Sprint en tu dirección (North Star 8) Capítulo 7 9
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Capítulo 7 9

Sant Delphi

Koven dice que frunzo más el ceño desde que estoy casado.

Será verdad.

Son más de las doce de la noche y Lauren y yo seguimos en el parque. No en el que solíamos frecuentar, sino otro mucho más lejos que tiene ardillas a las que mis dóberman están aterrorizando.

Mi mujer está haciendo muy buenos tiempos y eso la motiva a querer quedarse aquí hasta las dos de la mañana.

La única pega que le saco a esto, *razón por la que, de hecho, sí frunzo el ceño*, es que insiste en volver a su casa al terminar, para no llamar la atención de sus padres.

Kobra y Dante no están para nada conformes, y yo tampoco, pero nuestras quejas han sido vil y cruelmente ignoradas.

Razón por la cual voy a tomar cartas en el asunto.

Tenemos un proyecto sólido. Hemos demostrado de calle hasta qué punto las emociones pueden afectar a la actividad cerebral, a la conducta del individuo, y a los resultados deportivos. Hemos hecho un estudio exhaustivo de todo lo que no funciona y lo que sí.

Por eso mañana lunes, iré muy temprano a ver al consejero para dejarle claro que el proyecto va a finalizar antes de tiempo. Porque ya hemos acabado y porque necesito que Lauren viva conmigo.

—Seré libre en cuanto terminemos el estudio juntos. Entonces podré mudarme con mi verdadera familia —se acerca a mí para darme un beso en los labios, pero termina con la cabeza apoyada en mi abdomen porque mi mujer no es capaz de dejar de mimar a mis perros ni medio minuto.

¿Cuánto viven los dóberman?

*Es broma, es broma*

Noto un deje extraño en su tono, como si me ocultara algo. Alzo su barbilla para que me mire y no encuentro nada en la preciosidad azul celeste que le inunda el iris.

—Otra vuelta más.

—Pero aún no he terminado las cuatro series del circuito.

—Pues la terminas después. A correr.

Es rapidísima. Algo sobrehumano. Lo cierto es que me pone ver lo increíble que es. Mucho. Hasta el punto que igual le pido que se case conmigo.

—Pero qué severo es mi nuevo entrenador —se muerde el labio con picardía y no me resisto a besarla.

—Compórtate y antes de llevarte a casa me encargaré de relajarte.

Se le abren los ojos con ansia y sale corriendo disparada como un rayo.

Kobra y Dante la siguen un tramo, pero están bastante agotados después de hora y media sin parar.

O eso creía.

Todo pasa muy deprisa. El dóberman impredecible sale disparado hacia Lauren cuando está a mitad de vuelta, pero una pequeña ardilla se cruza en su camino corriendo a toda velocidad. Dante la sigue. Va directo hacia la salida del parque, peor aún, hacia la carretera.

—¡Dante, no! —bramo mientras Kobra esprinta a toda velocidad.

Lauren es más rápida que nosotros. Ella lo ha visto antes y ya corría hacia él.

El dóberman no obedece, no escucha a nadie, ni ve el peligro inminente.

Los faros del coche alumbran la carretera, pero no tendrá tiempo de ver al perro de pelaje oscuro que va a aparecer de la nada. No tendrá tiempo de frenar con lo rápido que conduce.

Voy a verlo morir.

No lo he enseñado bien.

Su sangre manchará mis manos.

—¡Lauren! —bramo cuando veo sus intenciones.

Todo pasa muy deprisa y los ladridos de Kobra me taladran hasta mucho después.

El cuerpo de Dante no se ha llevado el golpe contra el coche. No, porque Lauren lo ha cubierto con el suyo en el momento del impacto. El conductor frena, pero es demasiado tarde, el golpe la ha lanzado un par de metros más allá y la carretera bajo su cuerpo está manchada de sangre.

—¡No! No, no, no, por favor. —No reconozco mi voz, ni el pánico desbordante que me sacude las entrañas. Me agacho a su lado—. Lauren, ¡Lauren!

Dante sale de entre sus brazos y ladra intranquilo, pero ella no responde.

No responde.

«Te querría mucho más si te cortaras el pelo y lo donaras».

«¿Eres feliz, Keira?»

—¿Me estás dando plantón? Guau —echa la cabeza hacia atrás—. Así que esto es lo que se siente cuando te rechazan. Pues no me ha gustado nada la experiencia, le doy una estrella.

—¿C-cómo?

—Que quiero ser tu amiga de verdad.

—Antes de que vinieras tú y me vieras, estaba bien. ¡Antes de que te fijaras en mí nadie oía mi voz! ¡Ni siquiera yo!

—No me llames Keira.

—Es tu nombre.

—¿Qué es?

—Un kit de supervivencia de competición. Tiene unas galletas de vainilla, unos calcetines calentitos por si los que llevabas se te caen en la ducha y no quieres pillar hongos asquerosos, un par de pastillas para el mareo del viaje, y un diminuto cuaderno de pintar mandalas».

«Es que es una estrecha, seguro que ya estaba aburrido de ella».

—Mi campeona. Mi ganadora.

—Te quiero dentro de mí.

—Cásate conmigo.

—Vale, entonces, no te daré una respuesta hasta que nos veamos.

—Eso, no me la des.

—¿Sant Delphi?

—¿Sí?

—Yo también te quiero.

Koven Alasdair

Salgo del coche y corro hasta la entrada del hospital oyendo el mensaje de voz de Sant Delphi en bucle. La mujer con la que acaba de casarse ha tenido un accidente.

Su hermana viene de camino y no sé… no sé qué cojones voy a poder hacer yo, pero es a mí a quien ha llamado. Joder, no me lo puedo creer.

«—¿Qué quieres decir? —chilla Irith, a quien llamo mientras conduzco.

—Estaban en el parque. Dante ha salido corriendo directo a la carretera, Lauren se ha tirado a cogerlo con tal de salvarle la vida y el coche la ha embestido. Alek dice que no ha despertado en la ambulancia. Pinta mal, Irith».

Lo encuentro en la sala de espera, con la cara mojada de las lágrimas y la sudadera llena de sangre. Una sangre que no es suya.

El tío más estoico, inexpresivo y fuerte que conozco me abraza tan fuerte cuando me ve que entiendo lo que no dice.

No jodas. Espera…. Dios, dime que no.

—Tío, háblame —suplico—. Dime algo. Lo que sea.

Keira no puede estar muerta.

No puede haber tenido tan mala suerte.

Irith llega mientras las palabras salen atropelladas de la garganta de Alek. «Hemorragia», «inflamación por impacto», «traumatismo craneoencefálico»…

El fuerte golpe propinado por el coche le ha hecho perder el conocimiento de inmediato. Ha perdido bastante sangre. Le están haciendo pruebas.

Dos palabras: estamos jodidos.

—¿Qué dicen los médicos? —pregunta Irith cuando nos sentamos a esperar en la sala más cercana.

—Dicen que tenemos que tener paciencia. Puede estar así días —dice Alek, empalideciendo un poco más mientras se aferra al anillo que tiene entre los dedos—. Pero que cuanto más tiempo pase inconsciente, peor será cuando despierte. Si es que lo hace.

Dante y Kobra están entre sus pies, bajo el asiento. Ambos inmóviles, conscientes de lo mal que van las cosas.

—Iré a por cafés. Nos ayudará a estar despiertos —dice Irith positiva, antes de marcharse.

Le pongo una mano en la espalda a mi amigo sintiéndome jodidamente inútil.

—He llamado a sus padres.

—¿Qué te han dicho?

—No me lo han cogido. Por las redes sociales de la hermana he visto que se han ido de viaje.

—Endurece la mandíbula, furioso—. Lauren no me dijo nada de que su familia no iba a estar en Indiana.

No me lo dijo, porque entonces habría tenido que decirme que les había dado el dinero del premio que ganó en Las Vegas y sabía que me cabrearía entender por qué lo había hecho.

Para no enfrentarse a ellos, no cabrearlos y evitar que la siguieran otra vez, la grabaran, perjudicaran a Darcy, descubrieran lo nuestro…

—Se frotan las sienes emocionalmente agotado.

—Ya tendrás tiempo de echárselo en cara. Os espera una larga vida juntos.

Despacio, gira el rostro hacia mí. Me mira con los ojos rojos. No tardo en darme cuenta de la gilipollez que acabo de decir. Ninguno de los dos tiene ni puta idea de lo que va a pasar.

Irith llega con los cafés al tiempo que una enfermera.

—Disculpe, señor. Por normativa del hospital debo reiterarle lo que ya le he dicho. Tiene que llevarse a los perros de aquí. Por motivos higiénico-sanitarios no pueden estar en el hospital —dice con cara de compromiso y lástima—. Siento decirle que si no lo hace, tendré que llamar a seguridad.

—Yo me los llevo —dice Irith poniéndose en pie—. Los llevaré a tu casa, les dejaré agua y comida, y volveré.

—Llévate mi coche —le ofrezco las llaves conociendo su costumbre de usar el transporte público.

Sant Delphi asiente y la enfermera se marcha aliviada.