Sprint en tu dirección (North Star 8) Capítulo 6 6
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Capítulo 6 6

Sant Delphi me ha suplicado que me salte el entreno de la mañana, porque ayer estuvimos juntos hasta tarde y según dice me merezco un descanso.

Parecía una gran idea, pero termina no siéndolo tanto. No es culpa suya, él no podía saberlo.

Me duele el estómago desde que me levanto y encuentro a mi tío en el salón poniéndome verde. Está enfadado por lo de ayer, y trato de que nadie se dé cuenta de lo mucho que atesoro lo que viví en Detroit.

—¿Dónde estuviste anoche? —pregunta mi padre, dejando el café en la mesa y mirándome con pura ira.

—¿Te ha dejado embarazada? —pregunta James con una risita bajo la nariz.

—Sí, claro. Como que se la follaría a ella —dice Saorise entre risas—. Ese tío es gay, fijo.

—Tomarás la píldora, no nos avergonzarás delante de todo el vecindario —dice mi padre.

—No me acuesto con Alek Sant Delphi.

Sé que mentir está mal, pero no me siento nada mal cuando lo hago.

Al revés.

—¿Y por qué llegaste a casa a la una y media de la noche? ¿Qué estuviste haciendo, Keira? —Arnau se acerca y me zarandea.

Lo que más me asusta es saber que estuvo esperándome despierto. Sé que su cabreo es porque lo desobedecí, quizá por primera vez en toda mi vida. Mi madre interviene con un indiferente:

—Vamos a calmarnos un segundo. Alguna explicación tendrá.

—Fuimos a North Star, su equipo seguía allí y estuvimos trabajando en todos los avances que llevamos a cabo en el trayecto de vuelta. Teníamos mucho por hacer. Ganar la carrera ha supuesto un gran…

—¿Por qué seguimos hablando de esto? —interviene Saorise irritada—. Tengo que irme a trabajar en veinte minutos y no me apetece que me pongan la cabeza como un bombo con el deporte más aburrido de la historia.

Respondo a mi hermana, pero no me oye.

—¿Qué has dicho, Keira? —pregunta mamá.

—Le he pedido a Saorise que no me interrumpa. Estaba hablando yo.

Me duele el estómago cuando todos me saltan a la yugular. Mi padre me dice que aparque esa “actitud chulita”. Mi madre se pone de parte de Saorise, diciendo que estoy siendo maleducada y mi tío aprovecha para cabrear más a mi padre repitiendo que lo dejé tirado en Michigan. Quizá sí lo hice.

El dolor se acentúa cuando intento abrir la boca, y ellos alzan la voz para no escucharme.

—A pesar de que sea una especie de jefe para ti, podías haberte negado a ir con él —interviene James cuando interpreta que no fui yo la que tomó la iniciativa—. A veces no entiendo cómo formas parte de esta familia, no te pareces en nada a tus padres.

—Ya, yo le he preguntado a mi madre muchas veces si es adoptada porque es lo que más sentido tendría —le dice Saorise.

—Venga, fin de la discusión mañanera —dice mamá—. Todos en pie, que hay que ir a trabajar.

Nadie rechista.

Alek viene a buscarme y para entonces, ya no queda nadie en casa. Se me hace raro que ya no estén los de la obra. Se me hace aún más raro haber vivido “dormida” durante tantos años de mi vida.

Me obligo a reaccionar alegre a pesar de que me duele el estómago de la ansiedad. No porque quiera mentir a Alek, sino porque se está esforzando mucho en no decir lo coñazo que es tenerme de novia. Lo mínimo que puedo hacer es intentar no ser un estorbo.

—Buenos días.

—Hola. —Me regala su mejor sonrisa—. Buenos días.

Mi corazón se salta un latido. Y otro. Y otro más. Entonces oigo un ladrido.

Kobra. Y Dante. Están aquí.

Si Darcy saliera del maletero este coche tendría todo cuanto necesito para ser feliz el resto de mi vida.

—Hoy van a entrenar contigo.

—Como en los viejos tiempos —al principio de conocernos, cuando tuve que cuidar de Kobra, cuando pensaba que perro y dueño no me soportaban.

Qué equivocada estaba.

—¿Es mi cumpleaños? —pregunto con los ojos llorosos.

—Como si lo fuera.

Nos vamos a North Star. Mi entrenador no estará allí hasta dentro de un par de horas, porque sabe que primero debo trabajar en el laboratorio.

Sé que está mal decirlo, que Arnau es mi familia y que es un buen tío, pero me alegro de tener un rato de libertad. North Star se está convirtiendo en mi lugar seguro.

No me esperaba el recibimiento que Isabella, Damon y el resto del equipo me da cuando entro en el laboratorio. Han puesto la carrera como fondo de pantalla de todos los portátiles y monitores. En el podio, salgo con las mejillas coloradas a más no poder. #PorQuéSerá.

—Oh, qué… —me quedo sin palabras.

—¿Vergüenza? —propone Damon.

—¿Bonito? —sigue Isabella.

—¿Orgullo? —termina Sant Delphi y sé a ciencia cierta que me deja con cara de tonta. Él sonríe y solo cuando el silencio se alarga y consigue desviar la mirada de mí, carraspea y empezamos a trabajar—. Tenemos mucho que hacer. Todos a vuestros puestos.

Mi tío me pone mala cara cuando me ve y no entiendo por qué está así conmigo. No me parece que el viaje desde Michigan sea tan importante.

Los entrenos van bien, porque sigo sin bloquearme. ¿Tengo miedo de que de repente las técnicas nos fallen? Bueno, un poco. Pero tengo más miedo a perder a Alek Sant Delphi que a cualquier otra cosa.

Por si fuera poco, después, a mediodía, descubro que Darcy ha venido a verme.

Troto desde la pista hacia la entrada, entusiasmada por ver a mi buena amiga. Me la encuentro en el aparcamiento con una camiseta muy especial.

Una con mi cara. Es la misma foto del podio que está por todo el laboratorio, con la diferencia de que en esta, tengo un bocadillo de mensaje saliéndome de la boca que dice «orgullo de bestie».

Creo que ya puedo morir en paz.

Pasan los días…