Steal (Los Cazadores MC nº 3) 26
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Cassidy

Muevo la rodilla suavemente mientras sujeto el teléfono con fuerza y miro al vacío. Mi hermana me aprieta la mano libre a mi lado; los hermanos me observan con preocupación.

Mi teléfono no ha parado de sonar, y sé que es Tanner preguntándose qué pasa, pero no puedo enfrentarme a la realidad todavía porque sé, con total certeza, que me voy a derrumbar. Irónicamente, mi cuerpo gravita hacia la sala de reuniones, hacia Colt…

Sigue siendo a quien necesito en momentos de incertidumbre, y lo que pasó en su despacho es prueba de ello. Es mi todo, y darme cuenta de eso duele.

—La encontrarán, Cassy —susurra Perrie, pero no respondo.

No he podido pensar desde que recibí el mensaje. En cuanto llegamos al club, Killian necesitó mi ayuda, aunque ahora Medic lo está vigilando, y luego Colt se derrumbó.

En todos los años que lo conozco, nunca lo había visto derrumbarse, y fue desgarrador.

Hablaba en serio cuando le dije que no es culpa suya. No podía haber sabido que la zorra secuestraría a nuestra hija, que se volvería así de loca.

Mi teléfono suena de nuevo y miro la pantalla: es Tanner otra vez. Suspiro mientras Perrie dice:

—No va a rendirse; contesta de una vez.

Hago lo que dice, pero antes de que pueda hablar, él suelta:

—¡Vaya, por fin me honras con tu atención!

Hago una mueca.

—Me entero por Sandra de que saliste corriendo en medio de tu turno por alguna emergencia con Moira, y ¿qué?, ¿decides no contármelo? Soy tu…

Lo interrumpo:

—¡A Moira la ha secuestrado la exligue de Colt!

Solo el silencio responde a mi arrebato, y sé que está procesándolo.

—Mierda —dice con voz ahogada después de unos minutos, y hago una mueca, sintiéndome culpable por no haberle mandado al menos un mensaje cuando él ha estado ahí desde el día en que nació Moira.

—Tengo que colgar, pero te prometo que te mantendré al tanto —susurro.

—Te quiero, cariño —dice tras un momento. Sonrío un poco y respondo—: Yo también te quiero, Tan.

Cuelgo y sorbeteo antes de levantar la vista y ver a todos los hermanos mirándome con los ojos entrecerrados. Les arqueo una ceja a pesar de las lágrimas que me caen.

—¿Sabe mi presidente que le estás diciendo a otro hombre que lo quieres cuando él está haciendo todo lo posible para recuperarte? —pregunta Art con cierta hostilidad.

—¿Llevándome contra mi voluntad? —replico.

Entrecierra los ojos mientras Bowler, un hermano de la vieja guardia y padre de Anchor, interviene:

—No, demostrándote que te necesita.

Lo miro. Sus ojos marrones oscuros se suavizan al ver que estoy a punto de derrumbarme, y dice:

—Ese hombre te ha querido desde el momento en que os conocisteis.

¿Ha tomado malas decisiones en nombre del club?

Sí, pero se volvió arrogante y pensó que siempre estarías ahí para él mientras intentaba demostrar su valía ante el club, ante su padre.

No merece enterarse de que le estás declarando tu amor a otro hombre, y menos mientras está intentando encontrar a tu hija.

Suspiro y me recuesto mientras miro a todos los hermanos, que me observan con decepción. Qué imbéciles.

—En serio, ¿todos pensáis que soy el tipo de mujer que declararía su amor por otro hombre mientras mi hija está desaparecida, después de haberme follado a vuestro presidente en su despacho? —digo con firmeza, y Perrie escupe el agua que acababa de beber.

—Vale, eso lo empeora aún más —añade Bulldozer decepcionado.

Suspiro y admito:

—Tanner es gay.

Todos los hermanos abren los ojos de par en par, pero Canine se ríe y dice:

—Lo estás castigando.

Me recuesto y me encojo de hombros sin confirmar nada, y todos los hermanos asienten con orgullo, como si no hubieran estado a punto de gritarme a pesar de que mi hija ha sido secuestrada por una mujer en la que todos creyeron antes que en mí.

Se me tensa el cuerpo y mi hermana susurra:

—Acabas de pensar en eso, ¿verdad?

Asiento, y la sonrisa de Canine desaparece.

—Solo estábamos protegiendo a Steal, cariño.

Lentamente, me pongo de pie y asiento:

—Igual que todos estabais protegiendo a la zorra loca hace cuatro años cuando se aseguró de que me agredieran y me apuntaran con una pistola a la cabeza, ¿verdad?

Hacen una mueca y niego con la cabeza.

—¿Sabéis qué? Se acabó. Me dejasteis de lado durante años por culpa de este club y esa mujer. Luego pasé otros cuatro años criando a mi hija sola, todo por culpa de este club y esa mujer.

Miro a cada hombre.

—Si le digo a otro hombre que lo quiero, sea gay o no, no tiene nada que ver con ninguno de vosotros, porque yo nunca pedí esto.

No pedí que Steal me trajera aquí y me retuviera contra mi voluntad, no pedí estar metida en el club, y sin embargo aquí estoy, salvando a uno de vosotros mientras intento apartar de mi mente el hecho de que esa zorra podría matar a mi hija.

—Cassy —susurra Perrie, pero niego con la cabeza y me dirijo al baño. Algunas putas del club me miran con pena, mientras otras fulminan a los hermanos con la mirada, pero las ignoro, aunque estén de mi lado.

Seguro que los hermanos saben que la han cagado si las putas del club están cabreadas con ellos.

—¡Cassidy! —grita Bulldozer, pero lo ignoro de nuevo y entro en el baño justo cuando me suena el teléfono.

Suspiro y echo un vistazo, pero se me hace un nudo en la garganta.

Desconocido: Ven sola a los muelles donde los hermanos hacen sus negocios; si no, no solo mataré a Steal, ¡también mataré a tu hija!

—Cassy… —dice Perrie a mi lado, y me giro para mirarla a los ojos.

—¿Qué muelles? —exijo saber, y su mirada va hacia mi pantalla. Niego con la cabeza cuando va a hablar y espeto—: ¿Qué muelles, Perrie?

Traga saliva y admite:

—Los del este, pero ese es su almacén falso. Quizá deberías hablar con Steal…

Resoplo:

—¿Para qué, para que los hermanos me acusen de algo más? No, gracias.

Dicho esto, paso como una tromba junto a mi hermana y entro en la sala común. Ignorando a los hermanos que intentan hablarme, salgo y cruzo la verja. El prospecto, cuyo nombre desconozco, me mira confundido, pero lo ignoro y echo a correr calle abajo mientras pido un Uber.

El Uber tarda diez minutos en llegar y otros cuarenta y cinco en llevarme hasta los muelles.

—¿Seguro que quieres quedarte aquí? —pregunta el hombre, mirando la oscuridad que nos rodea. Sonrío y asiento antes de responder:

—Sí, muchas gracias.

Y me bajo.

No se queda a esperar, lo que me hace poner los ojos en blanco. Miro hacia el almacén donde esa zorra tiene a mi hija y busco lucecitas rojas que delaten alguna cámara.

Trago saliva al no ver ninguna y camino deprisa hacia el gran edificio metálico.

Siento el corazón latirme con fuerza y las palmas empapadas de sudor, pero lo ignoro.

Llego a la puerta y la abro despacio, intentando no hacer ruido.

Me cuelo dentro, cierro con cuidado tras de mí y me agacho detrás de una caja.

Me mantengo oculta mientras observo el espacio lleno de cajas señuelo, hasta que mi mirada se clava en Faith, que camina de un lado a otro en el centro del almacén con una pistola en la mano. La oigo murmurar:

—¿Dónde está la zorra?

Y suspiro aliviada.

No me ha oído entrar…

Vuelvo a recorrer el lugar con la mirada y veo un bulto en la esquina. La ira me invade al darme cuenta de que es Moira, dormida en el suelo.

¡Juro que si Faith ha drogado a mi hija, le rajo el cuello!

—Tank, ¿la has visto salir? —grita Faith. La miro de nuevo y veo que está al teléfono. El sudor me cubre la frente; sé que esta es mi oportunidad.

—No, la zorra todavía no ha llegado —espeta. Se queda callada un momento mientras salgo despacio de mi escondite.

—¿Cómo que todos los hermanos han salido del club?

Acelero el paso.

—Bueno, ¿hacia dónde fueron—?

Sus palabras quedan cortadas cuando me abalanzo sobre ella. Jadea y suelta la pistola, y las dos caemos con fuerza al suelo.

Aparto la pistola de una patada, levanto el brazo y le estampo el puño en la cara a Faith.

Grita mientras la sangre le brota de la nariz.

Voy a golpearla de nuevo, pero se retuerce y me tira de encima, arrastrándose hacia la pistola.

Le agarro la pierna antes de que pueda alcanzarla, tiro con fuerza y me arrastro para cogerla yo.

Oigo un alboroto cerca de la entrada, pero lo ignoro.

Agarro a Faith del pelo y le estampo la cabeza contra el hormigón; grita de dolor.

Me arrastro sobre ella, pero justo cuando mis dedos rozan la pistola, Faith me agarra del cuello y me empuja la cara hacia abajo mientras cierra los dedos sobre los míos, intentando hacerse con el arma.

Le doy un cabezazo hacia atrás que le alcanza la mandíbula y vuelve a gritar, mientras a mí me invade el mareo.

Mierda, Perrie nunca me advirtió de que ese tipo de movimiento te deja aturdida.

En cuanto siento que su cuerpo se aparta del mío, me levanto de un salto, intentando recuperar el equilibrio, y voy a atacarla de nuevo, pero me quedo paralizada cuando me apunta con la pistola desde el suelo.

Faith sonríe con los dientes manchados de sangre y dice con desprecio:

—Yo gano.

Y aprieta el gatillo. Cierro los ojos con fuerza, esperando el dolor. Pero alguien me empuja a un lado antes de que la bala me alcance y jadeo al golpear el suelo.

Sin aliento, levanto la vista y grito al ver a Colt desplomarse mientras Pitbull derriba a Faith, le golpea la cabeza contra el suelo y la deja inconsciente.