Steal (Los Cazadores MC nº 3) 25
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Steal

—La zorra saltó la valla trasera cerca de tu casa y se hizo cortes en las piernas con el alambre de púas —dice Piston mientras me siento en mi silla en el despacho, con la sangre hirviendo.

Killian tiene suerte de estar vivo, y Cass le está suturando las heridas ahora mismo a pesar de saber que nuestra hija ha desaparecido... por mi culpa, porque mi club le metió a Faith en la cabeza que es intocable.

Todo es mi maldita culpa...

—Convoca a capítulo para revisar las grabaciones y rastrear a esa zorra. Querrá usar a Moira como moneda de cambio y no habrá ido lejos —afirmo, y él asiente, mirándome con preocupación antes de irse, sabiendo que necesito espacio.

Siento cómo se me acelera el pulso mientras recorro la habitación con la mirada, una habitación que siempre quise.

Pasé años anteponiendo este club a todo, tratando de ser el hombre que mi padre esperaba, pero ¿a qué precio?

Faith se cree por encima de todos, quiere ser la reina del club, y por eso hubo hermanos que nos traicionaron e intentaron dar un golpe, perdí a mi mujer y perdí tres años con mi hija, a la que ahora se han llevado...

Este club me ha costado todo porque siempre lo antepuse a todo lo demás, y ahora mi hija, que seguramente está muerta de miedo, está con una zorra loca con la que me acosté durante años antes de conocer a Cassidy.

Nunca debí tocar a Faith; esto es mi maldita culpa.

La ira se apodera de mí y rujo de miedo y rabia mientras vuelco la silla y barro todo lo que hay en el escritorio antes de agarrar el portátil y estrellarlo contra la pared.

Los marcos repiquetean cuando el portátil se hace añicos.

Me acerco a la estantería, la agarro y tiro de ella hasta estamparla contra el suelo, partiéndola en dos.

Justo cuando voy a coger una silla, la puerta del despacho se abre de golpe.

—¡Colt! —grita Cassidy, pero la ignoro, levanto la silla y la lanzo contra la pared. Antes de que pueda coger la otra, ella corre hacia mí y me sujeta la cara entre las manos. El dolor y la preocupación que asoman en esos preciosos ojos color avellana me destrozan, y me derrumbo.

Se me escapan las lágrimas y ella me rodea el cuello con los brazos, estrechándome con fuerza.

—Es mi culpa; todo es mi maldita culpa... —sollozo contra su cuello, y ella me aprieta más fuerte—. Nunca debí ir tan a saco, debí usar la maldita cabeza, y entonces Faith estaría muerta... Es mi maldita culpa, todo es mi culpa...

—No es culpa tuya —susurra Cass mientras me hunde los dedos en el pelo.

Niego con la cabeza y confieso:

—Te he fallado, Trouble, te he fallado, y le he fallado a nuestra hija...

Cass se aparta y me clava la mirada. Tiene los ojos húmedos pero llenos de sinceridad cuando dice:

—Esto no es culpa tuya. No sabías que haría algo así...

Vuelvo a negar con la cabeza, pego mi frente a la suya y susurro con el corazón destrozado:

—Lo siento muchísimo, Trouble...

Cierra los ojos despacio mientras le caen las lágrimas. Se toma un instante antes de ponerse de puntillas y juntar sus labios con los míos.

No me aparto ni la cuestiono porque la conozco demasiado bien, así que cierro los ojos y profundizo el beso mientras deslizo la lengua en su boca y la enredo con la suya. La rodeo con los brazos y mis manos van directas a su culo.

Se lo agarro y la atraigo hacia mí mientras el beso se calienta. Se me pone dura, su aroma me invade, y como sé exactamente lo que quiere, lo que necesita —unos minutos para olvidar el miedo—, rompo el beso y la giro. Jadea cuando la inclino sobre el escritorio.

Sin mediar palabra, le bajo de un tirón los pantalones de quirófano y las bragas hasta los tobillos mientras me desabrocho los vaqueros y me saco la polla.

Coloco la punta en su entrada húmeda y empujo con fuerza. Me detengo cuando estoy dentro y le paso el brazo por la cintura para subir la mano hasta su cuello. Le rodeo la garganta con los dedos con suavidad mientras la incorporo hasta que su cuerpo queda pegado al mío.

Muevo las caderas, flexionando un poco las rodillas mientras Cass gira la cabeza y nuestros labios chocan.

Embisto con fuerza y rapidez, y en lugar de agarrarse al escritorio, ella me agarra la nuca y me sujeta el brazo que le rodea la cintura.

Empuja hacia atrás contra mí mientras nos besamos con avidez.

Siento un hormigueo en la columna mientras sus paredes me aprietan. Rompo el beso y le muerdo el labio inferior mientras ella cierra los ojos con fuerza, y sé que se está corriendo.

Tengo las pelotas pesadas, a punto de reventar, pero me contengo, ignorando el sudor que se me acumula en la base de la columna, y embisto más fuerte, devorándola con la mirada mientras se corre en mi polla entre gemidos.

Su coño me aprieta, la humedad se extiende entre nosotros, y ya no puedo aguantar más.

Le suelto el labio y la beso con fuerza mientras embisto tres, cuatro, cinco veces más antes de vaciarme en lo más profundo de ella.

Pero no dejo de besarla; al contrario, le aprieto el cuello con más fuerza y le saboreo la boca, sin querer que esto acabe, sin querer recordar lo que nos espera fuera de este momento.

Cassidy rompe el beso y casi espero que se aparte —me tenso, preparándome, pero ella apoya la frente en mi barbilla y me agarra el pelo con más fuerza mientras susurra:

—No es culpa tuya, y que te quede claro: da igual lo que haya pasado entre nosotros, si no me estoy desmoronando es porque sé que la encontrarás, y sé que matarás a esa zorra y a cualquiera que sea una amenaza para nuestra niña.

Se me vuelven a llenar los ojos de lágrimas por la confianza que tiene en mí. Ojalá confiara en mí igual de ciegamente con su corazón.

Levanta la vista y le busco la mirada, y lo veo. Veo el amor que siente por mí, la esperanza que probablemente no quiere sentir, y eso me da esperanzas de que lo conseguiremos. Pero primero tengo que corregir algunos errores, y matar a esa zorra está en lo más alto de la lista.

Me inclino y beso a Cass en los labios con suavidad, saboreándola despacio, y ella se acerca a mí, con nuestros cuerpos aún unidos, y sí, noto cómo se me vuelve a poner dura.

—¿Prez? —llaman a la puerta, y suspiro contra los labios de mi chica.

—Piston, a menos que quieras ver algo que no podrás quitarte de la cabeza, no abras esa puerta —digo en voz alta contra los labios de Cassidy.

Se le sonrojan las mejillas y sonrío al ver lo guapa que está.

—Ah, sí, claro, vale. Eh, um, mierda... —Cassidy sonríe por su respuesta torpe, pero la sonrisa se le borra cuando añade—: Todo está listo en la sala del capítulo... He encontrado más vídeos, hermano...

Trago saliva, pero no aparto la mirada de mi chica mientras respondo:

—Estaré allí en cinco.

Sus lágrimas vuelven a caer mientras oímos a Piston alejarse, y lentamente, me retiro de ella.

Me recompongo rápido, aunque quiero seguir dentro de ella, antes de colocarle la ropa en su sitio con cuidado.

Luego le beso el cuello con suavidad mientras la agarro de las caderas y la giro para que me mire.

Mi mirada va de un ojo al otro, y afirmo:

—Encontraré a nuestra hija.

Asiente.

—Y me aseguraré de que esa zorra no pueda volver a haceros daño ni a ella ni a ti.

Le caen las lágrimas y le acaricio la mejilla para secárselas. Abre los ojos de par en par cuando prometo:

—Y después te pondré un anillo, te haré otro bebé, y buscaremos otro hogar para nuestra familia porque voy a entregar mi parche.

Se le entreabren los labios, pero sonrío con tristeza ante la aceptación que siento ahora mismo, y le beso la nariz antes de cogerle la mano. La saco de mi oficina destrozada y la llevo a la sala común.

—¡Western! —grito, y me mira desde detrás de la barra—. Trae a Cam y limpiad mi oficina, por favor.

Asiente y se pone en marcha, y yo sigo hacia el fondo de la sala común. Todos los hermanos nos miran con preocupación, pero los ignoro y guío a Cass hacia su hermana, que está llorando.

Me inclino, beso a Perrie en la mejilla y susurro:

—Cuida de ella.

Asiente aturdida antes de que me gire y le acaricie la mejilla a Cassidy.

—Volveré pronto, y te prometo que encontraré a nuestra hija —digo con voz ronca. Asiente.

Le doy un beso suave en los labios antes de guiarla al asiento junto a Perrie, que enseguida le coge la mano a su hermana.

Se me rompe el corazón ante el terror que brilla en los ojos avellana de mi chica, y le beso la frente antes de girarme y caminar hacia la puerta de la sala de reuniones, sin molestarme en entregar el teléfono al prospecto.

Cierro de un portazo y rodeo la mesa, pero no me siento.

En cambio, miro a Piston, que asiente y enciende el televisor grande antes de pulsar teclas en su portátil, y aparece un vídeo en la pantalla.

Todos vemos a Faith trepar por la valla metálica, con pantalones cortos negros y una camiseta de tirantes. Vemos cómo intenta contener un grito mientras se corta las piernas, y luego salta, antes de sacar una pistola de la cintura.

Mira a su alrededor despacio y luego corre hacia mi casa.

Piston pulsa unos cuantos botones más y aparece otro vídeo; vemos cómo entra en mi hogar.

Killian está sentado en el suelo jugando con mi hija, y aprieto los dientes cuando mira hacia la puerta y el shock se refleja en su cara.

Se gira rápido, pone a Moira de cara al televisor y se levanta para coger el arma, pero no es lo bastante rápido: Faith le dispara, cae, y Moira grita.

Intentó salvarla...

Faith mira a mi hija con desprecio antes de sacar algo del bolsillo, y luego todos observamos horrorizados cómo corre hacia mi hija, que está llorando, y le clava una aguja en el brazo.

En cuestión de segundos, Moira se queda dormida, y le pego una patada a la silla de pura frustración.

—La cosa se pone jodidamente peor —dice Piston con voz ronca, y pulsa unos cuantos botones más.

Aparece el circuito cerrado de mi garaje, y se me acelera la respiración cuando veo a Tank, un hermano que pasa mucho tiempo con Axe, llegar en la camioneta del club.

Abre la puerta trasera y Faith tira a mi maldita hija dentro, luego besa a Tank con fuerza y sube al asiento del copiloto, sin hacer caso de sus piernas sangrantes, antes de que se corte el vídeo.

—Quitó el rastreador de la camioneta y ha cogido carreteras donde no hay cámaras —admite Piston. Se me dilatan las fosas nasales.

—¿Dónde está Axe? —exijo saber.

Acid interviene:

—En la sala común. Se ha estado portando demasiado jodidamente bien últimamente, hermano, y no me sorprendería que tuviera algo que ver con esto...

Se me acelera el corazón mientras niego con la cabeza.

—No podemos enfrentarnos a él hasta que encontremos a Aurora y Hannah.

—Entonces, ¿cómo encontramos a tu hija, Prez? —pregunta Cannon, y respiro hondo porque aquí estoy, una vez más, intentando ser presidente y no padre.

Joder, joder, joder...

La vida de mi hija o la de Aurora, eso es lo que siento ahora mismo...

—Steal —dice Anchor, y lo miro—, sé que sientes que te tiran de un lado para otro, puedo verlo en tus ojos. No vamos a poner en peligro la vida de Aurora, tú tampoco estás dispuesto a hacerlo, y encontraremos a tu hija antes de que anochezca...

Asiento y bajo la mirada, intentando pensar.

Siento el corazón latirme con fuerza, pero lo ignoro. No puedo perder a mi hija, y no puedo enfrentarme a Axe porque entonces no encontraremos a Aurora en la puta vida, una chica que conozco desde el día en que nació.

Joder...

Levanto la vista y parpadeo cuando caigo en la cuenta, y miro a Piston.

—Rastrea el collar de Faith, el que le di cuando me convertí en presidente; es tan estúpida que seguro que lo sigue llevando.

Se le iluminan los ojos y teclea rápido en su portátil mientras Anchor pregunta:

—¿Por qué coño le diste un collar estando con tu vieja?

Lo miro y admito:

—Tenía la sensación de que estaba robando del club.

Asiente orgulloso de que se me ocurriera, aunque ella no tenía nada que ver con el dinero desaparecido y fue lo bastante lista como para mantenerse al margen.

Todos observamos a Piston, y rezo para que Faith sea tan estúpida como para llevar el collar, cuando las puertas de la sala de reuniones se abren de golpe y vemos a Perrie de pie en el umbral, llorando.

—Cassidy ha recibido un mensaje. Os amenazaba a ti y a Moira si no iba a los muelles... Colt, se ha ido —dice llorando, y abro los ojos de par en par, en shock. Miro a Piston, que ha cerrado el portátil de golpe y tiene el móvil en la mano.

—Tiene el teléfono; el rastreador se está moviendo —afirma, y Perrie gruñe—: ¿Le pusiste un rastreador en el teléfono a mi hermana?

Rodeo la mesa y afirmo:

—Y en el tuyo también, y por esto mismo.

Abre los ojos de par en par, pero asiente sin discutir, y paso corriendo junto a ella mientras grito:

—¡Harry, trae la otra camioneta!

Los hermanos se ponen de pie y observan, pero los ignoro mientras Anchor grita:

—Puede que tengamos una pista en Brooklyn —una mentira para no alertar a Axe, a quien veo de reojo mirando, con el teléfono en la mano.

Ese cabrón recibirá su merecido, porque tengo el fuerte presentimiento de que tuvo algo que ver con la desaparición de Aurora y de su vieja.

Ignorando a todos, corro hacia la moto y la arranco antes de salir disparado del aparcamiento. Piston me adelanta para abrir camino.

Ya voy, Trouble, ya voy, joder, y te voy a dar unos azotes en el culo por esto…