Steal (Los Cazadores MC nº 3)
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Prólogo
Steal – Veintitrés años
—Sí, justo ahí, sí, cariño… —dice Faith jadeando mientras retuerce las manos en las sábanas y mueve las caderas hacia atrás contra mí con cada embestida, haciendo que el sonido de nuestros cuerpos resuene por la habitación rosa.
Un jodido rosa cegador que una mujer de veintidós años ya debería haber superado, pero lo aguanto porque ni de coña voy a dejarla entrar en mi habitación de la sede. Joder, ni siquiera dejo que las zorras del club entren ahí.
Esas perras quieren el parche de un hermano, algo que jamás daré.
No me malinterpretes, sé que Faith también lo es, pero ha sido mi chica fija desde que tenía dieciocho, después de que se me insinuara, y así me ahorro tener que andar buscando con quién follar, sobre todo cuando me niego a tirarme a las zorras del club ahora mismo.
Faith creció conmigo. Su padre era un hermano del MC antes de morir, y ella siempre ha estado por aquí. Pero Faith y yo no tenemos una relación, y no la quiero.
No quiero a ninguna tía, y sé que ella tampoco me quiere a mí. La cantidad de tíos con los que se acuesta lo demuestra.
Mi única prioridad es el club, y viene bien que Faith sea un polvo fácil.
Mi padre es el presidente de los Huntsmen MC, una hermandad que voy a liderar en los próximos cinco años, con mi mejor amigo Travis, ahora conocido como Anchor, de vicepresidente.
No hay nada que desee más que continuar el legado de mi padre, que se sienta orgulloso, y que los hermanos vean que no soy un niñato mimado que lo ha tenido todo en bandeja.
Necesito que los hermanos me vean como el currante que siempre he sido, que sepan que eso no va a cambiar, y que ya no soy ese adolescente gilipollas de catorce años que robó la moto de su padre y la estrelló, lo que me valió el apodo de «Steal».
Con lo ocupado que estoy con el club, no necesito ninguna perra.
Tener una vieja no va conmigo. Una mujer que se convierte en el centro de la vida de un hermano, en todo para él, no es lo mío, y menos ahora; esta perra, Faith, simplemente es fácil.
El coño de Faith apenas se contrae a mi alrededor de lo floja que está, pero joder, está empapada, lo que ayuda a mantener mi polla dura, algo que últimamente me cuesta con ella. Pero, como dije, es fácil y ayuda que hayamos crecido juntos….
Le agarro la cadera y el cabecero, y embisto más fuerte, haciendo que la cama golpee contra la pared con estruendo, pero me importa una mierda.
Sus gemidos suben de volumen mientras gruño, el sudor se me acumula en la base de la espalda y mi respiración se acelera.
—¡Por favor, por favor, por favor! —grita mientras le agarro el pelo rubio teñido, que le llega a los hombros, e imagino a las dos zorras del club a las tres de esta mañana follando entre ellas, sabiendo que Faith no me va a hacer correrme.
Imagino a Angel, con sus brillantes ojos azules chispeantes, la lujuria reflejada en ellos mientras Ginger se la come, su pelo rizado pelirrojo agarrado por la mano de Angel, que arquea la espalda y abre la boca en un grito silencioso mientras mueve las caderas.
Y eso basta; mis huevos se tensan y, sin querer correrme antes que ella, le suelto la cadera a Faith, le encuentro el clítoris y se lo pellizco con fuerza, haciéndola estallar.
Grita, y hago una mueca mientras me retiro rápidamente; no soy de los que se corren dentro de una tía, ni siquiera con condón. Me agarro la polla y me la masajeo suavemente mientras el semen me brota de la punta, y gruño mientras Faith se desploma boca abajo, respirando con dificultad.
Le agarro el brazo y la giro mientras me quito el condón de la polla; ella abre la boca voluntariamente y vacío el condón en ella. Mi polla se contrae cuando gime y se traga mi semen.
Sus ojos marrones se oscurecen de lujuria mientras se lame los labios, y sonrío con suficiencia mientras me bajo de su cama de matrimonio, intentando ignorar toda la mierda ñoña que tiene en su cuarto de la residencia.
Joder, ha colgado los pompones de animadora del instituto en la pared, con el uniforme enganchado debajo.
—¿Has hablado con tu padre de lo del piso? —pregunta mientras se tapa con las sábanas. Cojo mis vaqueros, me los pongo sin calzoncillos y me calzo las botas.
La miro mientras cojo mi camiseta y le suelto: —Te tiraste a tu profesor, tuviste una aventura en toda regla y luego intentaste chantajearlo cuando lo dejó porque su mujer se había quedado embarazada; no hay ninguna posibilidad de que mi padre te alquile un piso, y menos cuando solo te quedan tres meses de carrera.
Que se gradúe ya es otra historia. Ha ido aprobando por los pelos.
Cojo mi chaleco mientras ella me fulmina con la mirada y espeta: —¡Llevo cuatro años en la universidad, y ni de coña me voy a ir a vivir con mi madre cuando me gradúe!
Asiento. —Sí, lo sé, pero también le has dado muchos problemas a mi padre. Agradece que te pagó los estudios después de que muriera Cannonball.
Se le pone la cara roja, pero la ignoro, cojo el condón y lo meto en la bolsa que llevo; no pienso dejarlo aquí.
Se rumorea que intentó quedarse embarazada de Tracker, un hermano nómada. Estaba coladita por él y quería que se quedara, pero está claro que no funcionó, sobre todo cuando él encontró a su vieja.
—¿Por qué no te quedas un rato más, cariño? —dice cuando llego a la puerta, y pongo los ojos en blanco ante su cambio de actitud instantáneo.
Faith será un polvo fácil, pero también es posesiva y quiere toda la atención, y de repente me pregunto si quiero seguir follándomela.
Es un polvo fácil, me repito una y otra vez antes de soltar: —No puedo. —Abro la puerta, salgo y la cierro tras de mí mientras oigo las maldiciones de Faith.
Vuelvo a poner los ojos en blanco y doy un paso adelante cuando la puerta de enfrente se abre mientras me pongo el chaleco, lo que me hace levantar la vista. Me quedo congelado al instante ante la visión que sale y, joder, menuda visión….
Me quedo sin palabras ante la belleza que ni siquiera se ha percatado de mi presencia.
Su pelo rojo intenso está recogido en un moño desordenado en lo alto de la cabeza, mientras que su cuerpo, un jodido cuerpo hecho para pecar, va cubierto con unos vaqueros de campana y una camisa de cuadros.
Es jodidamente preciosa, y eso que ni siquiera le he visto la cara.
Me lamo el labio inferior y me quedo quieto, esperando a que se gire, y cuando lo hace….
Unos profundos ojos avellana se encuentran con los míos, y todo en mí se paraliza. La sangre me hierve, los dedos me arden por tocarla.
Al instante, quiero hacerla mía, algo que juré que nunca pasaría, pero sé que me pertenece, mi cuerpo tirando de mí con fuerza para unirse al suyo….
Frunce el ceño y mira hacia la puerta de la que acabo de salir antes de poner esos preciosos ojos en blanco. Luego me deja de piedra cuando se cuelga la mochila al hombro y se aleja, mientras la sigo con la mirada.
Ni siquiera se fijó en mí…. Maldición.
Sonrío a pesar de la sensación abrumadora que me invade cuando desaparece a la vuelta de la esquina. Algo crece dentro de mí, y sin pensarlo dos veces, camino hacia su puerta, giro el pomo y se abre. No puedo evitar sonreír.
Olvidó cerrar con llave.
Me lamo el labio inferior y entro en la habitación. Necesito saber más sobre esa aparición. Veo una cama individual junto a la pared lateral. La habitación es bastante sencilla, salvo por la manta morada oscura sobre la cama.
Recorro con la mirada la habitación ordenada hasta que reparo en un tocador.
Me acerco y examino las fotos que tiene.
Se me abre la boca al ver una foto de ella con toga y birrete, seguramente de su graduación de secundaria, junto a...
joder, Perrie Halliwell, del Huntsmen Grub, una chica joven que quiere ganarse su propio dinero, una chica que mi padre contrató en la cocina como lavaplatos.
Luego veo otra foto de ella un poco más joven, sonriéndole a un hombre que reconozco: John Halliwell, el dueño del Halliwell's Gym.
Me yergo y vuelvo a mirar alrededor de la habitación.
Sabía que John tenía otra hija. Él y mi padre son amigos desde el colegio, y algunos hermanos van a su gimnasio a diario, yo incluido.
Sin embargo, nunca he conocido a la mayor, que según John vive por y para sus estudios, a diferencia de Perrie, que podría patearle el culo a la mayoría de los hermanos a pesar de su edad.
El pulso se me acelera cuando vuelvo a mirar su foto, y al instante sé que la necesito. Un plan empieza a formarse en mi mente mientras el olor a frambuesa me inunda los sentidos.
Nunca en mi vida he querido perseguir a una mujer, pero ella es diferente; es una mujer que voy a hacer mía, mi chica, mi esposa….
Joder.
Cassidy – Veinte años
—Mierda, mierda, mierda —murmuro mientras agarro el coletero y me recojo el pelo en un moño desordenado, echando un vistazo a mi habitación.
Llego tarde. Me quedé dormida y la alarma ni siquiera sonó, o se me olvidó ponerla, lo cual no me sorprendería con lo cansada que estoy. Llevo dos años de mi carrera de cuatro, con la esperanza de entrar en Medicina.
Voy un año adelantada respecto a lo que me correspondería por edad, pero estoy agotada entre la universidad, el trabajo a media jornada en el supermercado y el curro en The Fight, un club de peleas ilegales de los Rebels MC, donde remiendo a sus luchadores.
Me he dejado la piel trabajando con la esperanza de que mis padres y mi hermana pequeña estén orgullosos de mí.
Bueno, mis padres no, más bien mi padre.
Mi madre es una arpía codiciosa, siempre lo ha sido, y aunque rara vez me quedo en casa, sé que ha estado anteponiendo a Andrea, la supuesta mejor amiga de Perrie, a su propia hija.
Esa mujer es una egoísta, y papá necesita abrir los ojos y darse cuenta de que sus hijas ya no necesitan ver a sus padres juntos.
Él se merece un amor que lo consuma por completo, no uno lleno de pavor a volver a casa.
—Por favor, por favor, por favor —oigo a través de la puerta, lo que me saca de mis pensamientos. Pongo los ojos en blanco, segura de que es esa chica Faith otra vez.