Sprint en tu dirección (North Star 8) Capítulo 6 1
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Capítulo 6 1

Sant Delphi

Detroit, Michigan.

—Tío, ya sabes lo que opino sobre el acoso. No está bien. —La voz de Koven suena por los altavoces de mi coche, pero yo le presto más atención a la barrita energética con sabor a vainilla que a él.

Su presencia tiene un peso propio dentro de mí y aunque debería haberla tirado, creo que voy a dejar que se pudra antes de hacerlo.

—¿Tío?

—Ya estoy llegando al estadio, te cuelgo. —Y lo hago.

Últimamente estoy siendo un amigo de mierda, lo reconozco. También un jefe de mierda. «Eres estoico, calmado y sereno, Alek. Salvo cuando se trata de Keira». Sonrío.

—Va a resultar que Beckham es un viejo sabio.

El estadio está muy animado porque cuando entro, ya llevan un rato calentando, y al público siempre le gusta vitorear.

Este lugar, como todos los anteriores, huele a goma caliente, espray muscular y a café cutre, pero me voy acostumbrando.

Me he dado cuenta de que los estadios cada vez están más llenos de gente.

Los Nacionales de atletismo son en julio, faltan seis meses, pero se nota que muchos de los fans de este deporte ya están impacientes.

Ocupo un lugar remoto en las gradas y la busco. Es la última en salir del vestuario. Siempre lo es. Como si su cuerpo supiera que al otro lado de esas puertas el mundo se vuelve un tribunal que va a juzgarla con dureza.

Me sé de alguien que siempre será más injusto con ella.

La megafonía escupe nombres con el eco de una iglesia. Dorsal, carril, universidad.

193231, cinco, North Star

Está seria incluso cuando saluda al público. Las corredoras se colocan en posición y el público se levanta de sus asientos. Es la primera en llegar a su carril. Hoy hay algo diferente en ella, casi parece que sepa lo que va a pasar. No has tirado la toalla. No lo has hecho. ¿Entonces…?

Clava la vista en la grada y hace un barrido mientras sus compañeras la rodean en los carriles colindantes. Pero no va a encontrar a nadie de su familia, porque a ellos esto “les aburre”. Nunca he tenido tanta ira contenida. «Contenida mis cojones», dice Koven en mi cabeza.

Suena el pistoletazo de salida y empieza la acción.

Ocho carriles, ocho universidades, ocho posibilidades.

El estadio se queda mudo y yo solo la veo a ella.

Es más rápida que nunca. No me hace falta cronometrarla para saber que ha sido la mejor salida que ha hecho en años.

Así de evidente resulta. Devora los primeros treinta metros con zancadas duras, brazos como pistones y la cabeza inmóvil.

Da la impresión de que vuela. Domina la carrera llegados los cincuenta. Los sesenta. Joder. Joder.

Ochenta.

No frena.

No duda.

Noventa.

Acelera con rabia y como si tuviera fuego bajo la piel. Es explosiva. Y gana la carrera.

El público enloquece y algo estalla dentro de mí. Algo más que orgullo.

Despacha rápido al resto de corredoras cuando se acercan a darle la enhorabuena. Saluda al público como si necesitara quitárselo de encima cuanto antes. Entonces Lauren se encoge hacia delante llevándose la mano al estómago.

Le hace gestos a Arnau para hacerle entender que se encuentra mal y el gilipollas no mueve ni un músculo. Incluso los comentaristas que todavía están celebrando su victoria le prestan más atención que él.

Bajo las gradas a toda prisa.

—Lauren. —Entro en el vestuario ahogándome en todos los escenarios posibles. Que haya perdido el conocimiento del dolor, que necesite ayuda y esté sola, que sea algo muy grave…—. ¿Lauren? —La encuentro sentada en el banco central—. ¿Qué te duele? ¿Es el estómago? ¿Te encuentras muy mal?

—¿Yo? —se señala a sí misma alzando las cejas.

Todavía está jadeante.

—¿Lo has fingido?

—Sí, ¿y qué? Tú has estado viniendo a verme y has hecho ver como que no. Los dos encubrimos la verdad a espaldas del otro.