Steal (Los Cazadores MC nº 3) Prólogo #2
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Prólogo #2

Juro que la tía se está prostituyendo o algo así, lo cual está bien, ya sabes, allá cada cual con lo suyo, pero no en la universidad.

La cantidad de tíos que le vienen a ver… y cada vez que ella acaba, chilla.

Dios sabe cómo se las apaña para salirse con la suya, aunque oí que tuvo un romance en toda regla con su profesor, y aun así aquí sigue, todavía en la universidad.

Niego con la cabeza, miro el reloj y vuelvo a maldecir mientras agarro el bolso a toda prisa, asegurándome de que llevo todos los libros.

No puedo permitirme ningún contratiempo.

Papá tuvo que hipotecar la casa de nuevo para pagar mi matrícula después de que la orientadora me diera la fecha límite equivocada para una beca, y si le decepciono, no me lo perdonaré jamás.

Echo otro vistazo a la habitación, ignorando lo vacía que parece, y agarro las llaves del tocador antes de dirigirme a la puerta.

Nada más cerrar la puerta, se me cae el bolso y suspiro.

El día no está empezando nada bien.

Refunfuño mientras recojo el bolso, pero frunzo el ceño cuando se me eriza la piel. Levanto la vista al sentir que alguien me observa y me encuentro con los ojos más grises que he visto en mi vida. Contengo el aliento.

Pelo oscuro, largo por arriba y corto por los lados y la nuca, mandíbula cincelada, y ni me hagas empezar con cómo le quedan los vaqueros en las piernas, o cómo el chaleco de MC se le ciñe a la espalda musculosa….

Trago saliva. El tío es... sí, guau.

No te encuentras con hombres así en el campus. Por lo general, son niñatos de fraternidad haciendo el imbécil y siendo groseros con las mujeres. Este hombre es un hombre de verdad, y está totalmente fuera de mi alcance.

Parpadeo, intentando salir de mi nube de lujuria, y miro detrás de él, cayendo en la cuenta de qué habitación ha salido. La de Faith. Me invade la decepción al recordar los gritos y darme cuenta de que ahora seguramente tiene una ETS.

En fin.

Niego con la cabeza, me cuelgo el bolso al hombro y me apresuro por el pasillo sin mirar atrás, corriendo hacia las escaleras con la esperanza de no llegar tarde a clase de biología.

El profesor Winton odia a los impuntuales y normalmente los deja fuera, y quedarse embobada mirando a un tío que acaba de tirarse a Faith, precisamente a Faith, no merece la pena si me van a dejar fuera por ello.

Dios, espero que no me deje fuera….

—Bien, clase, eso es todo por hoy —anuncia el profesor Winton, y todos empiezan a recoger sus cosas.

Por suerte, llegué con un minuto de sobra. Cuando entré corriendo, jadeando y resoplando, me arqueó una poblada ceja blanca, lo que me hizo hacer una mueca.

El hombre es intenso.

—Quiero que todos completéis el trabajo sobre resistencia a los antibióticos para el próximo martes.

Contará como el veinte por ciento de vuestra nota —dice.

Todos gimen y empiezan a salir, pero justo cuando llego al escalón inferior del aula, dice—: Cassidy —y me entra el pánico, pero me lo trago y me vuelvo hacia él.

Me dedica una leve sonrisa y me recuerda—: Entrega ese trabajo y el año que viene será tu último en Halls College. Asegúrate de que cuente.

El corazón me late con fuerza en el pecho y asiento, murmurando:

—Sí, profesor.

Antes de seguir a todos hacia la salida.

Sé perfectamente lo que tengo que hacer, y Dios mío, la presión es enorme.

No tengo vida; todo gira en torno a mis estudios y esta clase.

Mi tutor la añadió cuando se dio cuenta de que podía con la carga lectiva que me asignaron el año pasado, en primero.

Si saco menos de un 90% en este trabajo, tendré que repetir esta clase y no me graduaré el año que viene.

Como digo, es mucha presión, pero estoy dispuesta a asumirla por papá y Perrie.

Me ruge el estómago mientras salgo del enorme edificio de ladrillo, recordándome que me he saltado el desayuno, cuando una voz resuena:

—Cassidy Halliwell.

Y levanto la vista.

Todos a mi alrededor se han parado, mirando al hombre sentado a horcajadas en su moto y luego a mí, y sé que se me han puesto las mejillas rojas, pero ignoro la sensación mientras frunzo el ceño.

Lo reconozco de esta mañana y me doy la vuelta para alejarme cuando vuelve a hablar, deteniéndome en seco.

—Sabes, sabía que John tenía otra hija, pero nunca mencionó que fuera maleducada…

Dice con chulería, y suspiro mientras la gente empieza a soltar risitas, y sé que no voy a poder seguir caminando sin convertirme en el hazmerreír de la universidad.

Maldita sea.

Refunfuñando, me doy la vuelta y me dirijo hacia él. Sonríe con suficiencia, pero lo ignoro y le miro a las gafas de sol, negándome a fijarme en lo bien que le queda estar sentado en su Harley rojo oscuro.

—¿Qué puedo hacer por ti? —pregunto—. ¿Te ha enviado mi padre?

Se sube las gafas de sol a la cabeza y responde:

—No. Ni siquiera sabe que estoy aquí.

Asiento, intentando no ponerme nerviosa con toda la gente mirando, y vuelvo a preguntar:

—¿Qué puedo hacer por ti entonces?

Sonríe con suficiencia.

—Puedes dejar que te invite a salir.

Levanto una ceja con incredulidad, esperando que diga que es broma, pero lo único que hace es ladear la cabeza y clavarme los ojos como si me estuviera escudriñando el alma.

Mierda, lo dice en serio.

Le dedico una sonrisa forzada, lo que hace que entrecierre los ojos, mientras digo:

—Por muy halagada que esté de que quieras invitarme a salir, eh, um, voy a tener que pasar.

Doy un paso atrás y añado:

—No te lo tomes a mal, pero se te ve el plumero de mujeriego a kilómetros, y teniendo en cuenta de qué habitación te vi salir esta mañana, no creo que puedas rebatir mi conclusión.