Sprint en tu dirección (North Star 8) Capítulo 7 2
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Capítulo 7 2

Mi tío ya está en el coche esperándome para ir al aeropuerto. Antes de salir de la habitación me despeino un poco para dar el pego y le admito a mi reflejo que pese a todo, no me siento bien mintiendo con tanto descaro.

—Estás súper triste, ¿vale? —susurro a mi reflejo—, desolada. Destrozada. Ea.

Quiero beber un poco de agua antes de marcharnos, así que camino hasta la cocina y…

—Mamá, ¿el dinero que gane Keira en esta carrera, podemos usarlo para ir a Taiwán?

—Claro, cielo, pero dijiste que querías ir a Irlanda.

—He cambiado de opinión.

Entro en la cocina y ambas se quedan calladas.

—¡Me voy a trabajar! —dice Saorise a gritos, con una sonrisa divertida en la cara antes de cruzar las puertas hacia el salón.

—Me dijiste que no quedaba nada.

—Claro, hija, si te fijas tu hermana ha dicho lo que ganes en esta carrera —carraspea llevando su taza de café al lavamanos—. ¿No te está esperando tu tío fuera? Anda, no le hagas esperar.

—Me dijiste que no quedaba nada del dinero que había ganado compitiendo, que todo se perdió en las facturas médicas de papá y de la abuela.

—Resultó que el seguro médico cubría más de lo que pensábamos en un principio. Qué cosas, ¿eh?

Dejo que el silencio asiente la verdad detrás de las palabras que acaba de pronunciar.

—Os habéis gastado el dinero de mi carrera en vacaciones a las que a mí nunca me habéis llevado. Si no fuera por el patrocinio de North Star, habría dejado de correr para siempre porque “no había dinero”.

Mi madre da un golpe en la encimera y me sobresalta.

—¡El dinero que ganabas no era tuyo! Tus padres te mantienen, tus padres se quedan con el dinero.

Punto ¿Crees que es fácil lidiar con una hija que solo habla de atletismo?

Eres una persona muy difícil de aguantar, Keira, muy sensible y a la que no se le puede decir nada, tómatelo como un pago por los sacrificios que hemos hecho por ti, al criarte.

—No me parece bien —musito, mi voz casi inaudible.

Mi madre se cruza de brazos y me mira con reproche.

—Pues es muy egoísta por tu parte.

Me baña la culpa, pero no me achanto.

—Necesito el dinero para competir. Y lo he ganado yo.

—Y tu padre y yo hemos ganado el que sirve para ponerte un plato de comida en la mesa.

El que paga las facturas del agua con la que te duchas —resopla ofendida—.

¿Quieres tener esta conversación ahora? ¿Quieres dejar las cosas claras de una vez?

Bien. Siempre te ha gustado sobresalir. Ser mejor que todos y mirarnos por encima del hombro.

—Mamá, ¿qué…? —retrocedo y oigo el claxon sonando desde el jardín.

—No estudiabas ni la mitad que tu hermana y sacabas mucha mejor nota que ella. Saorise se pasaba entrenando horas y horas en el jardín, pero la que ganaba carreras eras tú. ¿Sabes lo difícil que es criarse con una madre como tú?

—¿Ma-madre? —repito.

—Has sido siempre una mala hermana para Saorise, llamándola mediocre con cada paso que dabas. Obligándola a vivir a tu sombra. ¡Keira la medallista! Keira la especial.

—Yo no soy especial.

—No me vengas con esta actitud de mosquita muerta, que te conozco mejor que nadie.

¡Sí, me he gastado todo tu dinero! ¿Qué vas a hacer al respecto?

Fíjate lo que te digo, niña, eres mayor de edad y puedo largarte de esta casa cuando me dé la gana.

Yo que tú empezaría a cerrar la boquita más a menudo.

—Se va de la cocina como un vendaval y yo me quedo ahí temblando, segura de que el único que puede sacarme de aquí es Alek.

Me equivocaba.

Mi tío llega hecho una furia y me arrastra hasta su coche, cabreado. Resulta que alguien más podía hacerlo.