidido hacia el auditorio, mientras lo sigue un coro de risitas crueles.

Las cosas han cambiado desde anoche. Todo el mundo estaba en shock, sin saber cómo reaccionar ante su llegada, pero ahora la gente se siente más segura.

Convencida de que este no es su sitio. Susurran a su paso mientras él, de forma deliberada, baja las escaleras.

Esos hombros relajados y su gesto indiferente sugieren que no le afecta para nada.

Despacio, barre con la mirada toda el aula, de izquierda a derecha, casi como si fuera él el que nos juzgara a nosotros y no al revés. Sigue bajando las escaleras y se detiene en la primera fila, donde están ocupados todos los asientos.

—Fuera —dice a una pareja aterrorizada que lo está mirando.

Al principio, no se mueven. Creo que los ha dejado paralizados.

Se inclina y añade despacio:

—He dicho que os mováis.

La chica suelta un chillido y su novio casi la pisa tratando de escapar.

—Lo siento —murmura cuando el solitario le lanza una mirada que hasta a mí se me clava en el pecho.

Cuando la pareja se ha marchado, el solitario, Rook, se deja caer en la silla y cuelga el brazo del respaldo de la de al lado antes de poner un pie sobre la barandilla que bordea la zona del profesor.

Todo el mundo lo mira mientras cuchichea; algunos con horror, otros con emoción, la mayoría con una combinación de ambos.

Knox resopla con desdén.

—Chulito. —Luego habla más alto—. ¿Está amaestrada la alimaña? —pregunta, utilizando un insulto que se utilizaba antes contra los solitarios. Parpadeo, apartándome un poco de él—. ¿Y si se caga en el suelo? ¿Quién lo va a limpiar?

Contemplo la nuca de Rook, pero no se mueve. Eso provoca a Knox, que sube el tono de voz:

—Más les vale a sus compañeros de habitación que tengan cuidado. Puede que los confunda con comida.

Se dice que los solitarios son caníbales. Es el tipo de historia que cuentan los padres a los niños para mantenerlos a raya, y es uno de los escenarios más espeluznantes que me he llegado a imaginar sobre el destino del cuerpo de Raine.

—Knox, cierra el pico —suelto. No me fío de Rook para nada, pero Knox se está comportando como un auténtico cretino.

—¿Cómo es que ha conseguido llegar hasta aquí? —continúa Knox, pasando de mí, por supuesto—. Es imposible que esta bestia sepa leer. ¿Saber coger un boli con las patas? ¿O son pezuñas?

Sigo observando a Rook cuando se gira despacio para mirar a Knox.

Contengo el aliento y juro que todos los que están a mi alrededor hacen lo mismo.

Entonces Rook se pone de pie antes de que me dé tiempo a parpadear. Salta de fila en fila como si no le afectara la ley de la gravedad. Algunos gritan cuando llega hasta Knox. Rook rodea el cuello de Knox con su gran puño y lo tira de la silla.

Rook tiene un pie apoyado con fuerza en el asiento que hay frente a Knox y el otro en el borde de mi reposabrazos. No debería ser capaz de mantener el equilibrio de esa manera, pero está tan firme como un árbol enraizado a la tierra. Me quedo paralizada, deseando poder huir.

—¿Qué has dicho? —pregunta Rook, con un brillo en los ojos avellana.

Knox se ahoga cuando Rook le aprieta la garganta y la sala se sume en el caos. La gente grita y sale corriendo, pero yo permanezco pegada a la silla mientras no dejo de pasar la mirada de Rook a Knox.

—Repítelo —le provoca Rook, pero Knox solo boquea como un pez fuera del agua.

Además, se está poniendo un poquito morado. ¿Sería Rook capaz de matarlo? A juzgar por el brillo salvaje en sus ojos, no me extrañaría nada.

¿Debería hacer algo? Debería hacer algo.

Knox emite sonidos desesperados con la garganta mientras clava las uñas en la mano y la muñeca de Rook, le fallan las rodillas mientras lucha por mandar oxígeno al cerebro.

—Ya basta —digo con la voz un poco temblorosa—. Suéltalo.