21. Alexander #2
El sonido de mi celular me sobresalta cuatro horas después mientras rasgueo una idea de melodía para I'm A Broken Man en mi guitarra.
Me inclino para alcanzarlo de donde está en la mesa, enganchando mi brazo con las varitas de incienso junto a él.
Un dolor agudo baja disparado por mi antebrazo izquierdo mientras levanto el celular.
Mi mandíbula se tensa de agonía mientras desbloqueo el celular y veo el mensaje de Christopher.
BETTY
Perdón por no contestarte. Estoy en el hospital desde el domingo en la noche y apenas he dormido. No creo que sea muy buena compañía esta noche. X
Perdón. Está en el hospital. No es que haya estado ignorándome todo el día.
Empujando a través del dolor en mi brazo, deslizo la guitarra acústica fuera de mi regazo y me levanto del sofá, haciéndole señas a Freddy de que necesito salir.
Corro hacia la puerta, llamando a Christopher mientras camino por la casa y agarro mis llaves del carro del perchero.
Mi ritmo cardíaco se acelera y se intensifica con cada uno de los cuatro timbrazos que toma para que conteste.
—¿Estás bien? —pregunto, sin darle oportunidad de decir hola. El pánico ya está trepando por mi garganta.
Cambio el celular de un oído al otro mientras agarro mi chamarra y me la pongo. Mis manos tiemblan.
—Sí, yo estoy bien. Es mi compañero de departamento, Andrew. Lo encontré inconsciente en la casa justo después de que te dejé el domingo.
Un gran suspiro sale de mis pulmones. El alivio me golpea como una ola.
Gracias a Dios, él está bien.
—¿Andrew está bien? —Cierro los ojos, temeroso de la respuesta que viene.
—Lo pusieron en coma inducido. No responde a ninguna de las pruebas que le han hecho. —Su tono es hueco, vacío de cualquier emoción. Eso es lo que me asusta más.
—Lo siento mucho. Ni me puedo imaginar lo que debes estar sintiendo ahora mismo.
Excepto que sí puedo. Había experimentado esa impotencia mientras Samuel yacía inconsciente y muriendo en el suelo.
—He intentado contactar a su familia, pero no me devuelven las llamadas. —Su tono sigue hueco, pero hay enojo debajo—. Lo desconocieron cuando salió del clóset. No quisieron saber nada de él. ¿Quién le haría eso a su hijo?
Su furia queda suspendida en el aire mientras jugueteo con las llaves del carro, sintiendo cómo el metal frío bita en mis palmas.
—¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?
Me quito la chamarra y la cuelgo de vuelta en el perchero. Me doy cuenta de que necesito ser consciente de mis acciones y no llegar como un Mesías tratando de salvarlo de lo que está pasando. Tengo que honrar sus necesidades, pero también ayudarlo.
—No creo que pueda salir a una cita esta noche. No puedo dejar a Andrew solo. Pero el hospital dijo que no puedo quedarme después del horario de visita otra vez, y no me puedo obligar a ir a casa.
Los sollozos silenciosos de Christopher llegan a través del celular, quebrantando el sonido de mi respiración.
—Te puedes quedar aquí —ofrezco—. Puedo pasar por ti al hospital cuando termine el horario de visita.
El silencio se estira entre nosotros, como un vasto camino abierto hacia la nada, tensando mis hombros. Espero. Contengo el aliento.
Abro la boca para intentar de nuevo, rezando por decir lo correcto.
—Tú siempre estás cuidando a todos. Déjame cuidarte a ti.
Camino por la sala y salgo al jardín, mirando hacia abajo sobre Beverly Hills, preguntándome si Christopher está en Cedars-Sinai, justo fuera de mi vista.
—No podría. No debería.
Christopher suena como si se estuviera hablando a sí mismo más que a mí, y aprovecho.
—Tengo a Valentina aquí que también puede ayudar. Ella puede encargarse de lo que necesites. Recoger cualquier cosa de tu departamento, si no puedes obligarte a entrar por tus cosas.
Otro silencio incómodo se presenta, volteándome el estómago.
Déjame entrar. Solo déjame ayudarte.
—Tengo tres recámaras de huéspedes. Ni siquiera tienes que compartir cama conmigo si no quieres. Sé que mis ronquidos son lo último que necesitas escuchar si no has dormido los últimos dos días. Solo puedes descansar aquí, no tener que preocuparte de nada más que de tu compañero de departamento.
El celular se queda en silencio una vez más mientras camino hacia la alberca y veo una lagartija correr por la orilla antes de desaparecer valle abajo.
—¿Estás seguro? —pregunta, con cautela delineando sus palabras.
—Claro que sí. Solo dime en qué hospital y a qué hora recogerte y ahí estaré. —Salpico el agua de la alberca con el pie, viendo el círculo que forma en el agua.
—Estoy en Cedars-Sinai. Me van a correr como a las ocho.
—Listo —digo y miro mi reloj, notando que apenas son las cinco y media—. Te veo entonces.
Cuelgo y me dirijo de vuelta al estudio. Freddy voltea en su silla cuando entro y se amarra el pelo con una liga que levanta del escritorio de sonido.
—¿Todo bien?
Mi mirada recorre las paredes, hacia las placas que he recibido por mis discos. El sol de la tarde entra por los ventanales polarizados del departamento al techo detrás del escritorio e ilumina el sofá, donde había dejado la guitarra y el diario de cuero que contiene todas mis ideas de letras.
—El compañero de departamento de alguien que conozco está en coma.
—Chale, qué gacho.
—Sí, está cabrón.
Me dejo caer en el sofá y agarro el encendedor, volviendo a prender las varitas de incienso que se apagaron. El humo sube en espirales.
—¿Quieres hablar de eso? —Freddy gira de vuelta al escritorio para servir lo último de su San Pellegrino en su vaso antes de voltear de nuevo hacia mí.
—Creo que estoy bien. Voy a recogerlo al hospital en un par de horas y lo platico con él entonces.
Me hundo de vuelta en el sofá y tomo mi guitarra.
—¿Quieres que dejemos esto? ¿Retomarlo otro día?
Freddy voltea de vuelta a la pantalla y abre todas las pistas grabadas de I'm A Broken Man, la canción que escribí en The Meadows. Las voces principales y los coros ya están grabados junto con el riff principal de guitarra y la batería programada.
—Tal vez podríamos estacionar eso por ahora y trabajar en algo nuevo antes de que me tenga que ir.
Una melodía se forma en mi cabeza mientras empiezo a jugar con varios acordes.
—Claro —dice Freddy, guardando la pista y abriendo un archivo nuevo.
—¿Puedes ponerme en loop los siguientes acordes, en teclado por favor? —le pido, mostrándole a Freddy lo que quiero que replique en el piano.
Freddy fija los acordes, poniéndolos en loop, y yo bajo la guitarra mientras suena la pista, para alcanzar mi diario. Paso a una página vacía y empiezo a tararear una melodía encima, escribiendo las letras conforme van saliendo.
I know you’re tired of everything you’re going through,
Life’s been knocking you down when you’re already
bruised,
Unanswered questions leaving you so damn confused,
But I am here with you.
It breaks my heart to know there’s nothing I can do,
I’d take away the troubles haunting you,
Everything that causes you pain, I would remove,
Still I am here with you.
Para cuando termino de trabajar el resto de la letra, ha pasado otra hora. Estoy más cerca. Puedo sentir algo en esta canción. Algo real.
—¿Crees que deberíamos hacerla más esperanzadora? —pregunta Freddy mientras canto los dos versos en voz alta—. ¿Un poco más inspiradora?
Freddy transpone los acordes a una tonalidad diferente, forzándome a cantarla medio octava más arriba y dándole a la canción un sonido optimista. Un escalofrío me recorre la espalda cuando canto la última línea y sé que está en algo bueno.
—¿Te puedo dejar jugando con la producción? Necesito bañarme y cambiarme antes de ir al hospital.
—Sin problema —dice Freddy, volteando de nuevo al piano para grabar los nuevos acordes mientras me levanto.
Para cuando me he bañado, secado y cambiado de ropa, ya casi son las 7:40. Agarro algunas prendas de mi vestidor y salgo del cuarto hacia la puerta principal. No debería tomarme más de quince minutos llegar a Cedars-Sinai desde aquí, pero no quiero arriesgarme. No cuando se trata de Christopher.
—¡Valentina! —grito.
—¿Sí? —Su cabeza de cabello negro aparece detrás de la barra de la cocina antes de que el resto de ella emerja.
—Tengo un amigo que viene a quedarse esta noche, tal vez unos días. ¿Podrías preparar una de las habitaciones de huéspedes y sacar unas toallas? ¿Y también podrías dejar esto en la banca al pie de la cama junto con las toallas?
—Claro —dice, acercándose para quitarme la ropa de las manos—. ¿Van a querer cenar todos?
¿Todos? Oh, debe referirse a Freddy también.
—No estoy seguro todavía. Freddy se va a ir pronto, pero te aviso de camino de vuelta —digo, dirigiéndome de vuelta a la puerta principal.
Probablemente debería avisarle a Freddy que se deje salir solo antes de irme.
Corro al estudio y asomo la cabeza por la esquina de la puerta.
—¿Puedes salirte solo cuando tengas esos acordes?
—Sí, claro —dice—. ¿Quieres que exporte las dos pistas y mande lo que tenemos hasta ahora a ti y a management?
—Solo a mí por ahora, por favor —digo, sacando la cabeza y cerrando la puerta.
Esa conversación puede esperar para otro día.