Capítulo 6 4
Sant Delphi
No creía que el momento que hemos compartido en el vestuario fuera superable. Pero joder, este le está echando un pulso.
—¿Cómo dices? —Arnau-Mr.Gilipollas estrecha la mirada.
—No voy a volver contigo en coche —la voz de Lauren suena débil, pero cuadra los hombros como un muro inamovible.
Debería tener cuidado o va a terminar causándome una erección.
—¿De qué va esto? —Arnau me mira a mí, desvía la mirada de uno a otro como si fuera un partido de tenis.
—Tengo que hablar del proyecto con él y su trabajo no le deja mucho tiempo libre.
Mi buena mentirosa.
Pienso premiarla por semejantes dotes de improvisación.
—¿Ganas una carrera y de repente vienes con esta actitud? —El caraculo tiene la poca vista de mirarla por encima del hombro—. La competición de hoy no borra tus anteriores fracasos. Además, tenemos que repasar lo que has hecho mal. No ha sido una carrera perfecta.
—Pues lo haremos mañana, en las horas de entreno.
Joder, estoy oficialmente empalmado.
Nadie puede enterarse de lo nuestro, esa ha sido su petición, pero me acerco un ridículo paso más, colocándome justo detrás de ella con tal de rozarla. Por cómo mueve el culo hacia mí con la misma discreción, creo que le gusta.
—Esto es increíble. No dejas de decepcionarme, Keira. —Arnau sacude la cabeza y se marcha.
Repito, el gilipollas se pira y Lauren sigue aquí conmigo.
—¿Crees que he hecho bien? —pregunta sin girarse en tono monocorde.
Miro por encima de mi hombro para asegurarme de que Arnau ya no está en el pasillo. Solo entonces la rodeo con los brazos y la pego contra mí.
—Sí, dios, sí. Estoy tan orgulloso de ti, Lauren —susurro en su oído.
—Ya quiero volver a ese vestuario.
Teniendo en cuenta que tres segundos después de que acabáramos de vestirnos, han entrado dos atletas a cambiarse, juraría que no es en absoluto una buena idea.
—Vamos, voy a sacarte de aquí.
—¿Ya volvemos a North Star? —pregunta con una mueca triste y adorable, como si le faltara un pelo para aferrarse a mí y pedirme que me quede donde estoy.
—No —respondo disfrutando de la chispa de luz que brilla en sus ojos azules al instante—. Primero tenemos que celebrarlo.
—¿Celebrarlo? ¿En qué sentido?
Nunca lo ha celebrado. No me lo ha dicho, pero es jodidamente evidente.
Creo que si me pusiera a gritar en un intento de sacar toda la furia que tengo dentro acabaría con el pelo rubio y de punta, y con una bola de energía saliéndome de las palmas de las manos.
—¿Alek?
—En todos los sentidos, mi querida extraña.
—¿Cómo se juega? —me pregunta cuando le pongo una pala de air hockey en la mano.
La música de los recreativos está muy alta así que dudo que oiga el gruñido que se me escapa. Me ha dicho que nunca había entrado en «uno de esos sitios» y no he podido evitar la tentación.
Me coloco detrás suyo, enjaulándola entre mis brazos.
—¿Ves la portería de enfrente?
—¿Llamas portería a esa mini-ranurita?
—Sí.
—Entonces sí, la veo.
Le planto un beso en el hombro, otro en el cuello y por poco pierdo el hilo.
—Pues ahí es donde tienes que meter el disco.
Me alejo de ella antes de montar un espectáculo y entonces ella dice:
—Espera, espera, no me ha quedado claro. Vuelve a explicármelo. —Me hace un gesto en plan «ven aquí», moviendo la barbilla hacia su espalda.
No voy a mentir, me arranca una buena carcajada.