57 Rowan
Lars no ha dejado de apuntarme con la pistola durante los diez minutos que han tardado en llegar los tres coches de policía. Ha permanecido de pie frente a mí, con la mandíbula tensa, mientras el despojo de su capitán yacía en el suelo de mi salón con la cara convertida en un amasijo de sangre.
Solo podía pensar en lo injusto que era que ese violador siguiera respirando.
Me moría por matarlo, pero he tenido que tragarme las ganas para que Alice, Roxie y Hedda no presenciaran cómo Lars me volaba la cabeza de un disparo.
Sé que el muy cabrón me tiene ganas. Eso las habría puesto tristes.
Al menos, a las dos primeras. Con Hedda no lo tengo tan claro después de lo sucedido.
Puto Lars. El odio que sentía hacia él se ha transformado en un resentimiento lacerante por impedirme ponerle las manos encima a la escoria de su amigo.
Cuando Aksel, ese policía con el que Lars tiene alguna cuenta pendiente, aparece en la cabaña con sus hombres, Lars le resume lo que ha pasado.
Me toma por sorpresa que omita la carpeta y el hecho de que yo llevaba semanas planeando matarlo.
Se limita a denunciar a su capitán y luego asegura que testificará en su contra tras lanzar una mirada fugaz a mi hermana.
Si espera que se lo agradezca, puede morirse sentado.
Aksel esposa a ese violador cuando este recobra la conciencia. Lo arrastran hacia el coche patrulla mientras grita que están cometiendo un error. Lars ni siquiera lo mira.
Me consume la impotencia. Este no era el final que había planeado para esa rata.
Quería verlo sufrir igual que Alice ha sufrido todos estos meses.
Lo único que me consuela un poco es ver a Alice envuelta en una manta térmica mientras una policía le toma declaración.
Es la primera vez desde aquella maldita noche que veo algo parecido a la paz en su cara.
Eso es lo único que evita que vuelva a abalanzarme sobre Arick cuando lo meten en el coche patrulla.
Hedda ha permanecido en silencio todo este tiempo. Está sentada en las escaleras del porche, acariciando a Roxie sin mirar a nadie. Su indiferencia me mata más que todos los golpes que he recibido hoy.
No aguanto más. En cuanto terminan de tomarme declaración, voy a buscarla. Necesito hablar con ella. Tocarla. Cerciorarme de que se encuentra bien. Pero una mole rubia me planta una mano en el pecho antes de que llegue hasta ella.
—Ni de puta coña.
Lars tiene los nudillos hinchados y los ojos inyectados en sangre. Sé que tiene ganas de matarme. El sentimiento es mutuo.
—Ahora que sabes de lo que soy capaz, ¿de verdad crees que puedes mantenerme alejado de Hedda?
Lars me empuja contra la barandilla del porche. La madera cruje detrás de mí. Este pedazo de cabrón es el hombre más fuerte que he conocido en mi vida. Cómo lo odio, joder.
—El que parece no saber de lo que soy capaz eres tú.
—Me agarra del cuello del jersey y acerca mi cara a la suya—.
Si he sido capaz de romperle los putos dientes al hombre al que llevaba siete años admirando, imagina lo que podría hacerte a ti.
Tendrías que nacer mil vidas y, aun así, jamás merecerías a mi hermana.
—Me has puesto una pistola en la cabeza y aquí sigo. Deja de actuar como si pudieras asustarme, idiota. Ahora entiendo por qué Hedda es tan jodidamente buena: no se parece en nada a ti.
Sus ojos brillan con violencia contenida.
—Venga, sigue hablando. Estoy deseando desquitarme con alguien. Y tú eres mi primera opción, puños de oro.
Aunque tengo el cuerpo destrozado, sonrío de medio lado.
—Hazlo, pero tendrás que matarme para alejarme de ella.
Veo cómo se lo está imaginando.
—Lars. —La voz de Hedda nos separa de golpe. Ella le pone una mano en el hombro—. Tengo algo que decirle.
—No —gruñe el muy gilipollas.
—Necesito hablar con él. No me quites también eso.
Lars exhala por la nariz.
—Permaneceré a dos metros. —Me fulmina con la mirada antes de centrarse de nuevo en su hermana—. Y, como esta sabandija te toque, me lo cargo aquí mismo. Aunque el inútil de Aksel esté deseando llevarme preso.
El aludido entrecierra los ojos en su dirección.
—Eres un grano en el culo, Storm.
—Vete al infierno —masculla al pasar por su lado.
Me importa un carajo lo que me haya advertido Lars. En cuanto baja las escaleras del porche, comienzo a acercarme a Hedda porque me duele físicamente estar lejos de ella. Basta una mirada helada de sus ojos castaños para dejarme clavado en el sitio.
Nunca me había mirado así. Ni siquiera cuando le dije todas aquellas mentiras crueles para alejarla de mí.
—Te acercaste a mí solo para vengarte de Lars —me recrimina.
Cada palabra me atraviesa el pecho como un cuchillo.
—No sabía que era tu hermano hasta que apareció aquel día. Por eso te dije aquellas cosas. Quería alejarte.
—¿Y por qué volviste a acercarte a mí si pensabas matar igualmente a mi hermano?
Porque soy un egoísta.
Porque me enamoré de ti.
Porque lo quería todo.
—No iba a renunciar a lo mejor que me había pasado en la vida. Ni a dejar sin castigo al hombre que destrozó a mi hermana —admito sin pudor—. Soy así de avaricioso, cariño.
Las lágrimas se acumulan en sus ojos. Me muero por abrazarla y tragarme su dolor, pero verla morderse los labios me obliga a quedarme quieto.
—No vuelvas a decir que soy lo mejor que te ha pasado en la vida cuando ibas a arrebatarme a Lars sabiendo lo importante que es para mí.
Sabías que eso me habría roto el corazón, y aun así no te importó.
Mientras yo confiaba en ti…, tú estabas planeando matar a mi hermano.
—Se le rompe la voz—. ¿Cómo eras capaz de mirarme a los ojos?
—¡Pensé que había violado a Alice! ¡Y aun así sigue siendo culpable por abandonarla en los brazos de ese violador!
Aunque tengo buenos reflejos, esta vez no veo venir la bofetada cuando se lanza directa hacia mí y me cruza la cara de un golpe.
—Mi hermano es mejor hombre de lo que tú serás jamás.
—Las lágrimas resbalan por sus mejillas—.
Aquella noche dejó a Alice con su capitán porque de verdad creía que estaba a salvo con él.
¿Y sabes por qué lo hizo? —Estoy a punto de gritarle que me importa una mierda el motivo, pero ella no me deja abrir la boca—.
¡Fue por mi culpa! Porque lo llamé llorando y le supliqué que me ayudara.
Fue la misma noche que dejé a mi ex. Así que, si lo culpas a él, también me culpas a mí.
Joder.
Entiendo que Lars se marchara. Yo habría hecho lo mismo en su lugar. Pero, aun así…
—No vuelvas a insinuar que violaron a Alice por culpa de Lars. Nunca más. ¡No te lo permito! Él pasará el resto de su vida castigándose por el error de otro hombre.
—Hedda, yo…
Se da la vuelta y baja los escalones del porche a toda prisa. Voy detrás de ella, pero apenas he dado tres pasos cuando un muro de músculos me bloquea el camino.
—No te acerques a mi hermana.
Estoy hasta los huevos de Lars Storm.
Hedda abre la puerta del viejo Subaru. Cuando se gira hacia mí, tiene la cara empapada en lágrimas y ni una gota de amor en sus ojos. No le queda nada. Yo mismo me he encargado de arrebatárselo todo y no tengo ni idea de cómo devolvérselo.
—Podías haberme destrozado la vida mientras me mirabas como si me amaras —dice con amargura—. No quiero volver a verte, Rowan.
La puerta del coche se cierra con un golpe seco. Roxie gimotea a mi lado.
No voy detrás de ella porque Lars me lo impida, sino porque sé que ya le he hecho suficiente daño. Así que hago lo único que puedo hacer por Hedda en este momento: la dejo marchar. Aunque se lleve mi alma con ella.