Stolen Hearts (La Serie de Romances Robados nº 3) 14. Christopher
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14. Christopher

CHRISTOPHER

JUEVES

Las paredes de este cubículo del baño se sienten como si estuvieran aplastando el aire de mis pulmones. Mi respiración es corta y superficial, mis palmas y frente están húmedas. Mi piel arde debajo de mi sudadera, a pesar del frío ártico que fluye del aire acondicionado del baño.

¿Cómo pudo hacerme esto?

Después de todo lo que he pasado, ¿cómo pudo?

Miro el celular de nuevo, releyendo el mensaje para asegurarme de que no me equivoqué, pero ahí está. Claro como el agua.

STEPHEN

Entonces, este. No sé cómo decirte esto, pero Ryan y yo estamos en una relación. Quería que lo escucharas de mí antes que de nadie. Xx

¿Qué demonios?

Se supone que Stephen es mi mejor amigo.

¿Cómo pudo juntarse con mi ex? O sea, ¿dónde está su brújula moral?

Se supone que los amigos gays vienen primero, que los hermanos se cubren las espaldas, no que uno se comporte como una zorra con el ex del otro.

Esa era la regla número uno, inquebrantable, no negociable: mantenerse lejos de los exes del otro.

Lo cual honestamente no debería ser tan difícil para Stephen, comparado conmigo.

Su lista es más larga que el silencio cuando dice algo gracioso. Mi lista consiste en una persona: Ryan. Bueno, dos si cuento esos dos días que Alexander y yo fuimos novios.

Y no es como si viviera en una ciudad donde las opciones son escasas, donde tendría que escarbar en los rincones oscuros para encontrar hombres.

Debe haber decenas de miles de chicos gays en Londres de los que pudo haber elegido.

Cientos de miles en toda Gran Bretaña. Y de todos ellos, todos esos rostros disponibles y dispuestos, eligió al único que estaba prohibido.

Al único que debería haber estado fuera de los límites.

Solo tenía que evitar a un tipo. Era todo lo que necesitaba hacer. Un tipo.

Abro Instagram con dedos temblorosos y voy al perfil de Stephen, esos dedos ahora obsesionados con revisar sus historias y haciendo scroll en sus publicaciones, buscando desesperadamente rastros de Ryan en cualquier lugar, en cualquier foto, en cualquier momento en el que sus caminos podrían haberse cruzado.

A Ryan le habían gustado varias publicaciones de Stephen, muchas de ellas desde hace tiempo hasta...

Me detengo en la publicación de Stephen sobre nosotros dos en Londres en junio.

La misma noche que me topé con Ryan en Circa.

La noche que me besó.

No hay likes de Ryan en ninguna de las publicaciones anteriores de Stephen.

Mi pecho se aprieta y mi cabeza palpita. No lo hizo. No lo haría. No hay forma de que Stephen se hubiera acostado con él esa misma noche, y que esto haya estado pasando desde junio.

Pero ya me metí en esta madriguera, así que bien puedo seguirla. Entro al perfil de Ryan, pero me encuentro con un callejón sin salida. Su cuenta es privada. ¡Ugh! ¿Por qué tuve que dejar de seguirlo cuando terminamos?

Porque eres terco. Las palabras de Kelly reverberan en mis oídos.

Espera. Espera, espera, espera. ¿Era este el consejo que Stephen me estaba pidiendo?

¿La deliberación sobre si debía o no entrar en una relación con Ryan?

¿Cuando me preguntó esos días atrás si debería hacer algo así?

Escribo furiosamente un mensaje mientras agarro una hoja de papel de baño y me seco el sudor enojado que se filtra por mis poros en la frente, ese sudor que no tiene nada que ver con el aire acondicionado congelante.

Borro y reescribo mi mensaje varias veces, apretando el teléfono como mi pelota antiestrés, tratando de reducir el enojo por dentro y templar mi respuesta.

CHRISTOPHER

Contéstame esto. ¿Cuándo se acostaron por primera vez?

Me levanto con rabia, mis piernas temblando ligeramente, y jalo la palanca del excusado con más fuerza de la necesaria.

No funciona. Ni una puta vez. Lo intento de nuevo, con más fuerza, escuchando ese sonido hueco que indica que nada va a cambiar.

Al tercer intento fallido me rindo, aceptando la derrota de este pequeño y estúpido objeto. Qué inicio tan mierda de día.

Regreso a la oficina y veo al nuevo asistente mirándome mientras me acerco a mi escritorio. Entrenar a un nuevo empleado es lo más lejano de mi mente ahora mismo. ¿Por dónde empezaría? ¿Qué le enseñaría? ¿En qué necesito ayuda?

—¿Necesitan que les ayude con algo? —pregunta Olly, dejando caer su cuchara en su plato.

La leche salpica sobre su camiseta azul.

Tiene veintidós años, cara de novato, y está armado como un jugador de fútbol americano.

Su piel es un tono más pálido que la mía, y su cabello está rapado como si acabara de enlistarse en los marines.

Volteo detrás de mí y luego me doy cuenta de que solo me está hablando a mí.

Su acento sureño me confunde cuando dice y'all.

Lucho contra el impulso de responderle con el mismo acento, un terrible hábito que desarrollé cuando me mudé a Los Ángeles y empecé a imitar a las chicas del Valle con sus tonos quejumbrosos.

En cambio, tomo el plumón quitamanchas Tide de mi cajón, se lo aviento y señalo la mancha en su camiseta.

Se sonroja mientras se le forman hoyuelos en ambas mejillas.

—Creo que estoy bien por el momento. Pero te necesito en la reunión que estoy a punto de tener. —Asiento hacia la sala de juntas mientras agarro mi laptop y cuaderno y me dirijo hacia allá. Olly rápidamente se talla la camiseta con el quitamanchas, luego me sigue detrás.

—Christopher, ¿cómo estás, cariño? —Caryn echa su cabellera rubia detrás del hombro y se acomoda la blusa color crema. Chloe aún no se ha unido a la videollamada de Zoom.

Es sorprendente lo similares que son la mayoría de las publicistas. Como si todas asistieran a las mismas clases de etiqueta de relaciones públicas. El enfoque de Caryn es casi idéntico al de Connie. Cariño por aquí, movidas de cabello por allá.

—Bien, gracias, ¿y tú? —Mi tono es menos carismático que el de ella.

—Maravilloso, cariño. No puedo esperar a poner esto en marcha. —Se frota las manos con entusiasmo.

La puerta se abre detrás de ella y Chloe entra. Sus manos sostienen una taza de Brewed, el eslogan de la compañía claramente visible en pantalla mientras se sienta: One cup away from tolerating humanity.

Más como siete en mi caso, comento en silencio. Su cabello castaño oscuro y maquillaje de ojo de gato invertido contrastan con su labial nude y camiseta color caramelo.

—Perdón por hacerlos esperar, me atrapó una junta de pronósticos. —Chloe pone los ojos en blanco—. ¿En qué vamos?

—Acabamos de empezar, cariño. —Caryn se revisa en su cámara, en vez de mirar a Chloe. Es un crimen del que yo también he sido culpable múltiples veces.

—Perfecto. ¿Cómo está Alexander? —Chloe avanza rápidamente las cosas.

Su pregunta se cierra alrededor de mi garganta como una prensa.

¿Qué les digo? ¿Que Paul está preocupado por la recuperación de Alexander? ¿Que me informó nada sutilmente que necesito ir con cuidado cuando hable con él esta mañana? ¿Que cualquier cosa que haga podría causar una recaída?

Mejor no. Mejor hacer lo que me he acostumbrado a hacer cuando se trata de Alexander y ser adyacente a la verdad.

—Está bien. Salió del centro de tratamiento ayer. Parece estar de buen ánimo, según su equipo.

—¿No nos van a acompañar? —pregunta Caryn, tomando una lima de uñas y limándose la uña del dedo índice.

—No —contesto y suelto una risita, no por la pregunta, sino por lo cómoda que está Caryn limándose las uñas en una llamada conmigo y Olly, a quien aún no he presentado—. Sentí que podríamos tener una conversación más franca sin ellos.

—Por cierto, este es nuestro nuevo asistente, Olly. Los conecto por correo después de la llamada —digo, sonriéndoles. Giro mi laptop para que puedan verlo mejor. Ambas sonríen y saludan mientras Olly les devuelve el saludo con la mano.

—¿Cómo va la campaña hasta ahora? —pregunto, regresando la conversación a sus indicadores clave de desempeño, sin querer hundirme en chismes sobre Alexander.

—¿Van bien? Están más bajos de lo que esperábamos a dos semanas del lanzamiento. Pero, dado los ajustes hechos a la campaña por la disponibilidad de Alexander, no esperamos que las cosas repunten hasta justo antes de Acción de Gracias.

Hay un ligero tono amargo en la voz de Chloe, casi sardónico, y no la culpo necesariamente.

La estancia en rehabilitación tiró por la borda todos sus planes de marketing, todos los cronogramas cuidadosamente calculados que ella había armado.

En todo caso, esa inversión desperdiciada me hizo apreciarla más como persona.

Se ha formado una especie de afinidad entre nosotros, una camaradería no solicitada, ya que ambos hemos sido jodidos por las acciones de Alexander, aunque de maneras muy diferentes.

—¿Alguna actualización de su sello discográfico? —Caryn deja su lima y regresa su atención a la pantalla.

Abro mi cuaderno y entrecierro los ojos en las notas que tomé de la llamada con Paul más temprano.

—It's the Most Wonderful Time of the Year está en el puesto sesenta y dos del chart diario de Spotify USA y está en una posición similar en Apple, lo cual es alentador siendo tan temprano.

Solo Mariah y Brenda Lee con sus canciones navideñas están más arriba.

Están creando un montón de recursos digitales para redes sociales vinculados a la canción, y Paul logró que el sello aceptara incluir una referencia a la campaña de Brewed en ellos.

—¡Genial! ¿Necesitan que les mande nuestros materiales de marca? —pregunta Chloe.

—Seguro les sería útil. Déjame conectarte con ellos después de la llamada. —Le asiento a Olly para que tome nota.

Las mujeres permanecen en silencio, y siento la tensión subiendo en mi cuerpo.

Tomo una de las pelotas antiestrés que dejé en la sala de juntas y la leo: Mejor apriétame a mí que mandar ese mensaje. Ya es tarde para eso, pienso.

Las mujeres comparten una mirada y luego Chloe habla.

—¿Y estamos seguros de que Alexander está listo para esto? ¿Que no habrá más escándalos?