Sprint en tu dirección (North Star 8) Capítulo 8 0
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Capítulo 8 0

Sant Delphi

Pasa una semana. Solo me voy del hospital veinticinco minutos al día. En los cuales, por supuesto, Koven o mi hermana, a veces acompañados de Darcy, vienen a hacerme el relevo. Tardo diez minutos en llegar a mi casa, invierto diez en estar con Dante y Kobra, y cinco más en darme una ducha rápida.

El resto de mi tiempo estoy aquí.

No me importa mi trabajo, no me importan las clases y no me importa North Star.

Ella. Va. Primero.

Pero si me preguntas a mí, el destino es un poco hijo de puta porque cuando salgo del ascensor, todavía con el pelo mojado, veo que Koven me está llamando. Me llevo el susto de mi vida y descuelgo, pero mis zancadas son tan rápidas que me lo dice en directo.

—La doctora Leighton te busca, quiere hablar contigo.

La susodicha, que ya debe odiarme por pasarme las horas de visita por el forro, sonríe.

—Traigo buenas noticias. Las pruebas que le hemos realizado a Keira han salido tan bien como podríamos esperar.

—¿Qué significa eso, doctora? —pregunta Koven, ya que no ha sonado muy alentador.

—Es de esperar que despierte en las próximas horas.

Me aferro a las palabras de Leighton con garras, dientes y todo cuanto tengo.

Dos horas y media después, es cuando ocurre. Son las ocho y media de la mañana y estoy a punto de quedarme dormido en la silla que pongo siempre junto a su cama.

Emite unos preciosos sonidos somnolientos y se mueve un poco, desperezándose ligeramente. Me pongo en pie y me convenzo de que es real, mordiéndome la lengua para demostrarme que no lo estoy soñando otra vez.

—Hola, extraña. —Sonrío con el corazón en la garganta, con la sangre ardiendo, con la adrenalina corriéndome por las venas como si mi cuerpo fuera consciente al fin de hasta qué punto he estado agonizando sin ella.

De que ya no sé respirar sin Lauren.

Sin mi mujer.

—Guau —murmura y se le abren los ojos mientras me repasa.

Se me escapa una risa ronca y ahogada.

—Qué doctor más guapo.

—Reconozco que no voy a enfadarme si volvemos a eso —oigo mi risa, y me trago las lágrimas como puedo.

Doctor y extraña, me parece bien cualquier cosa que ella quiera. Me siento en la camilla y le cojo la mano porque ese gesto es lo único que va a hacer que no me abalance sobre ella, que no la bese antes de saber si puede respirar bien siquiera.

—¿Cómo te encuentras?

—Me duele la cabez… —deja de hablar cuando alzo su mano hasta mis labios y le beso el dorso.

—Es normal, dadas las circunstancias —le aseguro.

—¿Q-qué has…?

—Vaya, vaya, pero mira quién ha despertado —la agradable doctora Leighton, la mujer que ha tenido toda mi esperanza en la palma de su mano, entra en la habitación con el murmullo y las risitas de las enfermeras que se han quedado en el pasillo haciéndole el coro a sus pasos.

«Por fin ha despertado la princesa», «ahora falta el beso del príncipe encantador», «es guapísimo y no se ha separado de su lado», «eso me da esperanzas para creer en el amor»…

—¿Usted también va a besarme la mano? —Lauren frunce el ceño y alza una ceja hacia la doctora.

—¿Cómo? —pregunta Leire Leighton.

—No sabía que los doctores eran así de cariñosos. Este me ha besado la mano. Pero no me importa, no me siento acosada sexualmente ni nada.

Miraría a la doctora Leighton si no fuera porque mi cuerpo entero se ha congelado.

No hay ni una gota de sangre recorriendo mi organismo.

Le suelto la mano y Lauren hace una mueca divertida. Yo por el contrario, estoy bastante seguro de que me estoy muriendo.