45 Rowan #3
—Poco después, un promotor me vio boxear en una pelea clandestina y me ofreció convertirme en una estrella.
Me dijo que ganaría más dinero del que había soñado.
—Suelto una risa sin humor—. Lo irónico es que yo nunca soñé con ganarme la vida boxeando.
Solo quería ahorrar lo suficiente para mudarnos a un buen barrio, llevar a mi hermana a un colegio decente y abrir mi propio restaurante.
Solo quería tener algo mío que no oliera a sudor y sangre.
Hedda me mira como si esas últimas palabras se le hubieran clavado en el pecho.
—Podrías abrir tu propio restaurante. No tienes por qué seguir boxeando si no quieres.
Lo he pensado, pero me caería una multa millonaria si rompo antes de tiempo el contrato que me tiene atado a Richard.
—El promotor nos alquiló un piso en Londres y yo acepté hacer lo que mejor se me daba: golpear para sobrevivir.
Era joven, estaba desesperado y firmé un contrato que me tiene bien amarrado hasta finales de este año.
Y Alice… —se me escapa una sonrisa—, Alice es muy lista.
Siempre sacaba buenas notas en el colegio.
Su sueño era trabajar en la NASA, así que mi motivación para pelear ha sido ahorrar para pagarle los estudios y darle la oportunidad que yo nunca tuve.
—Aparto la vista, ahora más tenso—. Ni siquiera acabé el instituto.
Cuando te escucho hablar, me pareces absolutamente fascinante.
Y sí, me da miedo que te des cuenta de que soy un bruto al que le gusta cocinar y solo sirve para darse de hostias en un ring …
—Rowan —me corta, algo molesta—, no tienes nada de qué avergonzarte. Tu madre y tu padrastro, en cambio… —Niega con la cabeza—. ¿Qué pasó con tu madre? Si es que se la puede llamar así.
—No volvimos a verla. Un año después de que nos fuéramos, se enteró de que me iba bien y me llamó para pedirme dinero. Le colgué. Tres meses después, me enteré de que había muerto de una sobredosis.
—Lo siento.
—Yo no —contesto con frialdad—. En absoluto.
Hedda se muerde el labio. Sus dedos trazar un círculo lento sobre mi rodilla.
—¿Es verdad que dejaste a tu padrastro en silla de ruedas?
Ha leído los rumores.
Podría justificarme, porque Richard se encargó de limpiar mi imagen para que nunca pisara la cárcel.
Pero quiero que Hedda me acepte con ese pasado que me ha convertido en quien soy, y la verdad es que no soy un héroe, sino el resultado de haber crecido en un entorno que me obligó a convertirme en un monstruo para no ser devorado.
—Sí. Y no me arrepiento.
—¿Por qué?
—Se puso en contacto con mi hermana a mis espaldas y la amenazó con arruinar mi carrera si no le daba dinero.
Le dijo que varios periodistas le habían contactado para que hablase de mi pasado delictivo.
Empezaron a desaparecer cosas de casa: relojes, dinero en efectivo…
Puse cámaras y descubrí que Alice me estaba robando.
Al confrontarla —me paso la lengua por los dientes superiores—, me confesó llorando que su padre iba a dar una entrevista en un conocido medio de comunicación para ponerme verde.
Que iba a contar que abandoné a mi madre, que trapicheé con drogas, que robé y me metí en un montón de líos.
Algunas de las cosas que iba a contar eran ciertas.
Aunque no me siento orgulloso, hice lo que pude para sobrevivir.
—No tienes que justificarte. Eras… solo eras un chaval que dormía en el vestuario de un gimnasio.
—Robé carteras y asalté varias casas —reconozco—, pero nunca me metí ninguna mierda.
No quería ser como mi madre ni como él. Aunque me daba igual lo que pensaran de mí, también sabía que aquella noticia arruinaría mi carrera.
No podía permitirlo. —Aprieto la mandíbula—.
Conmigo podía meterse, pero no iba a dejar que arruinara el futuro de Alice.
Por eso le pedí a mi hermana que quedase con él y me presenté yo en su lugar.
Deberías haber visto la cara que puso al verme.
Le advertí que nos dejara en paz, pero se rio en mi cara y me dijo que iba a destrozar mi carrera como boxeador.
Y cuando dijo el futuro que le deparaba a Alice…
—chasqueo la lengua—, le reventé las piernas.
No hay un solo día en el que no haya pensado en lo que hice.
—Pongo mi mano encima de la suya—. Tienes que entenderlo, Hedda.
—¿Entender qué?
—Que no me arrepiento. Si pudiese volver atrás, haría exactamente lo mismo para cerrarle la boca a ese cabrón.
Inclina la cabeza hacia un lado. Espero que huya o muestre horror por lo que le he contado, pero su otra mano me acaricia la mejilla con una ternura que me desconcierta.
—Si estás intentando que te tenga miedo, has fallado.
—Solo quiero que sepas dónde te estás metiendo.
Hedda se inclina despacio, como si ya hubiera tomado una decisión hace días y solo hubiera estado esperando a que compartiera esa parte de mi pasado con ella. Me estremezco de placer cuando sus labios rozan los míos.
—Sé perfectamente dónde me estoy metiendo.