Capítulo 6 8
Falta poco para que compita en Las Vegas. Tengo muchas ganas, pero también estoy nerviosa. Será la última competición que correré para North Star antes de los Nacionales, unas generosas semanas después.
Necesito distraerme, así que quedo con Darcy. Me ha enviado unos mensajes muy crípticos y raros, pidiéndome que fuera vestida como de costumbre y que no me atreviera a comprar bebidas.
No entiendo nada, pero cuando la encuentro, va vestida de deporte de pies a cabeza. Sigue siendo una Bratz, pero ahora es una Bratz deportista.
—Hola —me acerco a saludarla y ella me coge una mano con ambas suyas.
—Hoy quiero que me enseñes lo que es ser tú por un día.
—¿Qué?
—Quiero que entrenes conmigo. Quiero sentir parte del dolor que tú sientes. Pese a ser amigas, no creo que mi empatía pueda llegar tan lejos como para saber el desgaste corporal que supone ser tú.
—¿El desgaste…? —murmuro—. ¿Qué p…?
—Si vas a ser olímpica, tengo que estar a tu altura.
—Eso es mucho decir, ni siquiera se han celebrado los Nacionales.
—¿Lo harás? ¿Lo harás por el bien de nuestra amistad?
Madre mía, ¿debería traerle un espejo? ¿Acaso alguien le ha negado algo a esos ojazos alguna vez? Yo desde luego no.
—¿Cómo podría negarme? —Sonrío.
Treinta minutos después estoy convencida de que voy a quedarme sin amiga. Si no es porque me retira la palabra, será porque se muera.
Aún no hemos llegado al parque, pero Darcy cada vez arrastra más los pies.
—Podemos parar, si quieres.
—¡Ni muerta! —se agarra el costado—. Algo que seguro que va a pasar pronto. ¿Cómo lidias con el flato? ¿Y la falta de aire? ¿Y las ganas de potar? Dios mío, estoy re-degustando todos los matchas de mis vidas pasadas.
Cinco minutos después…
—¿Cómo haces esto a diario?
En realidad «esto» no lo hago desde los tres años. Estamos calentando tan despacio, que me estoy enfriando.
—Ya sabes, práctica.
—Práctica —me imita con retintín—. Lo siento, el sufrimiento excesivo me vuelve insoportable.
Se me escapa una carcajada y ella me lanza una mirada de «sí, sí, ríete, pero te acecharé como fantasma».
Un minuto más tarde…
—Todo el mundo diciendo que tu cuerpo es un templo, ¡pero qué va! —se ahoga—. El mío es una señora iglesia —se ahoga más—, aquí solo entra vino, pan, ¡y pecado! Es inútil luchar contra lo que es uno.
Deja de correr y me resulta más difícil no romper a reír con las caras que pone que tengo que morderme el interior de la mejilla con fuerza. Creo que esta chica es la persona más divertida del mundo entero.
Mientras ella se tira al césped al lado de la acera, yo saco el teléfono para ver quién me ha enviado un mensaje.
♥︎Sant Delphi♥︎
Alek Sant Delphi
¿Me dejas hacerte la cena?
Lauren
Oh…
No hace falta que… tú ya…
(Escribiendo)
(Escribiendo)
(Escribiendo)
Pero ya me has cocinado otras veces
Alek Sant Delphi
¿Y te gustó?
Lauren
Más que cualquier cosa que me haya llevado jamás a la boca
Perdón. Eso no es del todo cierto.
Va justo detrás de ti.
Alek Sant Delphi
Joder…
Lauren
Estoy con Darcy, pero luego me gustaría saber tus opiniones sobre el sexo telefónico.
—¿Por qué estás tan roja? —dice mi amiga, moribunda—. ¿Estás hablando con él? ¡Déjame ver!
De repente me muero aún más de la vergüenza, sobre todo por lo que acabo de escribir. Lo bueno es que solo tengo que alejarme un par de pasos. Darcy sigue tirada en el césped y necesitará unos minutos más para hacer algo tan loco como trotar.
Alek Sant Delphi
En mi casa a las ocho?
Lauren
¿Tengo que ponerme algo especial?
Alek Sant Delphi
Tú solo ven.
Su agonía por tenerme cerca casi parece existir fuera de mi imaginación.
¿Qué me está haciendo, doctor Sant Delphi?