60 Hedda
—Creo que tu Rowan se está dejando dar una paliza por Lars.
—No es mi Rowan.
Sigo amasando la mezcla de la tarta bløtkake con más fuerza de la necesaria. A Lars le encanta esa tarta y espero que le levante el ánimo. La receta original lleva fresas, pero las he sustituido por bayas porque mi hermano las odia. Vete a saber por qué, si a todo el mundo le encantan las fresas.
Mi hermano sigue atrapado en un bucle autodestructivo.
Los últimos tres días los ha pasado corriendo de madrugada, corriendo por las tardes, golpeando el saco y levantando pesas en el gimnasio de su habitación.
Además, insiste en hacer de guardaespaldas conmigo, aunque le he pedido que se deje de tonterías. No me ha hecho ni caso.
Lars está muy mal, aunque jamás lo admitiría porque siempre va de duro.
Lo ha destrozado descubrir que Arick no solo agredió a Alice, sino también a otras chicas a las que drogó, grabó y violó. La policía encontró los vídeos tras analizar el disco duro de su ordenador. Es un depredador sexual.
Lars no quiere hablar del tema, pero yo sé que está hecho polvo.
Arick no era solo su capitán, sino una especie de hermano mayor.
Construyó gran parte de su moral alrededor de su figura.
Desde que se graduó en el instituto, el ejército se convirtió en su válvula de escape y ser militar pasó a darle sentido su vida.
Encima, se culpa por la violación de Alice. Cree que, si hubiera sido más perspicaz, habría visto el monstruo que Arick escondía tras esa fachada de héroe militar.
He intentado hablar con él, pero es la clase de persona que se cierra en banda cuando algo le duele de verdad.
Incluso Matti está preocupada por él, y me ha aconsejado que lo deje estar porque es demasiado testarudo.
«No servirá de nada que intentes ayudarlo si no quiere ser ayudado», me dijo el otro día.
Mi amiga roba un poco de nata del bol y la prueba con el dedo.
—Mmm, demasiado dulce para mi gusto. Bueno, si a ti no te importa que Lars le destroce la cara, aquí no hay más que hablar.
Lo que no entiendo es por qué Rowan no se defiende.
—Pone una mueca al ver las bayas—. ¿Por qué no le has echado fresas?
Una bløtkake sin fresas es como una tarta de manzana sin manzana.
—Espera… —Saco los manos del bol y la miro, alarmada al caer en lo que acaba de decir—. ¿Que Lars está haciendo qué?
Matti señala hacia la ventana de la cocina.
—Dándole de hostias a Rowan. Pero él no se defiende. ¡Guau! Vaya tunda le está dando. —Saca el móvil de su bolsillo y apunta hacia la ventana—. ¿Lo puedo grabar? Seguro que saco un buen pellizco si vendo el vídeo a la tele.
Ay, Dios.
Miro por la ventana y veo a Lars encima de Rowan. Le está dando un puñetazo tras otro en la cara. Desde aquí puedo ver la sangre que mancha mi jardín.
Salgo corriendo de casa con las manos cubiertas de harina y suelto un grito ahogado al ver a Lars golpeando la cabeza de Rowan contra el borde de uno de los escalones del porche.
—¡Lars, lo vas a matar!
—Este enfermo ha dicho que puedo partirle la cara y romperle todos los huesos del cuerpo, pero que ni aun así conseguiré alejarlo de ti.
—Lo agarra del pelo y vuelve a estrellarle la cabeza contra el escalón—.
¡¿Qué clase de enfermo deja que le partan la cara con una sonrisa?
! ¡Golpéame, hostia! ¡No voy a dejar de pegarte hasta que me devuelvas los golpes!
Ni lo pienso.
Salto sobre la espalda de mi hermano y lo golpeo donde pillo.
—¡Suéltalo, Lars! ¡Lo vas a matar! ¡Por el amor de Dios! ¡No se está defendiendo!
—¡¿Qué coño pretendes?! ¡Deja de actuar como un puto mártir y devuélveme los golpes de una vez! ¡Me estás haciendo quedar como una maldita bestia!
Rowan parpadea con el único ojo que puede abrir. Me mira. Una sonrisa torcida y ensangrentada tira de las comisuras de sus labios.
—¡Déjalo! —le suplico llorando, golpeándolo en la espalda con todas mis fuerzas—. ¿No ves que no piensa pegarte? ¡No va a tocarte aunque lo mates a puñetazos! Es su forma de demostrarme que nunca volverá a hacerte daño.
Mi hermano resopla como un toro furioso. Sigo colgada de su espalda y me estoy planteando morderlo cuando alza la mano para darle otro puñetazo. Entonces la deja suspendida en el aire, observa a Rowan con rabia y la estampa justo al lado de su cabeza. Contra el escalón.
Rowan rueda sobre la hierba nevada. Tiene la cara completamente destrozada, cubierta de sangre, un ojo morado y cerrado y la nariz torcida. Me descuelgo de Lars y me arrodillo a su lado.
—Es capaz de dejar que lo mates con tal de salirse con la suya —rompo a llorar, acunándole la cara entre las manos.
—¡Está enfermo! —Lars parte uno de los barrotes de madera del porche de una patada—. ¡Completamente enfermo!
—¡Entra en casa! ¡Y la barandilla la arreglas mañana!
—La barandilla la arreglo ahora mismo si hace falta. Pero ni de coña te dejo con ese chalado. ¡Si se estaba riendo mientras le daba de hostias! ¿Quién se ríe al recibir la paliza de su vida?
—No ha sido para tanto —resuella Rowan—. Pegas como un crío de parvulario.
Lars vuelve a abalanzarse sobre él.
—¡Te voy a reventar, hijo de puta!
Matti aparece detrás de él y tira de su brazo. Lars se revuelve con el puño en alto y frena a escasos centímetros de la cara de mi amiga. Al reconocerla, se suelta de su brazo como si ella estuviera prendida en llamas. Matti se limita a enarcar las cejas.
—¿Qué te pasa, bruja? ¡Podría haberte pegado!
—Pues te habrías llevado una patada en los huevos. —Lo empuja hacia el porche—. Vamos dentro o le echaré todas las fresas que encuentre a la tarta.
—¡No te atrevas!
—Deja que tu hermana lidie sola con esto o te juro que llamaré a mi abuela para que vea el cavernícola que eres en realidad. Se va a llevar un buen disgusto. ¿Quieres que le suba la tensión por tu culpa?
La vena del cuello de Lars se hincha. Se revuelve y la mira con rabia.
—Eres un puto dolor de cabeza.
—Y tú, un matón sin dos dedos de frente.
Matti saca el móvil y comienza a marcar el número de su abuela.
Lars se lo arrebata y sale pitando hacia la casa con ella gritándole y pisándole los talones.
Aprovecho que están enzarzados en una de sus larguísimas discusiones para correr hacia el baño y coger el botiquín.
Cuando regreso, Rowan sigue tendido en el suelo, respirando con dificultad.
Apenas puedo tocarlo sin que me tiemblen las manos.
—V-voy a llevarte al médico —balbuceo—. Mírate. Dios mío, Rowan.
Meto los brazos por debajo de sus axilas para intentar levantarlo, pero es como arrastrar un peso muerto. Le grito que colabore, pero él niega con la cabeza y me frota el cuello con la nariz. Al principio, no entiendo qué está haciendo, hasta que me doy cuenta de que me está oliendo el pelo.
Su mano manchada de sangre me acaricia la mejilla.
—Estás aquí —dice con esfuerzo—. Ya no me duele nada.
Sus palabras terminan de romperme. Las lágrimas corren por mis mejillas mientras me alejo un poco para inspeccionarlo. Estoy segura de que tiene algún hueso roto y una conmoción cerebral.
—Estás completamente loco. Te ha dejado la cara hecha un cristo.
—Pero has salido a buscarme.
—¡Te ha roto la nariz! ¿En serio te ha compensado dejar que mi hermano te diera una paliza?
Me sonríe. El gesto parece dolerle.
—Me estás tocando, así que sí, todos los golpes han merecido la pena.
Me entran ganas de matarlo y besarlo al mismo tiempo.
Rowan alza la mano para colocarme un mechón detrás de la oreja, pero se lo impido al echarme hacia atrás. Si vuelve a tocarme, estoy perdida. Pero me niego a dejarlo en este estado, así que abro el botiquín y comienzo a desinfectarle las heridas de la cara con cuidado.
Rowan me observa sin decir nada. Con el único ojo abierto. El de color verde. Me está mirando como si fuera lo más fascinante que ha visto en su vida.
—Lo pillo. Has demostrado que Lars ya no es tu objetivo. No hacía falta que dejaras que te destrozara la cara, pero todos lo hemos entendido. Él incluido. Ahora, Lars está aún más furioso y se pasará varios días de morros. Y a mí casi me da un infarto.
Su mano se posa sobre la mía.
—Dejaría que me diera una paliza todos los días si así me permitieras volver a tu lado.
Retiro mi mano de inmediato. El corazón se me va a salir del pecho.
—Para, Rowan. Para.
—No puedo.
—Sí puedes.
—Pues no quiero.
Me sostiene la mirada con esa terquedad tan suya que tanto me desespera.
—Yo me abrí contigo —le reprocho entre lágrimas—. Te conté lo importante que era Lars para mí y lo unidos que estábamos. Pero, aun sabiendo que su muerte me destrozaría, seguiste adelante con tus planes.
—Pensaba que era el violador de mi hermana.
—¡Ese es el problema! Si me lo hubieras contado, si de verdad hubieras confiado en mí, habrías entendido que Lars era incapaz de hacer algo así. Y juntos habríamos descubierto que el verdadero culpable era Arick.
Rowan intenta atrapar mi mano de nuevo. Me pongo de pie para alejarme de él.
—Vuelve a Londres.
—No tengo nada allí.
—Tienes tu huerto, tu casa, tu hogar.
Le arde el ojo.
—El único hogar que conozco eres tú.
Me tropiezo al llegar al porche. Si me hubiera dicho eso mismo hace tres días, le habría confesado que mi corazón le pertenece. Pero no puedo entregárselo a un hombre que no sabe cómo cuidarlo.
—Si eso fuera verdad, habrías sido honesto conmigo en vez de seguir adelante con tu venganza.
—La voz se me rompe, pero no me detengo—.
No puedes decirle a una persona que es tu hogar y, al mismo tiempo, arrebatarle lo que más ama en este mundo.
—Las lágrimas me nublan la vista—. Si esa es tu forma de quererme, Rowan, entonces tus sentimientos por mí son egoístas y mezquinos. Y yo no puedo aceptar que me amen así.
Lo miro una última vez y añado con un sollozo:
—Merezco más.