STEEL: Nada puede romperlo… excepto ella 42 Hedda
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42 Hedda

Estoy colocándome los pendientes cuando llaman al timbre. Miro la hora en el móvil: las seis en punto. Magnus siempre ha sido muy puntual.

Me echo una última mirada en el espejo. No estoy acostumbrada a arreglarme tanto y espero que con esto sea suficiente para no dar la nota en el restaurante. Visto unos pantalones oscuros, una blusa color crema y unas bailarinas. También me he recogido el pelo.

Magnus insistió en que acababan de abrir un restaurante en un pueblo cercano donde, según él, sirven el mejor salmón de toda Noruega.

Yo soy más de arenque, pero, aun así, terminó convenciéndome cuando dijo que solo iríamos como amigos y que luego podríamos dejarnos caer por la zona donde Anita sale con sus amigos los sábados.

Matti me suplicó que fuera porque, según ella, su prima necesita ver a Magnus con otra mujer para aceptar de una vez que su enamoramiento adolescente es un sinsentido.

Y sí, puede que también aceptara esta cita amistosa para mantener a Rowan alejado de mí. Aún no me fío de él después de lo ocurrido en la cabaña. Cada vez que lo recuerdo, me escuece el orgullo.

Escucho ladrar a un perro al otro lado de la puerta y frunzo el ceño.

Magnus no tiene perro. Al abrir, encuentro a Rowan apoyado contra la barandilla del porche.

Lleva un anorak negro, pantalones de chándal y deportivas.

A su lado, Roxie mueve la cola y sostiene un enorme ramo de peonías rosas entre los dientes.

—Tu cita de las cuatro. Pon las flores en agua o se marchitarán.

Se me escapa un gemido de horror.

—¿Qué le has hecho a Magnus?

—Por ahora, nada grave, a no ser que no se te borre de la cabeza la idea de tener una cita con ese idiota para alejarme.

Las manos empiezan a sudarme.

—¡Dime que no le has pegado!

—Te lo prometí. No le he pegado. —Parece casi ofendido—. Por el momento. Su futuro depende de ti.

—Esto es el colmo, Rowan.

—Me encanta cómo dices mi nombre.

—¡No puedes sabotear mi cita!

—¿Por qué? No te prometí que no fuera a hacerlo.

—Madre mía.

—Ten una cita conmigo y me olvidaré de las ganas que tengo de matar al puto bombero.

Lo miro boquiabierta.

—Así no vas a conseguir que confíe en ti.

—Pero me saldré con la mía. La confianza ya la iremos trabajando sobre la marcha.

Roxie empuja el ramo contra mis piernas. Me cruzo de brazos, negándome a ceder. Aunque estoy empezando a preocuparme de verdad por Magnus. Conociendo a Rowan, «nada grave» podría significar que le ha roto las piernas con un bate de béisbol y luego le ha dado un par de ibuprofenos para compensar.

Rowan suspira como si no entendiera mi inquietud, se inclina hacia mí y esboza una sonrisita maliciosa.

—La oferta caduca en diez segundos. De ti depende que vuelva a casa de Magnus para hacerle otra visita. Y esta vez, Ojazos, no seré tan razonable. Nueve…, ocho…, siete…

Empiezo a ponerme nerviosa.

—Rowan, en serio, lo que estás haciendo es terrible.

—Seis…, cinco…, cuatro…

—Para de una vez.

—Tres…, dos…, uno…

—¡Vale, vale!

Cojo el ramo de peonías y fulmino a Rowan, antes de girar sobre mis talones para ir a la cocina.

Él me sigue con absoluta impunidad. Cualquiera diría que acaba de chantajearme para que tenga una cita con él.

Mientras pongo las flores en agua, se queda mirando la bolsa de gelatina de salmón que he cocinado esta mañana para Roxie.

Arruga la nariz al ver que le doy una gelatina con forma de hueso a Roxie.

—¿Qué coño es eso?

—Salmón. He leído que es bueno para su pelo. El huevo cocido previene la alopecia y la calabaza la ayuda con la digestión. Ah, y las patas de pollo son una fuente estupenda de glucosamina y condroitina. No sé lo que son, pero, por lo visto, le vienen muy bien a Roxie.

—No se te ocurra envenenar a mi perra para vengarte de mí.

—A ti sí que voy a envenenarte.

—No vas a meter eso en mi furgoneta. Huele fatal.

—Ya verás que sí. —Observo las peonías con una sonrisa, que desaparece en cuanto veo su expresión tirante—. No he estado una hora cortando uñas e hirviendo las patas para que tú te pongas en plan remilgado.

—Así que planeabas volver a verme. Muy mal por tu parte darle esperanzas a tu bombero cuando el que te gusta soy yo, Ojos Bonitos.

—Quería ver a Roxie, no a ti. Y como me entere de que le has puesto las manos encima a Magnus…

—No lo he tocado.

Entrecierro los ojos. No me fío ni un pelo de él. A saber lo que entiende por no haberlo tocado.

—Una cita —le advierto—. Solo una. Y me dejarás en paz. Además de no volver a amenazar a Magnus, por supuesto.

—Lo último es discutible. Tal vez su cara se cruce accidentalmente delante de mi puño en algún momento.

—Eres imposible.

Una sonrisa socarrona le curva los labios.

—Pero yo no estoy encerrado en una despensa, a diferencia de otro que yo me sé.

Casi me tropiezo con mis propios pies. Y eso que ni siquiera me estaba moviendo.

—¡¿Has encerrado a Magnus en su despensa?!

—Tranquila, ha entendido el mensaje. Y su gemelo le está haciendo compañía. ¿Lo ves? No soy un monstruo.

—¿Søren?

Uf, será mejor que llame a Aksel para que se cerciore de que Søren no ha incendiado la despensa con Magnus dentro.

—Tenían que ponerse al día. No me gusta meterme en asuntos familiares.

En todas las familias cuecen habas, ¿eh?

—Con las manos metidas en los bolsillos, se balancea sobre las puntas de sus pies.

El cabrón lo está disfrutando—. Ponte ropa cómoda, cariño.

Ese inútil quería llevarte a un restaurante aburrido.

Ese no es tu rollo. De nada por salvarte.

Salgo disparada hacia el dormitorio y le hago una peineta antes de cerrar la puerta. Después, apoyo la espalda contra ella y me llevo los dedos a los labios. No me había dado cuenta de que estoy sonriendo como una idiota.

La verdad es que no me apetecía nada ir a un restaurante elegante a comer salmón. Solo acepté por Anita y porque Matti me pidió el favor. Yo creo que Anita acabará superando el encaprichamiento que siente por Magnus.

Ya se le pasará.

Bueno, eso espero.

Además, me he cansado de fingir que no suspiro por un hombre que me conoce tan bien que ha sido capaz de recordar, incluso carcomido por los celos, que odio los restaurantes pretenciosos.