26. Christopher #2
—No es un tipo normal. —Stephen alcanza su celular, la sal cayéndose de su mano, y saca una foto de Alexander de la sesión de Men's Health. La sostiene para que Ryan y yo la veamos.
—Eso no es un tipo normal. ¡No puedo creer que pasaras toda una semana trabajando con él! ¿Lo alcanzaste a ver sin camisa? —Su dedo pasa por más imágenes en su celular con entusiasmo de fan.
Me siento mal por mentirle a Stephen, pero su boca es más floja que su culo. Un desliz y sé que estará gritando desde los techos que su mejor amigo se está acostando con un famoso. Eso es lo último que necesito.
—No. —digo, bajando el shot y alcanzando mi pinta en su lugar. Le doy un trago para bajar mi culpa.
Quiero devolver mi atención hacia ellos, pero tampoco quiero saber los detalles de su relación.
La falta de incomodidad en la cara de Ryan me dice que él no encuentra esta noche tan rara como yo.
Ambos sabemos que hace unos años habría sido su mano en mi pierna y Stephen haciendo de tercero en discordia.
—Míralos. —balbucea Stephen, mostrándole a Ryan la foto de Alexander, yo y el equipo de Brewed en uno de los eventos de activación. Stephen hace zoom en la foto. Alexander está junto a mí, su brazo alrededor de mi cintura—. Harían una gran pareja, ¿no crees?
—Supongo. —Ryan se encoge de hombros con indiferencia, claramente también harto de la conversación.
—Es heterosexual. —Mi tono es un poco demasiado contundente. Demasiado defensivo. Exactamente lo que no quería.
—Ay, ¿cuándo ha sido eso un impedimento para ti? —La mano de Stephen golpea mi brazo con complicidad.
Duro. Pero cierto.
—¿Te conté sobre la vez que abrí la puerta de la habitación de hotel de Christopher, cuando vino para la boda de su hermana, y Alexander Morgan estaba ahí parado? —Stephen alcanza el shot de tequila y se lo toma de un golpe.
Sal y limón al carajo.
—No. —digo, mi corazón acelerado.
Los ojos de Ryan se abren y se fijan en los míos. Nunca ha sido de chismes, pero finalmente muerde el anzuelo de la necesidad de Stephen de discutir esto.
Puedo sentir mi sangre hervir. Me muevo incómodamente en mi asiento.
—Entonces, ¿quién es el activo en su relación? —pregunto, listo para cambiar la incomodidad de mí hacia ellos.
Ryan y Stephen comparten una mirada incómoda. Stephen ha evitado la pregunta cada vez que se la he hecho por teléfono, pero ahora que estoy aquí, no tiene oportunidad de escaparse.
Stephen, sin palabras, agarra mi shot de tequila y se lo toma mientras Ryan empieza a hablar.
Si tan solo eso pasara más seguido: Stephen quedándose sin palabras.
—Somos sides. —dice finalmente Ryan.
—¿Sides? —pregunto, totalmente confundido.
La confusión debe estar escrita por toda mi cara ya que ambos comparten otra mirada incómoda. A Stephen le encanta montarse en una verga, como un vaquero en un bronco salvaje. Y Ryan siempre fue el pasivo en nuestra relación. Esta confesión no tiene sentido.
—Ya sabes, hacemos de todo menos coger. —dice Stephen en un tono condescendiente mientras agarra su vodka con Coca de dieta.
—Sé lo que es un side. No nací ayer. —le respondo bruscamente—. Solo es que nunca hubiera imaginado que ninguno de los dos fuera side.
Ryan se toma su shot de tequila y se acaba su vodka soda mientras el bartender toca la campana para últimas órdenes.
—Bueno, vámonos. —dice, levantándose.
Supongo que ahí termina esa conversación. Para bien.
Stephen se tambalea al pararse, mandando la silla volando hacia atrás contra la mesa detrás de él. Apenas logra salvarse de volar con ella cuando Ryan lo agarra del brazo.
Ay, Dios.
Ryan y yo sacudimos las cabezas al unísono. ¿Qué le pasó? Antes aguantaba tan bien el alcohol.
La larga caminata para llevar a Stephen a su casa está marcada por paradas frecuentes para que vomite el alcohol, junto con el kebab que insistió en comprarse cuando salimos del pub.
El último tramo resulta ser demasiado y se desploma en la banqueta afuera de su departamento, vomitando encima de sí mismo. Su kebab descansa junto a él.
—Ándale. —digo.
Intento levantarlo, pero fallo miserablemente. Es peso muerto. Puro peso muerto sin un ápice de cooperación.
Ryan mira hacia atrás con asco y cruza la calle hacia el departamento de Stephen, abriendo la puerta.
—Stephen, levántate. —digo, jalándolo del brazo y casi arrastrándolo por la banqueta hacia la puerta abierta.
¿Por qué chingados tengo que ser tan buena persona? ¿Por qué estoy aquí afuera ayudándolo cuando Ryan es el responsable de Stephen? Debería haber estado de vuelta en casa de Kelly hace más de una hora. El pensamiento del colchón inflable es mucho más deseable ahora de lo que fue hoy más temprano.
Una vez que entramos al departamento, le paso a Stephen a Ryan, diciéndole que lo lleve a su cuarto mientras yo intento encontrar una cubeta. Me dirijo a la cocina, tratando de no hacer ruido para no despertar a los roommates de Stephen.
Para cuando encuentro una en el baño y llego al cuarto, Stephen está noqueado en la cama. Dejo la cubeta del lado más cercano a su cabeza.
—Bueno, mejor los dejo. —le digo a Ryan, dirigiéndome hacia la puerta principal.
Ryan me sigue y llama mi nombre.
Cuando volteo, me reciben sus labios sobre los míos.
—¿Qué estás haciendo? —Lo empujo inmediatamente, con más fuerza de lo que tenía intención.
—Ándale. —Ryan se inclina de nuevo para besarme, empujándome contra la pared. La manilla de la bicicleta en el pasillo junto a nosotros se clava en mi cintura.
El sabor familiar del Carmex recubre sus labios, haciéndome cosquillas contra los míos al encontrarse, y esta vez, por alguna razón, no lo empujo al instante.
En cambio, me quedo ahí, completamente paralizado.
Su mano se desliza hasta mis jeans y se detiene sobre mi paquete.
Mi cuerpo traidor responde, pero mi mente grita que no.
Se separa y mira hacia abajo.
—Sabía que todavía me deseabas.
—Ya basta, Ryan. —digo, removiendo su mano de mi entrepierna a la fuerza. Mi voz es más dura de lo que la he sentido en años.
—Nadie tiene que enterarse. —susurra, como si eso arreglara algo.
Mi mente corre. ¿Qué está pasando? Stephen está dormido, a menos de diez metros, y su novio, mi ex, se me está lanzando. ¿Están en una relación abierta? ¿Ryan hacía esto con otros tipos cuando estábamos juntos? Las preguntas me azotan como olas.
—Stephen es mi mejor amigo. Puede que eso no signifique nada para ti, pero significa todo para mí. —digo, tratando de calmar mi corazón acelerado mientras mantengo la voz baja.
—Pero no quiero a Stephen, te quiero a ti.
Avanza hacia mí y me estremezco.
¿Es el alcohol hablando? ¿O Ryan se ha sentido así todo este tiempo? ¿Se metió con Stephen para desquitarse de mí por rechazarlo en junio?
—Bueno, esto jamás va a pasar. —digo y lo empujo con toda la fuerza que tengo.
La puerta de entrada no puede abrirse lo suficientemente rápido. Logro salir antes de que Ryan me alcance. Bajo corriendo las escaleras y salgo a la calle, hasta el semáforo, deteniéndome solo cuando estoy seguro de que no me está siguiendo.
Pero. Qué. Chingados.
Paso la mano por mi pelo mientras un grupo de borrachos me desea feliz Navidad. ¿Qué chingados voy a hacer? Stephen me mata si se entera. Pero definitivamente yo no seré quien se lo diga. Eso es seguro.
Miércoles
El sonido de la música navideña entrando al cuarto tanto me despierta como me encabrona. La voz desafinada de Kelly canta junto con All I Want For Christmas Is You de Mariah. Bueno, todo lo que yo quiero para Navidad es un poco de paz y silencio, pero parece que no lo voy a conseguir.
Apenas he dormido cuatro horas, entre llegar tarde, dormir a medias, y el colchón inflable desinflándose en el medio de la noche. Daniel llega a la puerta, y me alivia ver una mimosa en una mano y un ibuprofeno en la otra.
—Dios, te ves peor de lo que yo me siento. —dice, pasándomelos.
—Gracias. —Trago la pastilla y la bajo con la mimosa fría. El alivio es casi inmediato.
Pongo el vaso y alcanzo mi celular, tratando de abrirlo con el Face ID, pero falla. Dios, de verdad debo verme terrible si se negó a reconocerme. Ingreso mi código y soy inmediatamente recibido por un mensaje de Alexander.
SK8ER BOI
Feliz Navidad. No puedo esperar a escuchar qué opinas del regalo.
No sé si es la mimosa, el ibuprofeno, o el mensaje, pero instantáneamente me siento mejor.
Solo para que la sensación de malestar regrese cuando me estiro demasiado rápido hacia el sobre en mi bolsa junto a la cuna del bebé.
El movimiento repentino dispara una oleada de náusea, y el vómito sube por mi garganta.