Sprint en tu dirección (North Star 8) Capítulo 6 5
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Capítulo 6 5

Es el mejor día de mi vida. Nunca me había divertido tanto. ¡¡Resulta que soy buenísima en el air hockey!!

Nos hemos pasado un buen rato jugando a todo tipo de cosas y después hemos ido a merendar. No sé cómo, pero Sant Delphi ha encontrado el paraíso de la vainilla. Me he comido una crep que va a quedarse en mi memoria para los restos.

Lo cierto es que se nos hace de noche en el centro comercial y ahora que estamos en el coche, no quiero irme. Detroit es la mejor ciudad del mundo.

—¿Qué pretendes? —pregunta cuando pongo una mano en la ranura del contacto para que no pueda meter la llave.

Estamos ya dentro del coche, con las ventanillas subidas. ¿Fuera? Está nevando.

—¿Jugar un poco más?

—Han cerrado los recreativos.

Es cierto, es tarde. Le quito la llave de las manos y él me deja.

—Entonces podemos jugar nosotros dos, aquí dentro. —Llevo la mano a su entrepierna y le desabrocho el cinturón con maestría.

—Tengo mucho que agradecerte —digo liberándolo.

He querido sentirle dentro de mí, de cualquier forma, desde que hemos abandonado ese vestuario. Este hombre es una droga a la que soy adicta y de la que no quiero desengancharme.

—No tienes por qué —dice, pero yo ya estoy salivando con lo duro que está.

Saco la lengua y lamo desde la base hasta el glande mientras con la otra mano le doy caricias lentas y circulares. Su polla palpita en mi lengua y tengo unos deseos irrefrenables de sentirla en el fondo de mi garganta, así que lo hundo dentro de mí.

—Eres preciosa, joder —gruñe, murmura soniditos ininteligibles mientras se muere de placer—. Eres perfecta para mí.

Querría ser las dos cosas más que nada en el mundo.

Me cuesta algunos esfuerzos acostumbrarme a lo grande que la tiene. *Una vez más*. Hacen falta unos cuantos intentos y que se me salten las lágrimas, pero Alek es un hombre muy paciente y yo he practicado mucho con el cepillo como para tener arcadas ahora.

Es tan perfecto como la primera vez. Todos mis sentidos se centran en su sabor salado, su placer ardiente…

—Mi campeona. Mi ganadora.

Mi clítoris palpita dentro de mis bragas, y mi sexo saliva desesperado por roce y atención. ¿Pero después de esas palabras? Va a ser inevitable que me corra otra vez.

Sant Delphi gruñe cuando acelero el ritmo de mis lamidas. Antes de conocerlo, jamás había pensado que las mamadas pudieran ser tan sexys. Ni tan placenteras para quien las ofrece.

—Ven aquí —tira de mí antes de correrse y se deshace de mi ropa interior con irrisoria y odiosa maestría. Me sube en su regazo—. Si no quieres hacerlo otra vez sin condón, podemos frotarnos así —me lo enseña y casi me mata.

Se me arquea la espalda con los latigazos despiadados de placer intenso. Definitivamente podría correrme así. Pero hoy me siento ambiciosa.

—Te quiero dentro de mí. —Mezo las caderas contra él—. Abriéndote paso incluso cuando ya no cabes. —Le beso los labios con mucha lengua—. No te rindas hasta que llegues al fondo.

No puede decirse que tarde mucho en convencerlo.

Su larga y gruesa envergadura se abre paso a través de mí y nos perdemos el uno en el otro.