Capítulo 7 4
Es una suerte que nadie se sorprenda de que llore. Las ganadoras lloran, a veces. Nadie tiene por qué saber la razón por la que esta en concreto, se deshace en lágrimas poco después de cruzar la línea de meta.
He ganado por ti. Alek. Eres la fuente de luz que guía mis pasos.
«También te lo arrebatarán», dice una voz terrorífica en mi cabeza. «Estuvieron a punto de lograrlo con el atletismo. Y esta vez North Star no estará para salvaros». Lloro más. Las emociones se mezclan unas con otras y no soy capaz de controlarlas.
Los presentadores me dan la enhorabuena y algunas de las chicas con las que competía también, pero cuando mi tío se acerca a mí, dice:
—Deja de llorar así, estás dando el espectáculo.
Al ver que no lo hago, me pone en pie tirando de mí con una sonrisa prieta impresa en su cara y me lleva a los vestuarios.
—Todo sería más fácil si dejaras de ser tan peleona —dice poniéndome una mano en la cintura para que avance.
Me aparto de él en cuanto puedo.
—Estoy bien.
—¿A qué ha venido semejante llorera? —Me coge del brazo acercándome a sí—. ¿Es por lo del dinero que me has contado antes? Pfff, madre mía, Keira. Hay que ser rata. —Sacude la cabeza alzándome la barbilla—. Anda cámbiate, nos vamos.
—North Star nos envió una carta diciendo…
—La puta rueda de prensa. Ya. —Estrecha la mirada—. Imagino que también querrás quedarte a la fiesta de esta noche, ¿no? —se cruza de brazos—. Qué bien finges, casi me he creído que estabas triste.
—No tengo opción —sorbo por la nariz—, es el contrato…
—Pues yo no voy a quedarme aquí hasta mañana y volver con una panda de resacosos. Si te quedas, ya te espabilas tú para volver.
No me da mucho tiempo para pensármelo. Enseguida recoge sus cosas de la taquilla y se va del vestuario, del estadio y de todas partes. Pero su atenta mirada recriminatoria se queda clavada en mí, haciéndome sentir culpable.
Alek debía estar esperando fuera porque no tarda nada en entrar en el pequeño vestuario y echar el cerrojo al cerrar tras de sí.
—¿Qué ha pasado?
No hay nada equiparable a la sensación de sus brazos rodeándome, sosteniéndome, haciéndome sentir a salvo, protegida. Por el momento, no soy capaz de hablar nada.
Por lo visto Sant Delphi había alquilado una habitación en un hotel cercano. Y no una cualquiera, una suite increíble, elegante y grandota, digna de una pareja adinerada. Ahí es donde me lleva.
Le digo que lo mejor sería ir por separado, pero le da igual. Sé que el hecho de que lo tenga cogido de la mano está influyendo mucho en que no pida un taxi, vaya al aeropuerto y le dé una paliza a mi tío, así que mantengo la boca cerrada y no tenso más la cuerda.
Me deja en el borde de la cama y se arrodilla delante de mí. Es el hombre más guapo que he visto nunca.
—¿Estás enfadado? —le acaricio la cara.
Él, que tiene las suyas en mis piernas, acunándolas, gira la cara y me planta un beso en la palma.
—Furioso —dice en tono gutural.
El único que le ha salido hasta el momento.
—¿Crees que estoy siendo una rata?
—¿Qué? Joder, no, Lauren. Se fueron de viaje sin ti, gastándose tus recursos. Se negaron a pagar las inscripciones a tus carreras y no pudiste hacerlo tú misma porque te dejaron sin nada. Estoy tan cabreado que no tengo palabras.
—Vale… porque a veces dudo… Me siento culpable cuando se enfadan y no sé si estoy en lo correcto.
—Sí lo sabes, por eso lloras.
Me aferro a él como el saco de lágrimas y mocos que soy. Una vez más, no entiendo por qué querría ser mi novio. Encuentro sus labios y le beso con la intensidad con la que sus acciones me están arrollando viva.