53 Rowan
Salimos de la consulta en silencio. Mi hermanita está laxa entre mis brazos mientras la conduzco con cuidado hasta el coche y Roxie camina pegada a sus piernas como si fuera su guardaespaldas.
Le han pinchado un calmante. Al llegar al centro médico, no podía respirar.
Tuve que controlarme para no pegarle un puñetazo en toda la cara al doctor por atosigarla a preguntas que ella no tenía fuerzas para responder.
Verla así de deshecha, temblorosa, llorando y sin aliento me envió de golpe a aquella maldita noche en la que me llamó para contarme lo sucedido.
Nunca había sentido una impotencia tan profunda. Hasta hoy.
Y todo porque ese pedazo de mierda ha regresado al pueblo.
Ayudo a Alice a subir a la parte trasera del todoterreno justo cuando el móvil me vibra en el bolsillo. Alice se deja caer en el asiento como una muñeca y le abrocho el cinturón. Roxie apoya la cabeza sobre su regazo.
—Cuida de ella —le digo, rascándole las orejas.
Roxie gimotea y cierro la puerta. Antes de sentarme al volante, saco el móvil y leo el mensaje.
Hedda: ¡Ey! Mi hermano acaba de llegar al pueblo.
¿No es una noticia fantástica? No se ha tomado muy bien que estemos junto s ?
? . Pero no te preocupes. Lo he convencido para cenar los tres esta noche.
Estoy segura de que podrás ganártelo si te portas bien.
No os pongáis en plan «quién es el tipo más duro». Haz eso por mí 💖
Joder, ojalá hubiera recibido este mensaje hace una hora. Así habría evitado que mi hermana se cruzara con su puto violador. Estaba tranquilo porque daba por hecho que Lars seguía en algún país de África jugando a los soldaditos.
Me quedo mirando la pantalla varios segundos. Si me siento a la mesa con Lars, voy a clavarle un tenedor en la yugular delante de Hedda. Él se desangrará sobre la comida, mi novia se desmayará por la conmoción y yo la habré perdido para siempre.
Guardo el teléfono y me siento al volante. Me maldigo por no haber averiguado antes que Lars había vuelto.
Alice intentó frenarme cuando regresé al supermercado, dispuesto a arrancarle la puta cabeza delante de todo el mundo.
Por suerte para él, ya se había marchado.
Cuando volví al callejón, Roxie estaba ladrando como una descosida y dando vueltas alrededor de Alice.
Ella no podía respirar y se desmayó en mis brazos repitiendo una y otra vez: «Era él.
Lo reconocería en cualquier parte. Ese pelo rubio y el tatuaje de la serpiente. Su asqueroso olor».
Aprieto el volante con fuerza.
Lo voy a matar. Ya lo he organizado todo y no hay nada que pueda detenerme. A ojos de la sociedad, será un triste accidente. Hoy es el último día de Lars Storm, aunque eso le parta el corazón a Hedda.
Ese animal le destrozó la vida a mi hermana y la justicia no hizo absolutamente nada por ella.
No encontraron pruebas ni hubo testigos.
Las cámaras de seguridad, vaya casualidad, no funcionaban aquella noche.
Teniendo en cuenta que el agresor pertenecía a un cuerpo de élite militar, estoy seguro de que aquel pedazo de cabrón sabía lo que tenía que hacer para irse de rositas.
Seguro que Alice no ha sido ni su primera ni su última víctima.
Yo evitaré que agreda a más chicas.
La amiga inútil con la que Alice salió a escondidas la perdió de vista y ni siquiera llegó a verle la cara al hombre que se la llevó de la discoteca.
La droga que aquel hijo de puta le dio tampoco se detectó en el análisis de sangre porque Alice tardó varias horas en atreverse a denunciar y, cuando por fin lo hizo, ya era demasiado tarde para encontrar ciertos rastros.
Además, nadie pidió un cribado específico.
Y, para rematar, Alice se duchó nada más llegar al hotel porque se sentía sucia. Por el amor de Dios, todavía recuerdo cómo se justificaba entre sollozos y repetía: «No soportaba oler a él. Siento haber arruinado las pruebas».
Uno de los policías incluso tuvo los cojones de insinuar que era su palabra contra la del supuesto agresor.
Por poco le prendo fuego a aquella puta comisaría con él dentro.
Pero Alice estaba destrozada y ese arrebato no habría solucionado nada, así que preferí sacarla de allí antes de acabar esposado por asesinato.
Poco después, el caso se archivó por falta de pruebas. Así de fácil. Una carpeta cerrada encima de un escritorio mientras mi hermana se hacía pedazos.
Alice necesitó terapia, apoyo y comprensión.
Yo hice todo lo que estuvo en mi mano para ayudarla mientras se hundía cada vez más dentro de sí misma.
La escuché llorar encerrada en el baño y despertarse gritando en mitad de la noche.
Y lo peor era escucharla culparse: «Si me hubiera quedado en el hotel…
, si no hubiera sido tan imprudente, si no hubiera salido de fiesta en un país extranjero… ».
Solo tenía diecisiete años. Claro que tenía derecho a cometer errores. Era una adolescente y no merecía que un monstruo le pusiera las manos encima.
Los estudios eran lo único que le daban algo de paz.
Mientras se preparaba para ir la universidad, me confesaba que las pesadillas y el ruido de su cabeza cesaban.
No me quedó más remedio que permitir que se fuera a estudiar a Estados Unidos.
Me dijo que necesitaba cambiar de aires y yo acepté para no perderla.
Y fui tramando mi venganza. Porque puede que la justicia le diera la espalda a mi hermana, pero yo nunca lo hice. Voy a impartir la única justicia que conozco, aunque eso destroce a Hedda y tenga que verla llorar todos los días.
Hay hombres que no merecen seguir respirando. Lars Storm es el primero de mi lista.