Storm Breaker (Stormbreaker 1) Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

El solitario de antes está de pie, quieto de esa forma tan extraña.

Se ha puesto el uniforme de Amery, una camiseta gris oscuro que se le ajusta al pecho y pantalones negros ceñidos, con bandas plateadas a los lados.

Ha cambiado las botas de cowboy por las de piel negra oficiales de la academia.

De cerca puedo ver que sus tatuajes son en realidad mapas con líneas de topografía y trazos curvos que representan ríos, lagos y montañas.

Por algún motivo, me hacen pensar en la libertad, y no puedo dejar de preguntarme por qué los habrá elegido.

Empieza a reinar el silencio cuando más y más gente se percata de su presencia. Knox hace un sonido con la garganta que es mitad burla, mitad gruñido. Verity le lanza una mirada asesina y luego clava los ojos en los míos, alzando las cejas, como diciendo: «Míralo bien».

El solitario gira el cuello antes de dirigirse al mostrador y coger una bandeja, suscitando susurros con cada movimiento.

Knox lo fulmina con la mirada mientras se mete otro montón de pasta en la boca.

Mastica despacio, a propósito. Como si estuviera planeando algo, y yo ya sé que será de un sinsentido atroz.

Un poco después, un megáfono rompe el silencio, haciendo que todo el mundo se estremezca de golpe.

«¡Bienvenidos, estudiantes de primero!», dice una voz masculina grave desde el otro extremo, donde hay varias personas de tercero con sus uniformes rojos y púrpura.

Reconozco al que habla como uno de los cadetes de la guardia de las tormentas que hemos visto antes, el que tenía un buen culo.

—¡Soy Devon Carter, líder estudiantil de la casa Fiama!

El solitario queda relegado al olvido cuando la parte Fiama de la cafetería estalla en un coro de vítores, entre los abucheos y los silbidos de las otras casas.

Devon señala a su izquierda, donde una mujer de tez oscura sujeta otro megáfono.

Tiene la melena de color platino con mechas ciruela cortada a la altura de la barbilla.

Sus ojos son de un negro profundo y, si su físico por sí solo no sugiriera que se trata de una cadete de la guardia de las tormentas, lo haría su camiseta sin mangas ajustada de color púrpura.

—¡Yo soy Stevie Daniels, líder estudiantil de la casa Aria!

La gente de Aria empieza a vitorear y es el turno del resto de abroncar a su líder mientras yo observo en silencio.

Aria trata de ahogar los abucheos de la sala golpeando con los puños en las mesas, que casi hacen vibrar el suelo.

El ruido no ayuda a calmar el incesante picor que siento bajo la piel.

Los líderes estudiantiles de las casas Asale y Tera, ambos luciendo el rojo de los de tercero, también se presentan con un coro de vítores y abucheos.

Oscar Cabrera, de Asale, de piel bronceada y pelo oscuro despeinado.

Y, por fin, Bellamy Macy, de Tera, de tez cobriza y con montones de trenzas apretadas.

Stevie espera a que se diluyan los gritos con una sonrisa agresiva antes de que Devon retome la palabra:

—Muchos estáis acostumbrados a vuestras fáciles y cómodas vidas —grita—. Sobre todo los de Aria, Asale y Tera.

Guiña un ojo en medio de los abucheos de las otras casas. Un bollo le da en el pecho con suavidad y entorna los ojos hacia el estudiante de primero que se lo ha lanzado, sugiriendo por su cara que no se va a olvidar de ello.

Después de aclararse la garganta, vuelve a dirigirse a nosotros:

—Estáis aquí para prepararos para vuestro futuro, y lo más importante de ello es jurar lealtad de forma oficial a vuestra casa.

Ahora todos aplauden, aunque tres cuartas partes lo hagan a regañadientes.

Oscar es el siguiente en hablar, llevándose el megáfono a la boca:

—En los próximos meses os enfrentaréis a una serie de pruebas de iniciación. En la primera, podréis elegir entre cuatro opciones, según la casa a la que decidáis jurar lealtad. Para poder continuar, no podéis fallar la primera prueba.

»Después de eso, tendréis dos oportunidades para asegurar vuestra posición.

La segunda y la tercera pruebas están diseñadas específicamente para vuestras habilidades…

O, lo que es más importante, vuestras debilidades.

No se os puede pedir que hagáis la misma prueba más de una vez, pero es entonces cuando decidimos si la casa que habéis elegido os quiere a vosotros.

La buena noticia es que solo tendréis que pasar dos de las tres pruebas para entrar en la casa que elijáis, así que si cambiáis de idea después de la primera prueba, porque Asale es sin duda alguna la mejor casa —todos abuchean o lanzan vítores de nuevo—, tendréis otra oportunidad.

Se lleva la mano al pecho.

—Consideradlo un generoso regalo de El Escudo.

Nos pasamos la vida preparándonos para estas pruebas, sometiéndonos a diferentes entrenamientos: mentales, físicos y técnicos, según lo que ordene nuestra casa.

Las pruebas reales cambian de año en año para que no bajemos la guardia, pero la idea fundamental es llevarnos al límite.

El Escudo nos insta a reflexionar bien sobre nuestro juramento de lealtad, y a todo el mundo se le da la oportunidad de elegir la casa que mejor se adecúe a sus deseos.

Pero la lealtad hacia la casa es algo tan arraigado que cambiar de casa supone cortar lazos con tu familia y amigos en favor de tu nueva vida.

A los recién llegados se les suele mirar con recelo hasta que demuestran su valía.

Por eso, la mayoría de la gente tiende a elegir lo que ya conoce y a seguir con el legado familiar.

Bellamy retoma el discurso de Oscar:

—Al final, los resultados determinarán si sois dignos de uniros a Tera.

Levanta el puño, y nuestro lado de la cafetería estalla en gritos.

—¡O a Ariaaa! —grita Stevie por el megáfono, desencadenando todavía más ruido.

Devon y Oscar siguen su ejemplo hasta que el ruido alcanza un volumen atronador.

La iniciación y el juramento de lealtad final determinan todo el curso de nuestras vidas. No lograr un lugar en la Sociedad es prácticamente una sentencia de muerte. Una vergüenza eterna para tu familia.

Es habitual que aquellos que no logran llegar al juramento… desaparezcan sin más.

Como la población de Nuevo Manhattan aumenta cada año, El Escudo mantiene y protege a aquellos que se lo ganan, y se espera que todo el mundo muestre su valía. Los que fracasan se consideran fallos del propio sistema.

Vuelvo a mirar al fondo de la cafetería, donde se sienta un grupo de subs aspirantes, todos con miradas cautelosas. No sé lo que ocurre si ellos fracasan. ¿Se van a casa sin más? ¿O es su futuro igual de incierto?

Stevie sigue gritando por el megáfono sobre la defensa de los valores de Aria y sobre los retos a los que nos enfrentamos, antes de que los otros tres líderes hagan lo mismo.

Presentan a un grupo de personas de pie al frente como los líderes estudiantiles de segundo que nos ayudarán con las pruebas, entre los que se encuentra mi primo Anan Samra, por parte de madre, que vitorea junto al resto.

Me ve y me guiña un ojo, lo que me ayuda a tranquilizar un poco los nervios que me cosquillean en la punta de los dedos. Rodeada de tanta felicidad y entusiasmo, me parece como si la charla de mi padre de esta mañana hubiera sido hace toda una vida.

Mientras todo el mundo habla, echo un vistazo a la otra parte de la cafetería.

A pesar de que El Escudo pide que todos colaboremos, las casas son muy competitivas y reservadas entre ellas, siempre compitiendo por su posición.

Fiama y Aria son las casas más poderosas y dominan la mayor parte de la ciudad.

Siempre están disputando entre ellas para ganar más territorio dentro de nuestras ajustadas fronteras, que es otro de los motivos por los que mi padre odia tanto a Aria.

Supongo que, incluso cuando se nos da todo lo que nos hace falta, hay seguidores y líderes natos, y no se puede reprimir nuestra naturaleza humana.

Stevie levanta el megáfono y vocifera unos cuantos insultos más. No puedo evitar admirarla por ser la única líder estudiantil que es mujer. Parece tan valiente… Sé que se supone que no debo pensar eso de un miembro del mayor rival de Fiama, pero su energía es contagiosa.

Mientras los otros hablan, me fijo en el solitario sentado en un rincón. Apoya la espalda contra la pared y cruza los brazos mientras ignora su plato y observa a todo el mundo con un gesto indiferente.

Me sorprende que la decana le haya dejado quedarse, pero el que le hayan dado un uniforme oficial sugiere que se le permitirá jurar lealtad si supera la iniciación. A menos que todo sea una treta y tengan pensado deshacerse de él más tarde.

Como si sintiera que lo miro, me clava los ojos en los míos, tensando la mandíbula.

Es tan rudo y salvaje y, aun así…, magnético. No es como esperaba que fueran los solitarios.

Resisto el impulso de apartar los ojos y en cambio le lanzo una mirada asesina como respuesta a la suya.

Pienso en Raine. En su madre, a la que nunca tuvo oportunidad de conocer.

Los solitarios nos los arrebataron a los dos.

Aparta la mirada y me percato de que el picor de mis manos se ha mitigado de pronto cuando vuelvo a centrarme en Devon. La gente está coreando, golpeando las mesas con los puños, haciendo que el suelo vibre.

«¡La iniciación comienza esta semana!», grita Devon por el megáfono.

«Estad preparados, aspirantes novatos, porque la primera prueba puede ser en cualquier momento, de día o de noche».

Examina con atención los rostros de la sala, esbozando una sonrisilla insolente.

«Estoy seguro de que no tengo que recordarle a nadie lo que ocurre si la cagáis».