STEEL: Nada puede romperlo… excepto ella 17 Rowan #2
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17 Rowan #2

—Es bueno que le hables —la animo—. Tu voz la ayuda a entender que no eres una amenaza ni quieres hacerle daño. Los perros pueden detectar a las buenas personas y a quienes desprenden una mala energía.

—¿Entenderá lo que le digo?

—Aunque no comprenda tus palabras, sabrá si le hablas con respeto.

—Pero no sé qué decirle. —Hedda se sobresalta un poco al recibir un lametón en los dedos. No retrocede y se le escapa una risa temblorosa—. Ay, eso ha sido…

—¿Asqueroso? —Sé que a muchas personas no les gusta que los perros las laman—. Es su forma de demostrar cariño, pero no tienes que dejarte si no quieres.

—No, no —se apresura a decir—. No me lo esperaba y me ha hecho cosquillas. —Se anima a acercar más la mano al hocico de Roxie—. Pareces un peluche. Un peluche enorme y achuchable.

Roxie mueve la cola de un lado a otro, entusiasmada por el cumplido. Hedda ya parece más cómoda, así que suelto su mano.

—Ahora, puedes acariciarla si quieres.

—¿Dónde le gusta? —pregunta, indecisa—. No quiero equivocarme. ¿O eso solo pasa con los gatos?

—Los perros no son tan especiales como los gatos en ese sentido. Si le gusta, se acercará más. Si no, se apartará. Las zonas que más le gustan son detrás de las orejas, en el pecho, en el lomo y bajo el cuello. Evita las patas y la cola. Lo odia.

Hedda se decide a rascarle el cuello. Roxie, encantadísima con la atención, alza la cabeza para que continúe y frota el hocico contra su mano.

—¡Le está gustando! —Hedda se anima a acariciarla con ambas manos. Ahora no sé cuál las dos lo está disfrutando más—. Buena chica, Roxie. Eres un peluchito enorme y precioso.

Roxie alza la pata y le da un golpecito en la muñeca. Hedda se echa hacia atrás de golpe.

—Eso solo lo hace cuando quiere más —la tranquilizo—. Le gustas.

—Ah…, vale. —Se le escapa una risita nerviosa—. ¿Quieres más? Me habías asustado. Debes tener paciencia conmigo, es la primera vez en veinte años que acaricio a un perro.

Veinticinco años. Anoto ese dato. Solo tiene un año más que yo. Perfecto.

Me rasco la nuca. ¿Y eso qué más da?

—Es una perrita muy sociable. Le gusta la gente.

—Qué va —contesto—. La adopté de la perrera cuando tenía un año. Era asustadiza y rehuía el contacto. Me costó meses que confiara en mí.

Hedda se anima a acariciarle el lomo. Roxie se ha sentado muy erguida, como si acabara de entender que debe estarse quieta para seguir recibiendo mimos.

Y verlas así… ver cómo esta mujer con miedo a los perros acaricia a Roxie —a la que descartaron como si no valiera nada—, me desarma de una forma que me pilla completamente desprevenido.

—Roxie no suele acercarse a la gente. Venía de una camada que un adiestrador usaba para perros policía.

—¿Por eso es tan lista?

—Los malinois son inteligentes, sensibles y muy leales.

Su herencia lobuna, en cambio, la vuelve desconfiada, independiente y con bastante instinto territorial —explico—.

Roxie fue parte de una camada experimental, porque los malinois son excelentes perros policía y el adiestrador quiso crear ejemplares más fuertes, rápidos y con mejor olfato.

—Tuerzo el gesto—. El muy idiota olvidó que los lobos tienen más instinto de huida y un comportamiento impredecible.

Así que entrenarlos es más complicado, no por falta de inteligencia, sino porque son más independientes y testarudos.

No tienen el deseo de agradar de los perros.

—¿Y por qué Roxie no acabó siendo una perra policía? Yo la veo muy válida.

—Porque su criador era un desgraciado que la adiestró a base de golpes y terminó descartándola por «inservible».

—Entrecomillo la palabra con los dedos. Inservible, mis huevos.

Lo único que Roxie necesitaba era alguien con paciencia, no un imbécil con complejo de dios y una porra en la mano.

Roxie es perfecta y no tiene ningún problema.

El inservible era él, por lucrarse maltratando animales—.

Al año, la dejó en una perrera para que la sacrificaran. La adopté un día antes.

—Dios mío —susurra, horrorizada—. ¿Cómo se puede ser tan canalla? Menudo miserable.

Ya es historia. La tercera cosa que hice al ganar mi primer millón fue comprar el criadero y poner en adopción a los perros para que acabaran en casas de familias decentes.

Luego, me aseguré de que esa mala bestia no usara el dinero para seguir haciendo negocios con los animales.

Digamos que fingir un accidente es fácil cuando conoces a la gente adecuada.

Y, si has vivido en la mierda, aprendes que hay que tener amigos hasta en el infierno.

Por suerte, a mí me sobran unos cuantos.

—La salvaste. —Me mira sin dejar de acariciar a Roxie. Sus enormes ojos castaños están llenos de una calidez que me atraviesa el pecho—. Menos mal que la encontraste.

Desvío la mirada hacia el suelo y me pongo de pie.

—Ella me salvó a mí.

Yo solo firmé un papel. Fue Roxie quien me eligió y me ayudó a empezar de cero.

—Ese hombre tonto se puede ir a la porra. ¡Tú eres una chica buena y guapísima! ¿Verdad que sí? —Hedda le frota el lomo sin reparos—. ¿Quién es la perrita más lista del mundo? ¡Tú! —canturrea, mientras Roxie menea la cola y le lame la mano—. Claro que sí, peluche.

Al escuchar la voz que usa para dirigirse a mi perra, me doy cuenta de que estoy sonriendo como un imbécil. Joder, ahora mismo siento envidia de mi perra y me cambiaría por ella sin pestañear.

—¿Papi te trata bien? —le dice Hedda, y yo siento un tirón en el pecho—. ¿Papi es bueno contigo?

Papi .

Un calambre me recorre la ingle hasta sacudirme la polla. Vuelvo a mi butaca como si me hubieran estrujado los testículos. Cada vez que pronuncia esa maldita palabra, la cosa empeora.

Que me estoy empalmando como un quinceañero, hostia.

Me froto la nuca y empiezo a recitar mentalmente todas las marcas de cereales que conozco. Cualquier distracción sirve para no pensar en lo mucho que me pone que me llame así.

Hedda se levanta riendo y le lanza la pelota a Roxie. Aplaude con entusiasmo cuando Roxie se la devuelve como si fuera el mejor día de su vida. Y, mientras las veo jugar, mi mente repite esa palabra en bucle.

Y la risa de Hedda, ese sonido ronco y sincero que me da la impresión de que no ha usado en mucho tiempo. Me siento un privilegiado porque me lo está regalando a mí. Es una risa tan bonita que me encantaría grabarla con el móvil para usarla de tono de llamada.

Me cago en todo. Si no salimos pronto de aquí, estoy bien jodido.