Stolen Hearts (La Serie de Romances Robados nº 3) 14. Christopher #2
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14. Christopher #2

No puedo culparla por preguntar. Es la misma pregunta que le hice a Paul hace dos horas.

Brewed está gastando un chingo de dinero en esta campaña, y comprensiblemente, quieren asegurarse de ver un buen retorno de su inversión.

La respuesta de Paul puso toda la responsabilidad en mis hombros.

Tú enfócate en no hacer nada que lo altere y no tendremos problema.

Genial.

No es como si no tuviera ya suficiente con qué lidiar.

—Connie y Paul me han asegurado —palabras suaves— que Alexander está en un buen estado mental. Que van a estar vigilando todo lo que haga en el futuro cercano, cada paso que dé, cada palabra que salga de su boca, para asegurar que no surjan más escándalos.

Las palabras son suficientes para obtener asentimientos reconfortantes de ambas y para que mi mano pulsante sobre la pelota antiestrés se detenga.

No tengo duda de que cuando se trata de Connie y Paul, le van a mantener las riendas cortas.

Pero si algo he aprendido en los últimos cinco meses, conociendo a Alexander, un escándalo nunca está muy lejos.

Para el final del día, logré tachar la última cosa de mi lista de pendientes en el trabajo.

Bueno, le delegué varias cosas a Olly. Después de dos meses de tener que cubrir todo el trabajo extra por el despido de Tony y la renuncia de Sara, es lindo tener a alguien que ayude.

Y esa ayuda no pudo llegar más oportunamente, dada la semana que viene.

La cabeza de Olly está enterrada en su libreta amarilla. Anota el último punto, sumándolo a una larga lista de tareas que le di, antes de volver a mirarme mientras agarro mi mochila.

—¿Cuánto tiempo estarás fuera? —Sus ojos inquisitivos azul oscuro están fijos en mí.

—Del domingo al siguiente fin de semana.

No es el mejor momento para irme una semana justo cuando él está empezando.

—¿Y ya está todo arreglado con tus planes de viaje?

—Sí. —Mi mandíbula se tensa.

Ya me arrepiento de haber aceptado encontrarme con Alexander en Albuquerque en vez de Nueva York.

No porque significa que esperemos tendremos tiempo de aclarar las cosas, sino porque me olvidé completamente de la fiesta de cumpleaños de Andrew y tendré que perderme las celebraciones este año como resultado.

Los ojos de Olly se estrechan, un destello de confusión aparece en su cara.

Mientras menos sepa de eso, mejor.

—No necesitas preocuparte por mis planes de viaje, ya tienes mucho con qué familiarizarte y aprender. —Asiento hacia su libreta mientras me levanto del escritorio y me pongo mi chamarra.

—¿Aún vas a poder ver el partido de los Raiders contra los Patriots el domingo? —pregunta Olly con una gran sonrisa.

Sacudo la cabeza. Los hombres hetero y sus pláticas de deportes. Supongo que todavía tenemos mucho por aprender el uno del otro.

Una vez que aviento mi mochila en el asiento del copiloto y me subo al carro, saco mi celular y veo tres videollamadas perdidas de Stephen.

Considero manejar a casa antes de devolverle la llamada, pero ya deben ser casi las 3 a.m. allá y me falta una hora para que empiece mi clase en el gimnasio, así que rápidamente presiono el botón de videollamada.

—Por favor no estés enojado conmigo —arrastra Stephen con voz de borracho al contestar.

Su cara me mira desde una parada de autobús que vagamente reconozco sobre Charing Cross Road. Sus dientes castañean por el frío, y aunque no puedo distinguir qué trae puesto, sin duda tiene algún atuendo diminuto a pesar de que el invierno se acerca rápido.

—No estoy enojado. Solo estoy decepcionado —digo, una mentira si me hubiera visto hace unas horas, pero las pelotas antiestrés ayudaron. Aunque no eliminaron mi enojo, especialmente después de su mensaje de respuesta donde confirmó mi sospecha de que se han estado viendo desde la boda de Kelly.

—No fue mi intención enamorarme de él. Simplemente pasó. —Un moco se forma debajo de su fosa nasal derecha.

¿Amor? ¿Qué demonios? Pensé que solo se habían hecho novios, y ahora habla de amor.

Respiro profundo, poniendo mi celular en el soporte, y enciendo el motor.

—¿Qué simplemente pasó? ¿Hacerse novios o enamorarse? —Mi tono cortante no esconde mi frustración.

—Las dos cosas. —Se limpia la nariz y luego las lágrimas de sus mejillas con la muñeca. Su bronceado falso se corre al hacerlo.

Gracias a Dios hay un océano entre nosotros ahora mismo.

Si estuviera en Londres, probablemente lo estaría ahorcando, especialmente si tuviera que presenciar a él y Ryan siendo todo cariñosos el uno con el otro.

Pero afortunadamente, no tengo que hacerlo.

Lo único que tengo que aguantar son las publicaciones de Instagram que Stephen sin duda compartirá sin parar.

La primera apareció hace una hora. Era un repost de la historia de Ryan, mostrando a la pareja sosteniendo su trofeo de Queerz Night Pub Quiz.

Una punzada de celos y envidia surgió al verlo.

Si fuera cualquier otro que no fuera Ryan, estaría feliz por Stephen. El hecho de que finalmente encontró a alguien con quien asentarse, en vez de hacer scroll infinito en Grindr o frecuentar las saunas gay, normalmente sería motivo de celebración.