Storm Breaker (Stormbreaker 1) Capítulo 3 #3
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Capítulo 3 #3

No solo tienen que estar en su mejor momento físico, también deben estar fuertes a nivel mental. No hay nada más importante que la línea que protege Nuevo Manhattan.

«Por favor —dice la misma voz estridente, tratando de calmarnos—. Por favor, un poco de silencio».

Al final, todo el mundo se calla antes de que nos presenten a la directora de la academia, la decana Selena Withers, que estudia la estancia con esos ojos azules penetrantes.

Es una mujer de poca estatura, que va recta como un palo y luce un traje negro elegante que le sienta muy bien a su piel clara.

Se me encoge el pecho cuando veo que lleva un broche plateado en el cuello con el escudo de armas de la casa Fiama. La decana será leal a mi padre, entonces, así que tomo nota mental para mantenerme alejada de ella.

Junto a la decana se encuentra uno de los líderes de El Escudo, el canciller Tennessee Marks, quien gobierna la casa Aria y la casa Fiama.

Nos recibe con una sonrisa amable que hace que se le marquen las arrugas que enmarcan esos ojos marrones.

Lleva una toga azul marino larga sobre un traje oscuro, y el pelo castaño le cae por la cara en mechones desordenados.

Por el puesto que ocupa mi padre, el canciller Marks suele ser un habitual de las cenas en el apartamento de mi familia, y siempre me ha parecido un líder justo y razonable.

La decana Withers empieza a enumerar las normas de la academia con un tono seco.

Hay toque de queda a las once de la noche.

Está prohibido abandonar las instalaciones de la academia sin permiso, excepto un viernes por la noche al mes, que se nos permite visitar la ciudad hasta la una de la mañana.

Está prohibido robar, matar, comenzar peleas y todo eso que se esperaría cuando se obliga a varios cientos de jóvenes con las hormonas revueltas a compartir un edificio.

Mientras la decana habla, me empiezan a picar las palmas y me las rasco distraída. Debe estar avecinándose una tormenta. Me obligo a poner las manos en la parte inferior de la espalda, demasiado consciente de la cantidad de ojos que hay en ese lugar.

La decana Withers nos está explicando los horarios de las clases cuando se ve interrumpida por la gran puerta doble del extremo del salón abriéndose de golpe. La decana detiene su discurso y todos vuelven la cabeza para ver cómo el sol inunda la sala, revelando una silueta.

Ha llegado alguien más.

Los pasos resuenan en la estancia cuando entra el extraño, que luego se detiene a unos metros de donde me encuentro yo.

Su postura es casi irreal de lo quieto que está mientras contempla todo el salón.

El pelo ondulado le llega a la barbilla y es tan oscuro que casi parece púrpura cuando inclina la cabeza.

Viste una camiseta negra ajustada y vaqueros. Un par de botas de cowboy , desgastadas y maltrechas. Solo he visto botas de cowboy en las películas. En la ceja izquierda le brilla un piercing plateado mientras su intensa mirada recorre toda la estancia.

Pómulos marcados. Mandíbula fuerte. Piel clara un poco bronceada, salpicada de pecas en el puente de la nariz.

Siempre me han gustado las pecas.

Parece capaz. Seguro. Hace que Knox parezca un niño.

En los brazos luce un remolino de tatuajes negros que no disimulan ni lo más mínimo la fuerza que se esconde tras su piel. Es enorme. Se alza imponente sobre nosotros como si fuera una especie de dios vengativo.

Es demasiado distinto como para ser de la Sociedad. ¿Tal vez un sub?

He visto fotos de cómo la gente solía tatuarse y agujerearse el cuerpo con trozos de metal en la Era del Calentamiento, pero hoy en día solo un grupo lleva esas marcas.

Lo que solo puede significar…

Un solitario.

Pero no se parece en nada a lo que me había imaginado.

Aunque las tormentas son la mayor amenaza para Nuevo Manhattan, los solitarios las siguen de cerca.

Hace cien años, se organizaron e invadieron la ciudad con armas caseras y oxidadas.

Iban en busca de nuestra comida y suministros, y lograron matar a miles de los nuestros antes de que por fin los redujeran.

Se expulsó a los solitarios, salvo por una concesión: se les permitiría enviar a algunos niños al año a estudiar a Nuevo Manhattan para que pudieran escapar de su antigua vida e integrarse en nuestro mundo civilizado.

Fue un intento de tender puentes entre nuestros pueblos.

Una muestra de benevolencia de nuestros líderes.

Desde luego, nunca había oído que hubiera ocurrido hasta ahora.

Todo el mundo parece contener el aliento cuando el extraño se acerca despacio al pasillo central, un paso lento tras otro.

Se aproxima al canciller Marks y a la decana Withers con los andares relajados de un depredador que tiene su presa asegurada. Veo en sus miradas de sorpresa que ninguno lo esperaba hoy.

Entra en la parte delantera de la sala y se pasa los dedos por la abundante melena.

—Lo siento, llego tarde —dice con una voz profunda que juro que hace que todos allí traguen saliva—. Creo que es aquí donde puedo matricularme en la academia.