56 Hedda
—Leif —susurra Lars mirando a Arick con auténtico horror—. Ha descrito la chapa de identificación de tu hermano. La misma que no te quitas desde que murió hace nueve años en aquella misión. La que sé que llevas escondida debajo del jersey ahora mismo.
El rostro de Arick se endurece. Por primera vez desde que ha empezado toda esta locura, pierde esa máscara fría que siempre me ha crispado los nervios.
—Esta cría se lo está inventando todo —contesta con la voz más áspera—. La dejé en el hotel como te dije. Querrá dinero, atención o vete tú a saber qué coño pretende inventándose algo así. —Señala a Lars con la pistola y adopta una expresión más severa—. Me conoces, teniente. Te salvé la vida.
Lars vacila. No sabe a quién creer.
Por un lado está Alice, una chica aterrorizada que asegura haber sido violada por su amigo.
Y por otro, su capitán, el hombre al que admira más que a nadie y que lo salvó de una emboscada. Ha confiado a ciegas en él durante los últimos siete años. Si Arick le ordenara saltar por un acantilado, Lars ni siquiera preguntaría si necesita paracaídas.
Ese conflicto moral lo está desgarrando por dentro. Mi hermano es un buen hombre y me duele verlo replantearse todo aquello en lo que cree.
Rowan parece igual de desconcertado al descubrir que el hombre al que odiaba —al que planeaba matar— no es el verdadero culpable.
—¿Estás segura? —le pregunta a su hermana—. ¿Estás segura de que fue él y no Lars?
Alice asiente sin apartar la vista del capitán.
—Sí. —La voz le tiembla, pero se mantiene firme—.
No puedo olvidar su voz. Ni su olor. Lo reconocí en el supermercado.
Todo este tiempo pensé que había sido Lars porque recordaba el pelo rubio y el tatuaje.
—Alice lanza una mirada de disculpa a mi hermano—.
Los dos llevabais botas militares, tenéis una complexión parecida y el mismo tatuaje.
Te confundí con él porque recordaba tu cara y no la suya.
Arick pierde por completo la compostura.
—¡Está mintiendo! —Sacude la pistola mientras grita—. ¡Se lo está inventando!
Lars se frota los ojos con una mano, como si intentara despertarse de esta pesadilla. Siempre le ha costado procesar las traiciones. Es tan leal que preferiría arrancarse un brazo antes que vender a alguien a quien quiere.
—Eso es imposible —murmura con la voz rota—. Arick es mi capitán. Confío en él. Es un buen hombre. Me salvó la vida.
—Lars… —susurro.
—Le pedí que viniera al pueblo porque no hay hombre más íntegro y respetable que él —continúa, más desesperado, mirándome—.
Pensé que… que sería un buen partido para ti, Heds.
—Sus hombros se hunden. Entiendo que una parte de él aún necesita negarlo con todas sus fuerzas, porque aceptar la verdad significa admitir que ha metido al mismísimo demonio en nuestra casa—.
He seguido a este hombre hasta el fin del mundo. Daría la vida por él.
Ver a mi hermano tan destrozado me rompe el corazón.
—Lo siento muchísimo, Lars. No es culpa tuya.
—¡Claro que también es culpa tuya! —le recrimina Rowan—. Me importa una mierda que tú no violaras a mi hermana, porque la arrojaste a los brazos de ese maldito monstruo. ¡Eres igual de culpable que él!
Lars traga saliva.
—Yo no…
—¡Céntrate, teniente! —ruge Arick, escupiendo saliva con cada palabra—. ¡Esa zorra está mintiendo!
Rowan se abalanza sobre Arick y le asesta un puñetazo en el brazo. La pistola sale despedida de su mano y Alice grita cuando se dispara. La ventana estalla en mil pedazos.
Roxie ladra.
Y Rowan se convierte en una bestia. Derriba a Arick de otro puñetazo y empieza a golpearlo una y otra y otra vez en la cara con brutalidad. Completamente fuera de sí. Hay sangre, gritos y cristales rotos por todas partes.
No sé en qué momento he envuelto a Alice con mis brazos para protegerla de esta carnicería. Ella tiembla y llora desconsoladamente al observar con los ojos muy abiertos cómo su hermano le revienta la cara a puñetazos a Arick.
Lars tarda varios segundos en reaccionar. Cuando por fin sale del trance, se lanza sobre Rowan por la espalda y le rodea el cuello con los brazos para apartarlo de Arick. Los músculos se le marcan bajo el jersey por el esfuerzo de inmovilizarlo.
—¡Lars, no le hagas daño! —le imploro.
Rowan forcejea como un animal salvaje y le hunde el codo en el estómago, pero Lars lo mantiene bien sujeto. Arick, con el rostro ensangrentado, le propina una patada en la pierna.
Una bola de pelo negra se lanza a por él rugiendo y le clava los dientes en el tobillo.
El grito de dolor de Arick retumba en toda la cabaña.
Mientras Rowan descarga un codazo tras otro en el estómago de Lars para quitárselo de encima y este continúa estrangulándolo, Arick estira el brazo para coger la pistola que ha aterrizado cerca de su cabeza.
Oh, no.
No. No. No.
Comprendo lo que va a hacer un segundo antes de que alce la pistola hacia la cabeza de Roxie, que le está destrozando el tobillo. Rowan hunde violentamente los codos en el pecho de Lars con una mezcla de desesperación e impotencia.
—¡NO!
Mi grito alerta a Lars, que suelta a Rowan de un empujón y se lanza deprisa sobre el brazo de Arick justo cuando este aprieta el gatillo. Menos mal que consigue desviar la pistola hacia la chimenea justo a tiempo. El disparo arranca trozos de piedra y una lluvia de ceniza.
—¿TE HAS VUELTO COMPLETAMENTE LOCO? —le espeta Lars, a escasos centímetros de la cara.
Le arranca la pistola de las manos y desmonta el arma en cuestión de segundos. Luego lanza las piezas sobre la alfombra con furia.
Alice rompe a llorar con la cara escondida en mi pecho.
—¡Roxie! —sollozo, aliviada, extendiendo los brazos hacia ella—. Ven aquí, por favor, por favor. Oh, cariño, ven aquí. Vamos, ven, por favor.
La perra suelta el tobillo de Arick, pero no se aparta. Tiene los colmillos manchados de sangre y se coloca delante de Rowan, preparada para lanzarse sobre cualquiera que se acerque a su dueño.
Rowan se limpia la sangre de la boca con el dorso de la mano y escupe al suelo. Luego acaricia el lomo de la perra.
—Protege a las chicas —le ordena.
Roxie obedece al instante. Se acerca a nosotras y les gruñe a Lars y a Arick. No se aleja ni un centímetro de nuestro lado mientras les enseña los colmillos.
—¡Apártate de una puta vez! —Rowan empuja a mi hermano por el pecho—. ¡Voy a matarlo!
—¡No puedo permitirlo! —Lars se interpone entre ambos—. Esto es un error. Tu hermana está confundida. Traumatizada. No puede ser verdad. Mi capitán jamás haría algo así.
Rowan se abalanza sobre él y le asesta un puñetazo en la mandíbula. La cara de Lars se gira hacia un lado por el impacto. Alice y yo pegamos un grito al mismo tiempo. Mi hermano responde de inmediato lanzándole un golpe al estómago.
Roxie empieza a ladrar con furia, pero no se despega de nuestro lado mientras Lars y Rowan intercambian un puñetazo tras otro.
Cada golpe es peor que el anterior. Rowan pelea como un animal rabioso cegado por la rabia.
Lars se mueve con la precisión de un militar entrenado para matar a su adversario.
No puedo ver esto. Los dos hombres a los que más quiero van a matarse delante de mí.
—¡Parad! —les grito, horrorizada—. ¡Parad ya!
Alice tiembla contra mi pecho cuando Arick se levanta cojeando. Tiene la cara ensangrentada y el tobillo destrozado. Aun así, se coloca detrás de Rowan y le rodea el cuello con el brazo. Como un maldito cobarde.
Rowan se revuelve como un loco entre los dos.
—Eres duro, eso te lo concedo —gruñe Lars, jadeando—, pero no tienes nada que hacer contra los dos.
Alice está paralizada, mirando a Arick de una forma que me resulta dolorosamente familiar. Yo también miraba así a Oskar cuando perdía el control. Es la mirada de alguien que sabe de lo que su agresor es capaz.
Rowan echa la cabeza hacia atrás y le da un cabezo a Arick. El impacto le rompe la nariz con un crujido.
Lars suelta una maldición y le hunde el puño en el estómago a Rowan.
Arick le rodea el cuello con un brazo, tira hacia atrás y le engancha una pierna por detrás de la rodilla. Rowan se estrella contra el suelo.
—¡Lars! —grito llorando, harta de todo esto y sin saber cómo detenerlo—. ¡Está temblando! ¡Está muerta de miedo! ¡Mírala! ¡Mírala y dime a quién te recuerda!
Mis gritos paralizan a mi hermano, que gira el rostro hacia nosotras. Envuelvo a Alice entre mis brazos. Los ojos vidriosos de Lars se posan en la cara angustiada de Alice.
—Mírala y dime que no te recuerda a mí aquella noche —le imploro—. Porque yo reconozco ese miedo. Lo conozco perfectamente. Tú sabes tan bien como yo que no se puede fingir.
Los puños de Lars caen despacio. Arick aprovecha para darle una patada en la cara a Rowan. Ese maldito miserable. Lo odio con toda mi alma.
—¡La violaste! ¡Admítelo de una vez! —le grito.
—Esa niñata se lo está inventando todo. —Arick vuelve a patear a Rowan—. Solo la llevé al hotel. ¡Estaba borracha como una cuba!
Alice deja de esconderse entre mis brazos. Ya no tiembla de miedo, sino de rabia.
—Me violaste —dice, mirándolo a la cara—.
Me diste una botella de agua adulterada con droga.
Te aprovechaste de que no podía defenderme.
Y recuerdo…, también recuerdo algo que no dejabas de repetirme.
Eran unas palabras en noruego. No las entendía, pero no parabas de repetírmelas mientras me…
me penetrabas. —Pone cara de asco y dice—: Bløte hjerter får folk drept .
Ni siquiera sé lo que significan, pero no he podido olvidarlas.
Lars se gira hacia él. Lo mira como si fuera la primera vez que lo ve.
—Los corazones blandos provocan la muerte —traduce con un hilo de voz—. Es el lema de nuestra unidad. Nos lo repites antes de cada misión. Nos has inculcado que, si somos blandos o sentimos lástima por el enemigo, se aprovechará de nuestra piedad y acabaremos muertos.
Arick le está aplastando la cara a Rowan contra el suelo usando el pie.
—¿Cómo puede ella saber nuestro lema? —le pregunta Lars, pero su capitán no responde. Se ha quedado pálido—. Dame una explicación. —Arick guarda silencio—. ¡QUE ME DES UNA PUTA EXPLICACIÓN, HOSTIA!
—¡Soy tu capitán! —ruge Arick con la cara y el cuello rojos—. ¡Me debes la vida! ¡Soy tu superior!
Veo el momento en el que Lars se quita la venda de los ojos. El sistema moral sobre el que ha construido su identidad entera se parte por la mitad.
—Confiaba en ti —murmura, negando con la cabeza, completamente asqueado—. Incluso te di mi aprobación para que cortejaras a mi hermana.
Rowan se revuelve debajo de Arick al escuchar eso.
—Mentiroso hijo de puta —sisea Lars.
Un segundo después agarra a Arick del cuello del jersey, lo aparta de Rowan y le pega un cabezazo. El golpe lanza a Arick contra la encimera. No llega a incorporarse cuando mi hermano le hunde el puño en la cara.
—¡Te admiraba, joder! —Vuelve a golpearlo—. ¡Habría muerto por ti!
Arick alza los brazos para defenderse y Lars le golpea las costillas.
—¡Eras mi capitán!
Le estrella la cara contra la encimera.
—¡Y tú te aprovechaste de ella! ¡Maldito miserable!
Le coge la cara con ambas manos y lo golpea contra el borde de la encimera. Veo cómo algo blanco sale volando de la boca de Arick. Un incisivo aterriza a mis pies.
Le está rompiendo los dientes.
—¡Mi puto héroe! ¡El hombre al que quería parecerme! ¡Y eres un grandísimo pedazo de mierda que se aprovecha de chicas drogadas!
La sangre de Arick mancha la encimera.
Rowan se incorpora resollando y se lanza a por Arick, pero Lars lo detiene de un empujón. Saca el móvil y comienza a marcar un número.
—Se hará justicia.
—¡Y una mierda! —Rowan intenta quitárselo de encima—. ¡Lo voy a matar!
Lars coge la pistola que había dejado sobre la encimera y apunta al pecho de Rowan.
—Se hará justicia —repite con frialdad—. Me aseguraré de que se pudra en una celda el resto de su vida. Pero, como intentes acercarte otra vez a él, te juro por Dios que te pego un tiro delante de nuestras hermanas.