55 Hedda #2
Rowan da un paso al frente y se coloca delante de Alice y de Roxie, dispuesto a recibir un bala antes que permitir que le hagan daño a cualquiera de las dos.
—No sé quién eres —le advierte a Arick—, pero, si no dejas de apuntar a mi perra, te sacaré la pistola por la garganta.
Roxie le ladra a Arick. Este sigue sin bajar la pistola.
—Entonces, controla a tu bestia, o tendré que pegaros un tiro a los dos.
Me zafo de un tirón de Lars y me encaro con el idiota de Arick.
—No te atrevas a amenazar a Roxie. Baja la pistola, animal.
Arick permanece impasible, pero debajo de esa coraza de militar impasible hay algo que me pone los vellos de punta. No está mirando a Rowan, ni siquiera a la perra a la que amenaza con una pistola. Tiene los ojos clavados en Alice.
—Me entrenaron para neutralizar cualquier amenaza. Y esa bestia lo es.
—Aquí la única bestia que hay eres tú. —Sin pensarlo, me planto delante de Roxie—. Solo está nerviosa porque estáis amenazando a su familia.
—Hedda, aléjate de la pistola. —La voz de Rowan suena imperante, pero detecto cierto nerviosismo debajo. Tiene miedo por mí—. Roxie, ven aquí.
—Hedda, joder, quítate de en medio —me ordena Lars.
Arick sigue sin bajar el arma. Menudo capullo. Me cruzo de brazos y lo fulmino con la mirada.
—Pues dile a tu amigo que deje de apuntar a Roxie.
Lars carraspea sin apartar la vista de Rowan. Preferiría pegarse un tiro antes que desobedecer a su superior, el hombre que le salvó la vida. Así de profunda es su lealtad. Pero yo lo conozco y sé que, por mucho que lo admire y le esté agradecido, jamás lo elegiría por encima de mí.
—Capitán —carraspea Lars—, la chica y la perra no tienen nada que ver en esto. Baja el arma antes de que ocurra un accidente.
De mala gana, Arick desvía la pistola hacia el suelo, aunque sigue sujetándola con ambas manos, preparado para disparar en cualquier momento.
—¿Así es como llamas a lo que hiciste? —le escupe Rowan con odio—. ¿Un puto accidente?
Lars lo mira sin entender.
—No sé qué crees que he hecho ni por qué me has estado investigando, pero no quiero que esa chica inocente y tu perra salgan heridas.
Así que ordénales que se metan en el coche para que podamos arreglar esto como hombres.
—Sin apartar la pistola de la cara de Rowan, Lars me hace un gesto con la cabeza—. Enciérrate en la habitación, Heds.
Enarco una ceja.
—Va a ser que no.
Alice tira del abrigo de Rowan con manos temblorosas.
—¡No! —llora con ímpetu—, no voy a dejarte solo con ese monstruo. No voy a dejarte solo con el hombre que me violó.
Me llevo una mano a la boca.
Lars se queda de piedra.
El puño de Arick se cierra con más fuerza alrededor de la pistola.
Lars entrecierra los ojos para observar mejor a Alice.
—Un momento —murmura Lars, observando a Alice ahora con más atención—. Yo te conozco.
Rowan empuja a Alice detrás de él para ocultarla de la mirada analítica de mi hermano.
—¡Claro que la conoces, pedazo de cabrón! —le grita fuera de sí—. ¡La drogaste y la violaste! ¡Solo tenía diecisiete años!
El alma se me cae a los pies. No puede ser.
Los engranajes de mi cabeza giran a toda velocidad hasta que el rompecabezas encaja. Ahora el contenido de esa carpeta cobra un nuevo sentido y entiendo por qué Rowan vino al pueblo. Y por qué me rechazó con tanta crueldad tras descubrir quién era mi hermano.
—Rowan —susurro con horror—, Lars nunca…
—¡Yo no le puse una puta mano encima! —explota Lars, ofendido—.
¡Jamás me acostaría con una menor! ¡Y mucho menos la violaría!
¡No soy esa clase de hombre! —La mano con la que sostiene la pistola le tiembla de pura indignación—.
Pasábamos por la entrada de la discoteca después de aterrizar en Oslo.
Íbamos de camino a nuestro hotel cuando te vi —señala a Alice— claramente bebida.
Me preocupé al verte rodeada de chavales y me temí lo peor, así que me ofrecí a llevarte al hotel.
Pero, cuando me estaba montando en el coche, me surgió una emergencia familiar y no tuve más remedio que marcharme.
—Me mira un instante y añade—: Fue hace once meses.
Hace once meses. La madrugada que lo llamé llorando después de aquella discusión con Oskar porque estaba muerta de miedo.
—Le pedí a mi capitán —continúa, haciendo un gesto con la cabeza hacia Arick— que te acompañara al hotel y se asegurara de que llegabas sana y salva para no que no acabaras en manos de aquellos desgraciados o de cualquier otra sabandija sin escrúpulos que quisiera aprovecharse de que estabas borracha.
—Niega con frustración. Ahora se centra en Rowan—.
Querría morirme si alguien le hubiera hecho daño a mi hermana.
Pero yo no le puse una mano encima a la tuya.
Alice se limpia las lágrimas de un manotazo. Ahora parece más serena.
—Sí, estaba borracha —dice con tono firme—. Y luego me drogaron.
Lars exhala y se pasa una mano por la nuca.
—Pues lo siento en el alma, pero yo no tengo nada que ver.
Mi capitán te escoltó hasta tu hotel y habló con tu profesora para que cuidara de ti.
No sé qué pudo suceder luego. Claramente, hubo una negligencia.
No sé si alguno de tus compañeros te hizo daño y te confundiste. De verdad que lo lamento por ti.
Alice asiente con los ojos vidriosos y se seca las lágrimas con manotazos.
—Eres rubio, igual de grande que él y tienes su tatuaje —dice con pesar—.
Cuando me violó, estaba tan aturdida por la droga que no pude verle la cara a mi agresor.
El último rostro que recordaba con claridad era el tuyo.
Pero sí recuerdo fragmentos de aquella noche: el pelo rubio, la complexión fuerte, el tatuaje de la calavera con la serpiente.
—Señala su antebrazo izquierdo—. Ese tatuaje.
Lars se gira bruscamente hacia mí. Conozco de sobra a mi hermano para saber que lo que lo destroza no es la acusación, sino la posibilidad de que yo pueda desconfiar de él.
—Sabes que jamás haría algo así —me dice, hecho polvo.
No dudo en mirar a Rowan y sacar la cara por mi hermano.
—Lars sería incapaz.
Los ojos de Rowan destilan odio al clavarse de nuevo en Lars. A mí se limita a ignorarme, como si todo este tiempo hubiera sido un mero puente para llegar a mi hermano.
Usada y engañada, así es como me siento.
Entonces Alice vuelve a dirigirse a Lars con la serenidad de una persona que ha sobrevivido a un infierno y ha aprendido a reconstruirse sobre las cenizas. Esta chica aparentemente frágil es más fuerte de lo que Rowan o incluso ella misma creen. Y sé que algún día logrará salir adelante.
—Me desmayé poco después de beber el agua con la que me drogó.
Apenas podía ver bien. Pero, cuando aquel monstruo me violó, aparte del pelo rubio y el tatuaje, hay tres cosas que no he podido olvidar.
—Lars le presta toda su atención. Todos lo hacemos—.
El colgante con una chapa militar abollada y quemada en un borde.
Me… me golpeaba la cara con él cada vez que me penetraba.
—¡Te mato! —ruge Rowan.
La expresión de Lars se resquebraja. Rowan hace el amago de abalanzarse sobre él, pero Alice le aprieta el brazo.
—Y su voz —continúa Alice—. Y su asqueroso olor. Esta mañana sufrí un ataque de pánico al olerlo en el supermercado.
La mano con la que Lars sostiene la pistola tiembla ligeramente. Nyström, el hombre al que mi hermano idolatra desde hace años, enrosca el labio en una mueca de desprecio.
—Yo no he estado hoy en el supermercado —murmura Lars, pensativo—. ¿Cómo era la chapa?
Alice lo mira los ojos.
—Lo sabes de sobra. Tenía un nombre grabado: Leif.
Jamás había visto a mi hermano tan devastado.
Sus ojos se desorbitan. Creo que le habría dolido menos que le arrancaran el corazón del pecho.
La pistola resbala entre sus dedos. Aún parece en shock cuando la deja con cuidado sobre la encimera que tiene detrás.
—Fuiste tú. —Alice alza lentamente la barbilla y gira la cabeza hacia Arick —. Tú me violaste.