Sprint en tu dirección (North Star 8) Capítulo 7 0
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Capítulo 7 0

La cuenta atrás para Las Vegas ha empezado.

A estas alturas de curso, mi día se centra en dar el máximo rendimiento en los entrenamientos, aceptar las propuestas de mejora que proponen los científicos que me están estudiando el cerebro, no ser un completo estorbo en el laboratorio, tomar batidos con Darcy,

no abrir la boca en casa para no liarla…

—No me cuelgues —dice su voz profunda mientras cruzo el jardín de casa, caminando directa hacia la puerta de entrada.

—¿Porque eso entorpecería tus quehaceres sobre acosarme?

—No bromees con eso. Soy un stalker muy serio.

—Qué va, ni siquiera tienes pasamontañas.

—¿Te van esas cosas?

Me muerdo el labio inferior. Nunca lo había pensado. Quizá sí.

Que Sant Delphi quiera que no le cuelgue el teléfono porque sabe que, por mal que suene, estar en mi propia casa me hace sentir incómoda y tensa, me curva los deditos de los pies.

Estoy totalmente a merced de este hombre.

—Hola, hermanita —Saorise me planta un sonoro beso en la frente en cuanto me intercepta en la entrada—. ¿Vienes al salón?

—C-claro. Aunque tengo que irme porque he quedado con Darcy, además luego tengo que entrenar en el parque y…

—Mamá se enfadará si no vienes —dice empujándome por los hombros.

Aprieto el móvil en el bolsillo de mi sudadera.

Al entrar al salón, James, Arnau, mis padres… todos me miran a mí con una mezcla de recriminación y expectativa.

—Ven aquí, Keira —pide mamá, con su tono de decepción.

El siguiente en hablar es mi entrenador.

—Vas a buscar la manera de dejar ese proyecto, Keira —Arnau ni siquiera me mira cuando pone todas esas fotos en la mesita del café. Lo hace con desprecio, como si le repugnara lo que se refleja en ellas.

Dios mío.

Sant Delphi y yo. En su coche. En la pista de atletismo de North Star.

Abrazándonos. Besándonos. Mierda, no. Mierda.

Cogiéndonos de la mano cuando creíamos que nadie nos veía.

También hay otra de Alek apoyado contra el capó de su coche en el aparcamiento de la universidad.

Yo estoy mirándolo como si fuera todo mi mundo.

Ese que ahora mismo se sacude con violencia bajo mis pies.

—Nos has mentido. A nosotros, tu familia. Te acuestas con él como una vulgar zorra.

—Arnau, estás hablando de mi hija. Contente —le dice mi padre y luego por lo bajo añade—: aunque tengas razón.

—¿Qué crees que dirían del profesor de North Star si supieran que está saliendo con una alumna? —pregunta la voz alegre de Saorise.

—Ella no es mi alumna. Nunca estudió en North Star —dice una voz a mi espalda.

Me doy la vuelta y lo veo a través de las lágrimas. Alek.

—¿Quién te ha dado permiso para entrar aquí? —pregunta James—. Ni que fuera tu casa.

—Vámonos, Lauren —me coge de la muñeca y mi madre grita por encima de los berridos de mi padre.

—¡Podemos hundirle la carrera si queremos, Sant Delphi! ¡Más le vale bajar esos humos!

—¡Es usted una vergüenza para los científicos! —exclama mi padre.

—No sé qué le ves, yo soy mucho más guapa —dice Saorise.

Lo saben.

Lo saben y esto que tanto anhelo, mi paraíso hecho ser humano… lo voy a perder.

Peor: lo van a romper, a destrozar. No soportaría que le hicieran daño. No, y por eso digo lo que digo en cuanto estamos los dos en su coche.

—Tenemos que romper.

—Voy a fingir que no has dicho eso —gira la rotonda y pisa el acelerador, como si alejarnos de esa casa solucionara algo.

—Lo saben. No hay nada que hacer. No puedo dejar que te destrocen la vida.

—Tú eres la única que puede destrozármela, Lauren. No finjas que no lo sabes.

—¡Alek, para el coche! —chillo con el corazón agrietado.

Él lo hace y salgo del coche.

—Espera.

No espero. Acelero. No corro porque no puedo respirar bien.

Voy a tener que alejarme de él. Es como renunciar a todo cuanto he tenido, pero a la vez. No poco a poco, como me ocurrió de pequeña. Este no será un cambio gradual, será brusco, como un accidente.

Por inercia, camino en dirección al parque, pero no llego a ninguna parte.

Me topo con sus pectorales kilométricos, con su olor a sándalo y cuero mezclado con cedro. Entonces sollozo sin control y desconsoladamente.

—No vuelvas a decir eso. Por favor, nunca vuelvas a decir eso.