Prólogo #3
Se le suben las cejas hasta el nacimiento del pelo, pero ignoro su reacción de sorpresa y le hago un ligero gesto de despedida antes de dejarlo allí plantado.
Por muy atractivo que sea, no me apetece pillar una ETS.
—Gracias por venir con tan poca antelación, Cass —dice el Sr. Hellen en voz alta mientras cojo el abrigo y le sonrío al anciano.
Uno de los otros trabajadores, al que todavía no conozco porque siempre estamos en turnos diferentes, no se presentó, y el Sr. Hellen me llamó después de que terminara mi última clase para preguntarme si podía cubrir la mitad del turno de noche.
Es casi la una de la madrugada y estoy agotada. Todavía me queda terminar los trabajos y tengo clase a las ocho de la mañana, pero no puedo quejarme porque me ha pagado el doble.
Me despido del Sr. Hellen con un gesto y salgo de la tienda. Levanto la cabeza y exhalo un suspiro en el aire frío mientras contemplo las luces que llenan el cielo nocturno, tapando las estrellas de Brooklyn.
He vivido toda mi vida en Nueva York y nunca he visto las estrellas. Podría viajar a los Hamptons, pero eso costaría dinero que no tengo.
Suspirando, me arrebujo en el abrigo y me dirijo a mi Nissan Versa, el que mi padre me regaló cuando cumplí dieciséis años. Rebusco las llaves en el bolso, pero al acercarme noto que alguien me observa y levanto la vista. Doy un salto hacia atrás al ver una figura apoyada contra el coche.
Se me acelera el corazón mientras cierro los puños, lista para pelear, cuando la figura se incorpora y avanza hacia la luz.
Suspiro aliviada cuando veo que es el tipo de esta mañana.
Sé que técnicamente debería mantener la guardia alta, pero algo muy dentro de mí me dice que no me hará daño, lo que me convierte en una idiota de remate teniendo en cuenta que es medianoche y estoy sola con un desconocido.
—Sabes, esto podría considerarse acoso —resoplo, plantando los puños en las caderas.
El hombre sonríe con suficiencia.
—En realidad no, sobre todo si tu padre me dijo que trabajabas aquí y que te habían llamado.
¿Qué demonios, papá?
Intento no mostrarme afectada e inclino la cabeza.
—Supongo que usas el gimnasio de mi padre, ¿no?
Se encoge de hombros.
—A veces, pero no es por eso que conozco a tu padre.
Levanto una ceja y se detiene justo antes de que su pecho roce el mío, obligándome a echar la cabeza hacia atrás para mirarlo a los ojos. Sonríe.
—Tu padre y el mío fueron juntos al colegio. Son buenos amigos.
Frunzo el ceño y murmuro:
—Mi padre solo tiene un buen amigo en un MC, y es Hammer.
Sonríe con suficiencia y asiente. Vaya.
—Entonces, eres Colt Brody, su hijo, ¿no? —confirmo.
Sonríe.
—Eso, Trouble, lo soy, aunque los hermanos me llaman Steal.
—¿Trouble? —pregunto, intentando ignorar que me ha salido con voz entrecortada.
Este hombre es, bueno, es todo un hombre…
—Tienes pinta de problemática, y si lo que tu padre ha dicho a lo largo de los años es cierto, el nombre te viene que ni pintado.
Pongo los ojos en blanco.
—Vale, así que choqué el coche, pero eso no significa que merezca el nombre de problemática.
Colt se ríe y replica:
—Cinco veces, chocaste su coche cinco veces.
Hago una mueca.
—Y además, conseguí mi apodo robando la moto de mi padre y estrellándola.
Resoplo, recordando a Hammer contándole esa historia a mi padre.
De hecho, mi padre me miró de reojo, esperando que no se me ocurriera hacer lo mismo después de prohibirme conducir sus coches.
Por eso su Mustang será de Perrie cuando sea mayor, y aunque mi hermana pequeña solo tiene catorce años, conduce mucho mejor que yo.
Colt levanta la mano con suavidad y me coloca el pelo detrás de la oreja, haciéndome contener la respiración antes de susurrar:
—Lo único que te pido es tomar algo, nada más, y si no te lo pasas bien, si crees que no tenemos esta conexión tan loca que llevo sintiendo desde que nos miramos esta mañana, te dejaré en paz.
Lo único que te pido es una oportunidad, y el hecho de que tu padre me dijera dónde estarías debería decirte cuánto confía en mí con su hija.
Trago saliva con fuerza mientras mi mirada va de un ojo al otro.
La universidad y la facultad de medicina han sido mi única prioridad.
Nunca dejo que nadie se me acerque, no voy a fiestas ni salgo con nadie.
Lo único que he querido es que mi padre esté orgulloso de mí, que mi hermana esté orgullosa, y el hecho de que mi padre me haya mandado a este hombre demuestra cuánto confía en él, pero también cuánto desea que viva la vida, aunque este tipo sí se acostó con Faith… .
Levanta una ceja y trago saliva.
¿Quiero esto?
Me toma de la barbilla, me inclina la cabeza y dice:
—Solo una cita….
Una cita…. ¿Qué es lo peor que puede pasar?
Me aclaro la garganta y susurro:
—Una oportunidad, pero no esta noche. Estoy cansada, y mañana por la noche tengo que trabajar en mi ensayo.
Sonríe de oreja a oreja.
—El sábado. Paso a recogerte a las seis, y te prometo que no te arrepentirás.
Lástima que no pude ver que su promesa era hueca, que yo no sería su prioridad, ni siquiera cuando más lo necesitara.
Es una lástima que llegara a dejarlo entrar en mi vida….